Archivo de mayo de 2011

PERDIDO

Domingo, 22 de mayo de 2011

PERDIDO

Todas las torpezas, sus lazos invisibles, la fuerza que se abalanza, la máscara del tedio y su mano siniestra, el espejo negro que no refleja nuestra alma y el aldabonazo a la conciencia que muere…

El lustro en la soberbia y la rutina, el alcohol al despertar y la antigua fuerza, una rosa abierta, una boca que nos mira y el tacto de una piel, la ropa diseminada.

La estrategia del arte, su cuña deforme, el orificio vano, el despertar, de nuevo el despertar, el tiempo silente, la codicia, la codicia también.

Pero también la marca que nos ata, el sopor, la pesada carga, el cambio de conciencia, el ser mágico, su frontera mística.

Una calle en una ciudad, en la mente no. Una calle en una ciudad y unos pasos y debajo de ellos un recorrido, el tramo por el que avanzar y no tener miedo y la misma calle y alguien que nos acompaña por donde hay construidos unos campos de fútbol en los que ya no juega nadie, en el cielo hay palomas sucias, lo que se entrega vale una moneda, la moneda cae al vacío desde un gran edificio y se incendia, la mente en ebriedad, los pasos en la ciudad en la que me pierdo y ya no encuentro a nadie y estoy lleno de gente y la gente oposita a un sueño y hay un reloj que marca las horas y las horas están vacías y una voz lejos como en una playa, y en la playa gaviotas.

El cobertizo con instrumental para las operaciones a las plantas, y las plantas como caras de niñas y sus brazos elevándose, sorteando el silencio del sol ya negro. Entonces algo sucede que lo está cambiando todo pero no me doy cuenta y empiezo a sentirme conectado, la conexión se entrega de una manera perdida y silenciosa, algo que no quiere llegar, niños que pintan en un mural el infierno y sus manos están manchadas de rojo.

Una plataforma sin cables, encontrar la madurez, una plataforma sin cables y de nuevo una calle pero esta vez con calles que están vacías y tienes frío en la piel, una mujer en una ventana con un albornoz blanco—debe ser madrugada—y los encuentros con la dignidad como pisadas en el barro y luego más tarde pisadas en la nieve sin nadie que esté conmigo, de nuevo un ser solitario y todas las calles frías son una sola calle y las bocas te siguen mirando pero ya no hay espejos, la plataforma sin cables que existe entre la indiferencia y el egoísmo y todo acaba pero no sabes que todo acaba, regresas y te sientes sucio.

No sabes qué dolor padeces pero algo te duele, algo no te permite descansar, sobrevuelas con mística y desencanto tu propio sentimiento, pero el nuevo sentimiento no lo reconoces y quizás piensas que te has vuelto loco porque te has vuelto mucho más fuerte, ojos oscuros que en la oscuridad no lo son tanto, tampoco sabes a qué se debe.

Alguien te clava las uñas en una feria, hombres con pelo largo y muy delgados que te dan la mano y el sonido de la máquina de palomitas y de repente piensas que todos los niños tienen las voces de todos los niños y es eso lo que escuchas, pero no puedes entenderlo bien, más adelante los amigos cambian con los meses y de repente se te abre un panorama radicalmente distinto y piensas que decides pero no sabes qué…

La sensación de persona ridícula que tiene un alma que no lo es, siempre caminas y tus pasos te llevan, has alcanzado el abismo o eso te crees, pero sólo es un charco pintado por la gasolina, piensas si no serás un muñeco con una serie de respuestas grabadas en un resorte mágico que siempre son las mismas, cuando el espíritu llega a tus manos dedicas un saludo al sol, se fue la madrugada fría al fin y el calor ha vuelto a tu cuerpo, algo en tu centro íntimo se enciende, vuelves a funcionar, prendes un cigarrillo y cuando das un repaso a tu vida todo te parece increíble…y todo te lo crees.

