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Un sueño dentro de un sueño

Viernes, 5 de octubre de 2007

A DREAM INTO A DREAM (Un sueño dentro de un sueño)
Caminaba por la calle acompañado por mi prima, miles de bebés estaban con nosotros. Mi prima llevaba un bebé que era una niña, cuando la niña abre la boca tenía todos los dientes, tenía hasta muelas. Estoy después en una especie de barco, le pido al camarero ron con miel y me lo bebo de un trago. En la televisión nos van avisando de unas pruebas que tenemos que hacer los estudiantes de letras pero primero es el turno de los de ciencias y yo mientras bebo espero mi turno. Mi amigo el cata traía coca camuflada en una goma de borrar, la goma de borrara estaba hecha de coca. Era el día de reyes y mis padres me regalaban un libro sobre una torre medieval. Camino por la ciudad lleno de calor y de repente una ola me cubre y quita todo el calor de mi cuerpo, la ola que me salpica venía de una cala por la que paseaba. Me mandan por correo pastillas de droga junto a unas pastillas más pequeñas para contrarrestar el efecto de las pastillas grandes. El testigo de Jehová me espiaba con unos prismáticos, era un chico rubio y homosexual que quería rollo conmigo y que me enseña unos dibujos muy desagradables que había hecho sobre Dios. Para acceder a la universidad de música tenía que caminar por un subterráneo y me encuentro con una discoteca excavada en una galería allí me enamoro de una cincuentona rubia a la que quiero ver luego pero mi familia me lo impide porque piensan que esa mujer es muy mayor para mí. Cuando la vuelvo a encontrar está enrollada con un chico de doce años y me dice tú no pintas nada aquí. Retrocedo sobre mis pasos y me encuentro con una cocinera andaluza muy simpática que me da de comer una langosta que tiene siete mil años. Me dice que la langosta no ha evolucionado desde el pleistoceno. Manolo y yo vamos caminando por ese subterráneo que deriva en unas vías del tren que seguimos hasta Munich, con nosotros vienen miles de personas caminando por el subterráneo, parecía el fin del mundo. Cuando salgo estoy solo en Madrid y tengo pelo y salgo a ligar con las chicas. Hasta que me encuentro en una playa con Rosario Flores y la digo “Esa gitana guapa” y ella me dice “sois los españoles peor que los nigerianos” Vuelvo a Madrid pero en sus calles hay manifas de inmigrantes, mucho follón. Pero aún así no quiero volver. Es entonces cuando encuentro un monasterio de monjas que tiene en su interior un montón de cuadros de llaves de paso, yo vigilaba esas llaves de paso. Era mi trabajo. Antes había estado comentándole a mi madre la cantidad de coches de los años setenta que había en las calles y era verdad: todos los coches eran de los años setenta y además su pintura empezaba a descascarillarse por efecto del sol. La gente conducía mal esos coches y provocaba accidentes, yo lo veía todo desde el monasterio donde había encontrado una colección fantástica de cartas de colores que me gustaban mucho, me gustaban infantilmente.

PROSA POÉTICA

Viernes, 5 de octubre de 2007

Formas que se alejan, la quietud en la nada, el espíritu tiene un fin, frágiles sonidos, brillo del milagro y caída en el ojo del mundo. Esplendor en el caos. Las sombras lo cubren todo, es el nacimiento de un mundo. Más allá brilla la llama solar. Tengo a la noche conmigo como compañera, soy el rostro doble que cambia de rostro. Rostro de rostros. Visito los perfiles del cosmos, soy un viajero interestelar. He llegado hasta lo imposible. Lo imposible, llega. Una aparición en forma de dama japonesa, me visita mi karma. El samuray, el sacerdote y el poeta comen higos debajo del tamarindo. Los enanos crecen. Los perros lobo siguen el rastro del genio loco. Rastro genial. Polvo del cosmos. Formas que se alejan, la quietud en la nada, el espíritu tiene un fin, frágiles sonidos, brillo del milagro y caída en el ojo del mundo. Esplendor en el caos. Rostro de rostros. Rastro genial. Lo imposible, llega. Ha llegado a su casa el afilador, el afilador. Guardo el sabor del cloro de la piscina, sabor del cloro de la piscina. Veranos de cloro. Cuerpos que encogen. Muñecas que saben nadar. Naves antorcha. Montañas de cartón, ríos de celofán, Belem viviente. El reloj camina con sus pies de tiempo.