EL TEMPLO DE MI MENTE

Sábado, 14 de mayo de 2011

Cuando niño tuve un sueño con un templo, de las entrañas de la tierra nacía un edificio como una cripta de piedra tosca, un lugar muy poderoso, construido por comerciantes y nobles de ideas modernas, estaba situado en una finca donde se había blasfemado, los elementos complejos eran un prodigio, aquello estaba construido de forma anárquica con elementos simbólicos, inspiraba respeto, una serpiente parlante vigilaba el acceso a la cripta dotada de cierto misticismo, sus escamas eran de plata y oro y sus ojos brillaban como rubíes.

Con el tiempo pensé que el templo existía en alguna parte y no sólo en mi mente, ahora creo que ese templo tiene más existencia que yo mismo y que debo buscarlo. No alcanzo a reconocer el estilo, anterior al medievo pero sin el teocentrismo de éste. Este templo viene de un mundo o de una época pagana anterior a Cristo y la forma de acceder a él era a través de la agencia de viajes Falcón situada en el atrio de la iglesia de Santiago, en sus oficinas existen una trastienda que te lleva al pasadizo y después ese pasadizo te lleva al templo.

Yo me encontraba en aquel tiempo en que quise investigar cumpliendo diecisiete años, estaba en el DAR CL3, un equipo de atletismo en el que yo destacaba como velocista, mis marcas eran 6,70 en sesenta metros y sabía que podía llegar a 6, 12. Todavía no fumaba, no bebía y nunca había estado con ninguna mujer. Creo que era por eso por lo que yo pude intuir la presencia mágica de aquel templo con el que había soñado años atrás, yo era puro y en mi pureza podía ver y presentir cosas. En mi imaginación estaba la idea de que el suelo de Valladolid estaba horadado de pasadizos secretos que conducían los antiguos castillos a las cárceles de la inquisición pasando por comunicar todas las iglesias y monasterios y por lo que jamás en mi ciudad se podría construir un metro. Como me pasa a menudo al final mi intuición reflejaba lo que era cierto y la realidad se presentaría años más tarde más fantástica que la fantasía de un niño.

Los días se sucedían despacio, creo que era verano y que tomé mi primera cerveza. Mi personalidad cambió, me sentí un poco mareado y salí a la calle a sentarme en un banco. No pasó mucho tiempo antes de que una chica que llevaba una carpeta transparente y el pelo negro se sentara en el banco que había al lado mío. Podía sentir su energía, ella estaba fascinada por mí porque algo en mí había cambiado, algo había girado en mi cabeza definitivamente y yo no era el mismo. Creo que estaba conectado, que era más consciente, que estaba entrando en un lado oscuro y que ese lado oscuro era el mundo, el mundo real de los seres reales, los que tenían el dominio de sí mismos, los que decidían su destino y por ende el destino de los demás. Estaba entrando en los reinos del inconsciente y supe que en ese reino yo sería un noble y que ahí estaba el verdadero sentido de mi vida. Ganancia y pérdida no importaban, no tenían más significado que el que la gente común les atribuye, pero yo ya había dejado de ser normal. El aire entro quemándome hasta la mente y entonces nacía y empecé a contar mis días desde abajo, mirando todo con los ojos de un sapo hinchado, contando los segundos hacia atrás, una esfera brillante que no tiene números, sólo el espacio de su redondez, una luna atravesada desde el sabor con razón y maldad, con un pie en el infierno y las manos alzadas al espacio, una frente altiva que en cercanía tiene el trabajo del descaro y su ilusión, una alacena de cosas imposibles que sin embargo sabes que han estado programadas por tu mano izquierda desde el otro mundo, donde ya no tendrás jamás memoria. No es que hubiera perdido mi niñez, es que mi niñez sería eterna. Siempre sería un niño y ese niño siempre sería perverso.

Todo confluía en un espacio, antes de la ira fría que sentiría con el tiempo. Todo confluía antes de la ira. El sentimiento de odio que me separaba de los demás todavía no había llegado, no había irrumpido en mi mundo. Pero tendría que llegar. El deseo de dañar y destruir todavía no había llegado pero iba a llegar. Eran las mieles dulces de la adolescencia donde una ingenuidad te libraba del odio, pero el odio llegaría también. El odio, ese regalo del viejo Satanás. El odio, motor del mundo y de las relaciones humanas.

En mi mente confluían dos pasillos, los pasillos eran opciones de vida, las opciones de vida cobraban forma onírica, por aquel entonces cumpliría los veinte años y mi aspecto era el de un chico de diecisiete, mucho más aniñado, mucho más infantil que lo que mi mente organizaba para mí en el submundo.

Yo todavía no sabía que formaría parte de una misión vital, yo sería el despertador de la conciencia de la masa, el poeta antes del fin, el elegido del Señor Oscuro. Yo no sabía todavía el destino que me aguardaba, yo no sabía que iba a convertirme en el Lucifer de todas las relaciones que tuviera, pero esa era mi misión encomendada desde los Campos Infinitos, el lugar donde todas las cosas que existen van a morir.

Sin duda yo era un Ser Superior…pero…¿Por cuánto tiempo? Me integraría en el reino de los mediocres aceptando su desprecio, pues los mediocres no reconocen la autoridad del Ser Superior y le atacan, ese sería mi triste sino pero lo soportaría con elegancia.

Poco a poco el desfile de muñecos de goma se fue sucediendo en mi vida, ellos creían que eran personas porque tenían un trabajo y cotizaban a la seguridad social pero para mí no tenían entidad, me divertían con sus palabras procaces y sus gestos obscenos y luego marchaban a sus casas con sus familias mientras yo seguía solo. Muy poca gente se encontraba en mi nivel y casi siempre terminaban odiándome, todo el mundo que se encontraba conmigo sabía que yo era un elegido y eso les daba miedo. Acaban teniendo conmigo pesadillas interminables y el brillo de mis ojos les producían enfermedades casi siempre mentales, una tarde en mi compañía les producía una angustia indecible, unos meses de amistad y esas personas jamás volvían a ser las mismas, incluso los muertos se revolvían en sus tumbas recordándome…¡Cuántas veces fui el profeta, cuántas el sabio, cuántas el avanzado disertador! Mi amistad era para todos un privilegio y al mismo tiempo muy pocos podían soportarla, finalmente todos enloquecían y acababan odiándome y deseándome lo peor y, por increíble que pareciera, todos acaban culpándome de sus desgracias…Con el tiempo mis mejores amigos acabaron deseando no volver a verme jamás, incluso mi propia familia acabo sintiendo por mí un terror indecible, me ofrecían siempre las habitaciones más oscuras de la casa, las más alejadas, las más ocultas…algo había en mi energía que les destruía y no pasó mucho tiempo antes de que todos mis familiares enfermaran, estando incluso algunos en peligro de muerte…Ellos sabían que se debía a mi presencia, a la presencia de un Ser Superior…