EL SEÑOR LIMÓN ESPELEÓLOGO

Viernes, 5 de octubre de 2007

EL INCREIBLE VIAJE DEL SEÑOR LIMÓN PRESENTA

PERDIDOS EN LAS CUEVAS

 

Es agosto, hace mucho calor y el señor limón se ha ido de espeleología con su amigo el señor plátano y su novia la señorita mandarina.

Todos llevan cascos con una luz encendida, están atados a una cuerda sujetos los unos a los otros y llevan pesadas mochilas a la espalda.

SEÑOR LIMON

Vaya idea más buena la tuya de venirnos a las cuevas de excursión no se ve nada y creo que me acaba de picar un murciélago.

SEÑOR PLATANO

Te recuerdo que fue idea de todos y los murciélagos no pican, muerden.

SEÑORITA MANDARINA

Pues a mí acaba de morderme uno en todo el culo.

SEÑOR PLATANO

He sido yo, perdona…Aprovechando la oscuridad…no he podido evitarlo.

SEÑOR LIMON (Tirando de la cuerda)

Como te coja te voy a ahogar con mis propias manos, mal amigo.

SEÑORITA MANDARINA (Comprensiva)

Déjale, es un enfermo.

De repente una bandada de murciélagos cubre de negro toda la cueva, los cascos se apagan y ahora la oscuridad es total. Sólo se ven en la oscuridad el brillo de los ojos de nuestros tres amigos, se escucha el batir de alas de los murciélagos y sus chillidos.

SEÑOR LIMON

Lo que nos faltaba, qué más nos puede pasar ya.

 

SEÑORITA MANDARINA

¡QUÉ MIEDO, QUÉ DEPRESIÓN, QUÉ TRISTEZA!!

SEÑOR PLÁTANO

No os preocupéis, he traído en mi mochila el mejor quitapenas. Un orujo muy bueno que hace de yerbas mi tía Isidora y que os va a encantar.

 

El señor plátano rebusca en su mochila en la oscuridad y saca una botella que se la pasa al señor limón.

 

SEÑOR LIMÓN  

Trae para acá, veamos a qué sabe esto…

Se escucha un glu,glu,glu y luego…

PUAG esto es una porquería que me abrasa la garganta, que me muero, que ardor tan descomunal…

SEÑOR PLATANO (Cogiendo la botella y oliéndola)

Me cachis en diez….me he equivocado y he cogido el alcohol del botiquín sin querer…

SEÑOR LIMON

Cafre, que me muero (Tose)

SEÑORITA MANDARINA

Mirad ya funcionan los cascos.

Efectivamente las luces de los cascos ya se han encendido y se ve tirada en unas rocas la botella de alcohol de 96 grados…

SEÑOR LIMON  

Rápido, busquemos la salida, no aguanto ni un minuto más aquí.

 

SEÑOR PLATANO 

¿Alguien se acuerda de donde puse el mapa?

SEÑORITA MANDARINA

Creo que lo dejaste en el bolsillo interior de tu mochila…

SEÑOR PLATANO

Voy a ver…Ay, Dios…

El señor plátano abre el bolsillo pero sólo saca de dentro una servilleta de papel…

Me temo que confundí el mapa con una servilleta de papel y me limpie el culo con él hace unas horas…

SEÑOR LIMÓN

¡Qué! ¡Que te has limpiado el culo con el mapa! ¿Cómo demonios vamos a salir de aquí? (El señor limón tira de la cuerda) Yo te ahogo cretino…primero le muerdes el culo a mi novia y ahora pierdes el puto mapa de los cojones…Te mato, cabrón.

SEÑORITA MANDARINA

Un momento. Confiada en mi memoria visual, sólo tengo que cerrar un momento los ojos y hacer memoria.

La señorita mandarina cierra los ojos.

Mmmmmmm, Mmmmmm…

La señorita mandarina abre los ojos y dice en alto.

YA LO TENGO Y NO CREAIS QUE NO SÉ QUIÉN ERA EL QUE ME METÍA MANO MIENTRAS TENÍA LOS OJOS CERRADOS

El señor limón empieza a tirar de la cuerda estrangulando al señor plátano.