MEMENTO MORI

Lunes, 9 de mayo de 2011

MEMENTO MORI

Lo insoportable era saber que en cualquier momento podía morirme, pero eso sólo era al principio. Conforme fueron arreciando mis taquicardias la presencia de la muerte inminente me lleno de suavidad y de luz, pasaría a otro estado, eso era todo. Supongo que buscaba algo con lo que entretenerme antes de que llegara mi fin, encontré en Internet unas fotos de Linda Evangelista, contemplaría a una mujer hermosa antes de fenecer. Nadaba en el mundo de las apariencias, ligero, veleidoso e insubstancial. Todo lo que tocaba mi mente lo hacía por última vez, eso me reportaba una sensación de alivio y desahogo que todavía no acierto a describir muy bien. Los canales de mi mente sin embargo estaban cerrados. Aquellas fotos de esa mujer morena brillando en la pantalla, titilando una despedida y mi corazón a punto de estallar. Uno no piensa muy a menudo cómo será su propia muerte y de suceder nunca imagina que será en un piso hipotecado, en compañía de una gata mestiza y con las encías sabiendo a sangre y a hierro. Jamás el Scan me había dado taquicardias pero esta vez se trataba de una maría muy triposa y altamente compuesta de toxicidad, otros efectos los he olvidado tal era la sensación que tuve en mí a los veintidós años…¿Qué me quedó de aquello? Recuerdo que pensé que la mayoría de las veces las personas discuten por tonterías y que no saben apreciar lo que realmente es importante, cualquier asunto afecta a nuestro ego y nos sentimos molestos, heridos, vulnerables ante cualquier palabra y expresión. La tolerancia parece ser una virtud de la que todo el mundo hace gala pero lo cierto es que no es así, miles de veces no estamos dispuestos a dar la razón a nuestro interlocutor al que sentimos como un antagonista que nos disputa una parcela de lo que es nuestro y lo que es nuestro abarca casi la totalidad de las cosas y lo que nos conmueve lo hace porque estamos ahí. El mundo nos emociona porque es nuestro, creemos en Dios porque es nuestro Dios, amamos al prójimo porque creemos que es igual a nosotros y cuando descubrimos que no es así lo aborrecemos. En vano nos afanamos en escapar de nuestros problemas y responsabilidades y afuera todo cambia y nos pilla con el paso cambiado, en cualquier momento tenemos que reinventarnos. De pensar que los Leo son los signos más sexuales del Zodiaco se pasa a creer que son los más frígidos por un comentario que hizo alguien en un bar y de pensar que el Siglo de Oro fuel el más importante para España pasamos a creer que fue una suerte de Edad Media velada vestida con un ropaje más caro. Por último de creer que somos la elite del mundo por ser Europeos podemos pensar al final que son los países latinos los que mejor conocen nuestro idioma y que Asia produce los humanos más exquisitos de la creación. Sólo cuando nuestra conveniencia nos lo pide nos mantenemos firmes en nuestras convicciones, de otra manera, al pensar sin un ego, todo lo que nuestra mente piensa puede ser tan voluble que lo que se concibe un martes se evapora un jueves y que las creencias que se mantenían hasta el domingo no aguantan una nueva primavera.

Todo esto sólo para decir que en el momento de la muerte lo que se piensa es que uno podría haber amado más, haber sido más generoso con sus semejantes, haber participado más del juego de la vida compartiéndolo, haber tenido más hijos, plantado más árboles y escrito más libros. Aunque los hijos nunca supieran de nuestra existencia, los libros nunca fueran publicados y el compromiso con los árboles se hubiera limitado a no arrojar colillas encendidas por la ventanilla del coche.

Todo esto para decir que en el momento de la muerte se sabe que uno tendría que haber dado más amor y que sobreviviendo a ésta todo el camino que queda esta remozado por la culpa y La Gracia, que son como una jaqueca con tos de pecho.

De todo ello me quedó la herida de que yo jamás podría contar nada si no tenía amor en mí, de lo contrario sólo sería el cuento de un idiota que le ladra a la luna, aunque la luna fuera las nalgas satinadas de una mujer nórdica.

Creí en un tiempo que la felicidad consistía en disolver o reforzar el ego, también creí que en el año 2020 todo sería maravilloso y que llegaría a esa edad siendo una especie de Jodoroski. Escribí la novela “Los locos que ven amanecer” sobre todos los locos que he conocido en mi vida, no me atreví a publicarla.

Mi padre me enseñó a decir la verdad, me dijo “Dile a tu profesora que no hiciste los deberes porque no te apetecía” Yo se lo dije a la profesora y ella me partió la cara. Mi padre me enseñó a decir la verdad, o no.

En un concierto de rock tenía delante de mí a un enano al que todos dejaban un sitio, había un círculo de respeto alrededor de ese hombre, nadie quería pisarle, nadie quería empujarle. Eso fue en los años ochenta…¿Tenemos todavía esa ética?

De adolescente sufría porque pensaba que yo era un protohombre, tengo cuarenta años y creo todavía que soy un protohombre. Todavía no estoy formado.