SEÑOR LIMON(Al señor plátano)

Sátiro inmenso, espera a que salgamos de aquí, desgraciado, mal amigo…

 

 

Genius

Lunes, 1 de octubre de 2007

GENIUS
 Felizmente había conseguido desaparecer, me había vuelto invisible para todos siendo un número más de identidad en una ciudad atemorizada y fantasmagórica. Desde hacía años La Mente absorbía la fuerza y la vida de las gentes de Madrid 5 en cuyos cubículos de habitabilidad me había insertado. Aquella fuerza que vino del espacio exterior o del más allá se dedicaba a actuar impunemente sobre los individuos de la civilización, su efecto era demoledor. Los afectados vagaban por la ciudad convertidos en unos mendigos sin ilusiones ni recuerdos que pordioseaban un trozo de pan, una copa de vino. Seres sin vida salidos de una pesadilla. La ciudad de más de diez millones de habitantes había experimentado un crecimiento hacia el centro de la tierra en donde se construían las ciudades subterráneas como Madrid 6 y Madrid 9 capaces de albergar a toda la población que huía de las guerras del mundo exterior y del continente abrasado. Habíamos conseguido llegar hasta Antares viajando a la velocidad de la luz en las brillantes naves-luna de la congregación de países libres pero no habíamos conseguido vencer a la mente que vino del espacio exterior o del más allá y que cada día se cobraba nuevas víctimas absorbiendo la capacidad intelectual de los pobres desdichados que eran elegidos por ella. Era como una enfermedad, como un virus y se extendía a una velocidad de vértigo por el mundo en paz. Con todo muchos preferían las ciudades subterráneas al mundo abrasado y la oscuridad. Se me ofreció la misión de crear un programa informático capaz de neutralizar a La Mente por medio de ondas de presión que actuasen como freno de su actividad  pero caí en desgracia por las envidias de muchos y tuve que venir a vivir a las ciudades subterráneas con una falsa identidad y un falso nombre: Genius. Genius era nombre de androide y así quería que los demás me considerasen para tener el menor contacto posible con seres humanos que me pudieran delatar. La noche caía pero sería como una ilusión creer en ello en un mundo en el que siempre era de día por la luz artificial constantemente encendida, mi loro con dos piernas, un pájaro con atributos humanos fruto de la experimentación genética, me hablaba al oído de las ruinas de reinos olvidados en otros planetas que quizás nos aguardasen antes de que La Mente nos destruyera. Yo dejaba transcurrir las horas olvidando mi trabajo en el ordenador holográfico de alta definición y conectándome mentalmente a Internet con mi prótesis cerebral. Todos en Madrid 5 disponíamos de prótesis cerebrales que nos permitían conectarnos directamente a la red desde nuestro cerebro y recibir en nuestra mente toda la información que necesitásemos y de esa forma habíamos alcanzado una supermemoria y un superconocimiento aunque eso no nos hacía necesariamente mejores personas. Ansiaba vivir en una ciudad árbol cómo la de la publicidad de los viajes de placer, mientras tanto pasaba mis días leyendo El mundo como irrealidad, escrito por La Cabeza. La Cabeza era el más inteligente de los nueve niños cabeza que se crearon por experimentación. Los niños cabeza eran sólo una cabeza con un supercerebro que tenía cualidades telepáticas y telequinésicas, flotaban en el aire esas cabezas comunicándose telepáticamente y alimentándose sólo de la luz y el viento por un proceso fotosintético similar al de la plantas. Eran capaces de desentrañar los problemas más complicados de la ciencia y de la metafísica, y eran considerados como genios por toda la comunidad estelar. Pero el más inteligente de ellos enfermó de una especie de esquizofrenia y oía voces que se comunicaban con él. Descubrió que realmente esas voces eran reales y querían expresarse y contar cosas, mucho de lo que le dijeron las voces lo plasmó en su libro El mundo como irrealidad, que fue todo un éxito de ventas. Al parecer las voces que torturaban a los esquizofrénicos sólo empezaron a considerarse producto de su mente y no entidades, espíritus o demonios a partir del siglo diecinueve Esto da base a la teoría científica de La Cabeza de que realmente esas voces pertenecen a entidades que quieren comunicarse con nosotros. Sea como fuere La Cabeza alcanzó notoriedad y fama mundial, siendo el libro de cabecera de una sociedad insatisfecha y por supuesto siendo mi libro preferido. Pero las horas de lectura no alimentaban mi cuerpo así que decidí salir a comprar comida en compañía de mi loro con dos piernas. En los mercadillos lo que más se llevaba era la carne del gusano calamar. Un gusano que se alimentaba de tierra pero cuya carne era de calamar. Un gusano mutado en calamar por modificación genética y que siendo de gran tamaño resultaba delicioso. Era perfectamente legal comprarlo, no así sin embargo la carne de centauro o de sirena, animales mitológicos que ya crearon inteligencias extraterrestres en la antigüedad y que nosotros habíamos vuelto a recuperar con nuestra ciencia de la creación. Las calles estaban repletas de descerebrados por el efecto de La Mente pero me preocupaban los anuncios holográficos que manaban en cascada de las paredes avisando del poder de Psicoactivia e invitando a la gente a comprarse inhibidores cerebrales que actuaban durante el sueño. Por medio del poder mental y la meditación, todos los psicópatas del mundo que estaban en las cárceles crearon una sola mente hecha de las mentes de todos ellos, esa energía se llamo Psicoactivia y actuaba durante el sueño haciendo que personas normales cometieran los crímenes más atroces. Para evitarlo se vendían los inhibidores de frecuencia cerebrales que no todo el mundo podía pagar. A veces el trabajo era considerado como dinero y la gente pagaba sus deudas en horas de trabajo, era una especie de esclavitud moderna.

Yo llevaba quince años padeciendo cáncer de pulmón, pero con los avances de la medicina la enfermedad se podía estabilizar y quedar insertada en el cuerpo perfectamente asimilada por el mismo. Mi aspecto era el de un androide: absolutamente delgado, mis piernas parecían palos de escoba y me daban ese aspecto robótico que tanto me servía para ocultarme. La moda convertía a las personas en saurios, se estilaba la moda dragón y la gente modificaba genéticamente su organismo para tener dientes feroces y escamas en la piel, algunos añadían al conjunto una cola de reptil con pinchos. Al margen de tanta frivolidad la sociedad estaba dividida entre los que querían dar una oportunidad a la nueva especie y los que no, esta disputa había nacido por la existencia de una nueva especie humana creada por mutación. Por ahora sólo eran unos cientos de miles de muchachos con características especiales que vivían en edificios del estado a la espera de su integración en la sociedad cuando fueran adultos. Los muchachos podían teletransportarse, levitar, mover objetos con su mente y crear ondas de presión. Era por motivo de esta última cualidad suya por lo que quería ponerme en contacto con esas criaturas, las ondas de presión suyas activadas mediante mi sistema informático podrían derrotar a La Mente y traer de nuevo la normalidad a las ciudades subterráneas. El papeleo burocrático no era sencillo, la burocracia no había avanzado nada en siglos de civilización. Me preocupaba además la presencia del comentador de sueños, un ser sideral que comentaba los sueños que yo tenía después de haberlos soñado. Al parecer tenía el poder de asistir a mis sueños y era sarcástico conmigo en extremo, muy punzante. Tenía que hacerme rápidamente con un inhibidor cerebral como el que se vendía para evitar Psicoactivia. Pero el inhibidor de sueños era el menor de mis problemas, en mi ordenador recibía un mensaje del cosmos basado en ceros y unos que transportado a un lenguaje gráfico dibujaba un monigote con otro monigote y un monigote más pequeño. Daba a entender que se trataba de una mujer, un niño y su infante. Me puse en contacto con un grupo de científicos que querían dotar al planeta tierra de motores de ionoplasma para que viajara por el espacio en busca de civilizaciones extraterrestres y ellos se ofrecieron a ponerme en contacto con la otra especie humana que habitaba el planeta, pero el encuentro tendría lugar en Sirio y yo tenía que prepararme para el viaje a hipervelocidad. La hipervelocidad era el único método de viajar en el espacio ya que el hiperespacio se demostró que era una falacia, ninguna nave podía desmaterializarse para luego materializarse en una galaxia lejana.

EL ANGEL DEFORME

Lunes, 28 de mayo de 2007

La noche anterior a tomar mi primera comunión recibí a los pies de mi cama la visita de un ángel deforme. Su cabeza tenía ojos encendidos y su corazón palpitaba a través de una piel que parecía de goma. Estaba desnudo y destacaba en él unas fuertes espaldas que sostenían unas alas doradas. Me dijo que venía del espacio vacío donde no había tiempo y que se encontraba muy solo. Dijo también que Dios no lo era todo y que tendría que descubrirlo un día con gran dolor. Observé las señales del cielo en sus ojos, si había nacido en el jardín de los monstruos de los sueños nocturnos nunca lo sabría. Parecía callar, con una mano señalaba el infinito. Se movía destacando la curvatura grotesca de su espalda, debajo de las alas le nacía una masa gibosa de rasgos blanquecinos. “El enigma es un espacio sagrado” me dijo. Estaba demasiado emocionado como para poder asustarme, a la mañana siguiente desperté presa de una gran excitación; era un día importante en mi vida. Pensé que quizás la perfección no exista nunca, ni aquí en la tierra ni allà en el cielo. Pensé que quizás estábamos condenados a un universo mediocre donde girar en brazos de un dios pequeño y amargado sin demasiado poder, un dios triste, un dios innecesario.

Para prepararnos convenientemente para comulgar teníamos las clases teóricas del padre Don David y las clases prácticas de mi tía Carmencito que se avituallaba para la ocasión del pan de ángel sin consagrar que le vendían unas monjas por una camarilla de la trastienda del convento de San Luis de la plaza de la rinconada frente al hospital psiquiátrico de dementes incurables de la calle Pasiòn. Venía mi tía Carmencita vestida de mantilla para el caso, con un peinado negro y perfilado y carmín azulete sobre los labios y polvo blanco en las mejillas para adquirir una entidad fantasmal y mortuoria que ella asociaba con la santidad. Se recogía las enaguas con todo el cuerpo y se encrespaba los faldones en un gesto que pretendía ser de arrobamiento y sumisión antes de hincarse de rodillas ante nuestros infantiles rostros y mis hermanas y yo, tres brillantes luceros por el brillo divino, juntábamos nuestras manitas y en actitud piadosa nos arrogábamos una actitud sacramental que de ninguna forma entendíamos y nos lanzábamos a murmurar una oración. Recuerdo las viejas manos de mi tía, venas azuladas resaltando sobre el esmalte rojo, sosteniendo entre sarmientos la sagrada e hipotética hostia y colocándola en nuestras lengüitas con precisión sacerdotal mientras nosotros nos arrodillábamos para comulgar. Acto seguido ella nos instruía:

–La comunión no se toca con los dientes que no son sino suciedad, la comunión debe dejar disolverse en la lengua lentamente como si fuera una pastilla-

–¿Y a qué sabe, tía?—pregunté procurando no arañar con los dientes la sagrada forma.

–¡ A gloria! ¡Sabe a gloria!

Pero a mí la comunión no me sabía a gloria y todavía recordaba el tacto frío de las uñas esmaltadas y largas de mi tía sobre las comisuras de mi boca. Sin embargo mis hermanas fingían un éxtasis que las envolvía y que casi las hacía levitar. Ponían en blanco los ojos y proferían suspiros de extenuación. No comprendía como en mi caso no funcionaba la mística, lo achaqué a mi naturaleza masculina menos receptiva como es sabido a los asuntos del espíritu  o a mi alma manchada de pecadillos de la carne con los que a tan temprana edad me regalaba mi naturaleza efervescente. Sea como fuere la fuerza mística me había relegado al plano segundo de los pecadores, la medianía y la caterva sin elevación. Sería un mentiroso si ahora asegurase que eso no me preocupaba, recordaba la visita de mi ángel deforme la noche o la madrugada anterior que mantenía en secreto por miedo a que mis familiares me tacharan de loco, y unía las percepciones de estos dos sucesos como si hubiera una secreta imbricación entre ambos: mi falta de devoción y la visita del ser deforme. Medité que al igual que algún general romano antiguo fue avisado en el momento de su deceso por enviados salidos del misterio, yo podría estar siendo un futuro ejemplo de perplejidad teológica para los estudiosos de los hechos de la religión. Estuviera como estuviera, me sintiese como me sintiese, me tenía que preparar para el gran día de mi primera comunión, y estaba claro que en ese momento yo no podría defraudar a mis amigos y familiares, tendrían que ver en mí una verdadera revolución interna que les hiciera presagiar que el niño que era se convertía en un ser humano glorioso ante la luz de Cristo, reformado, convertido, excepcional.

Quedaban pocos días para la gran celebración y los ensayos de mano de mi tía se sucedían junto a las clases teóricas del padre Don David, sin embargo yo no había descubierto en mí ningún progreso.

Cuando por fin llegó el gran evento sentía como la iglesia se vaciaba de aire. Yo estaba exhausto, sudando copiosamente dentro de mi traje de marinerito a la derecha de mis hermanas que llevaban vestidos blancos con callos. Todos llevàbamos al cuello una gran cruz de madera con un rosario de bolas de un negro profundo, el olor a incienso me mareaba y cuando el sacerdote me miraba sentía que le brillaban los ojos de una manera excepcional.

La iglesia era angosta y estrecha, de fuertes murallas con saeteras diminutas, el haz de luz artificial salía del sagrario y no conseguía iluminar las últimas filas de bancos de madera. En frente del sagrario tras un retablo detrás del altar, una cruz desnuda del tamaño de un hombre con aspecto de ser muy vieja, con aspecto de cansancio. En su interior se almacenaban siglos de poder y sin embargo ejercía sobre mí una fascinación hacia dentro, una fascinación de vacío, de intensidad y el resultado era que me encontraba ante una obra incompleta que representaba lo desconocido. Unas pocas velas sangrantes de cera, gruesas y grasientas, completaban el escenario.

En pleno sermón escuché la voz de mi ángel deforme, nadie parecía escucharla excepto yo. Creo que era un regalo sólo para mí, una forma de privilegio al que suelen llegar los escogidos…¿Pero escogidos para qué? “En mi mundo fantástico sólo existen seres como yo” me dijo el ángel “El paraíso no está en el cielo” me dijo también “El perdón no existe, el dolor no existe, sólo está presente la vacuidad y cada lugar de tu pensamiento es un lecho para el descanso” Entonces miré a mi izquierda y vi. al ángel deforme junto a mí, se había arrodillado y murmuraba una extraña oración:

–Dame tu oscura simiente, dios de la maravilla, para que haga de mi boca una perla.

Luego se volvió hacia mí y me comentó:

–El mundo no es pañuelo sino un rectángulo con infinidad de proporciones dimensionales y en una de ellas nos encontramos tú y yo, nos encontramos perdidos y cada uno tendrá que encontrar su salida a través del otro, pero ten cuidado porque puedes hallar un abismo.

Mientras el ángel me hablaba la voz del sacerdote recitando su homilía me llegaba como palabras inconexas vacías de significado. Sentía que la iglesia encogía y que el lugar se volvía cada vez más agobiante. En un momento dado los objetos comenzaron a alejarse de mí y a disolverse en el vacío: velas, retablos, candelabros, cruces, muebles y bancos todo se alejaba y se disolvía en el polvo cósmico. Las personas también se borraban dejando tras su paso una huella de luz que acababa por difuminarse. Fue entonces cuando me dijeron que me desfallecí, que perdí la conciencia y que me desmayé justo en el acto previo a comulgar. Debió organizarse un gran revuelo y decenas de manos llegaron hasta mí. Pero yo ya me encontraba en un lugar sin nombre, envuelto en una espesa bruma y con una extraña conciencia de mí mismo: me sentía más seguro, más vivo, más perfecto, más real. Luego sentí frío y la presencia de mí ángel deforme. Nos encontrábamos en un lugar donde apenas había luz, flotando entre la bruma. “Eligirás bien” dijo mi ángel “Puedes quedarte conmigo y conocer las maravillas del universo pero para eso es necesario un requisito imprescindible”

–¿De qué se trata?—pregunté.

–Ahora estás técnicamente inconsciente tirado en el suelo de la iglesia. Para conocer las maravillas que te esperan tendrás que morir.

–¿Y si no quisiera?—respondí

–Entonces llevarás una vida monótona y vulgar hasta el fin de tus días: serás un mediocre.

Tenía que volver a mi cuerpo, yo sólo era un niño. Además el mundo está poblado por seres mediocres y si yo no destacaba en nada me granjearía la simpatía de todos.

–Hay una cosa más—me advirtió en ángel–. Lo que te estoy ofreciendo es un tesoro incalculable, si no lo aceptas no lo tendrás ni en esta vida ni en la otra y nunca más volverás a verme.

El ángel deforme me convertiría en un hombre mediocre y me negaría su presencia pero aunque yo no quería ser niño tampoco quería morir siéndolo. Cerré los ojos muy fuerte y negué con la cabeza cuando los abrí mi tía Carmencito me daba un vaso de agua en el atrio de la iglesia y todos me decían que les había dado un susto horroroso. Volví a mi ser y desde entonces no he vuelto a recibir la visita de mi ángel deforme, soy un hombre vulgar que vive una vida monótona y gris. No he conocido las maravillas del universo pero soy feliz esperando el día en que todas las preguntas tengan una respuesta.