El alcohol en la adolescencia cuando se formaba mi cerebro, creo que fue algo devastador pero no se podía vivir de otra manera, me aburría en clase pero no en la calle.

“Abrió los brazos pero no parecía que para abrazarla, parecía más bien que iba a dejarse crucificar” Esto escribí con dieciséis años…¿Qué sabía del amor?

Leo en un diario de 1992 que probablemente estaba enloqueciendo, me advertía de que tuviera cuidado o un día perdería la ilusión de la juventud, mensajes enviados a mi yo del futuro. Ahora destruiré ese diario como venganza contra mí, el odio te hace más fuerte.

Un escritor una vez dijo “Sin la literatura sólo conoceríamos nuestra pobre y triste vida”

De joven pensaba que el ser humano tenía una ilimitada tentación al mal, trataba de justificarme.

“Al dar a nuestra vida una dirección determinada confrontamos nuestra propia experiencia con la de otros y muchas veces sin actuar, simplemente por existir, nos convertimos en colaboradores o intrusos, y algunas veces, sin pretenderlo, en verdaderos enemigos. De cualquier forma siempre contribuimos con nuestra experiencia a la experiencia de los demás” Esto lo escribí con veinte años, quería tener experiencia…¿Experiencia en qué? Me imagino el cómo.

Leo en una libreta de 1993 que una tal Yoshiko me deja escrito su nombre en hiragana o quizás kanyi. No puedo recordarla ahora. Me atraían las japonesas en mi época de estudiante, conocí a unas cuantas. Con algunas me escribí, otras fueron más que amigas. Ahora estoy seguro de que tuve una vida pasada en Japón, quizá muchas. Para mi familia sin embargo mi gusto por lo oriental era un esnobismo. Cuando me organicé para visitar Japón mi madre me dijo que era un pipiolo. Ahora pienso en lo dura que es Castilla y la visión que tenemos los castellanos de nosotros mismos, nos consideramos grandes señores, creadores del nuevo mundo y pocas veces apreciamos lo nuevo o lo lejano. Pocas veces nos abrimos. Cuando una persona creativa crece en un ambiente provinciano castellano es considerado un loco, incluso por sus amigos. Castilla te da el idioma, pero nada más…El cambio de conciencia aquí no se produce.

En un libro leo “El tiempo se mide por lecciones aprendidas”

En otro libro leo “No es tanto lo que vivimos como el significado que damos a lo que vivimos”

Una vez conocí a una chica que se parecía a una novia que tuve con veinte años, ella luego se fue de la mano con un chico que era como yo con veinte años. Comprendí que tenía que salir con gente de mi edad. El pasado quedaba en el pasado. Lección aprendida.

Leo en una libreta que una vez estuve todo el día encerrado en casa pidiéndole a Dios que al salir me encontrase con una mujer maravillosa, después en la calle un hombre me amenazó con una pistola simulada. No volví a pedirle nada a Dios, puse mi vida en sus manos y dejé a su criterio que Él me diera lo que quisiera darme. Más lecciones aprendidas.

Atravesar estados paranoicos: amigos que están enfadados conmigo, familia que me quiere perjudicar, envenenamiento con setas…y todo en mi mente. La realidad es siempre lo que creas.

Un amigo que murió de un ataque al corazón me recomendó leer “El ángel callaba”…Lo hizo porque, cercano a la muerte, sabía qué era lo que vendría… El libro es una historia de amor en una ciudad destruida…problemas para conseguir comida, la gente pasándolo mal y la solidaridad de unos con otros ante todo. La unión y la fraternidad del ser humano entre las ruinas…y a pesar de todo, enamorarse.

Una vez meditando sentí que todas las almas estaban conectadas, esa es la única verdad.

Pensar en los periodos de la vida en que nos encanallamos, no es ético ni moral…Sin embargo…¡Cómo fue de intensa y bella la vida!

Leo de Nietzsche que los filósofos deben huir de los príncipes, el dinero y las mujeres…lo que conturba el alma no cambia a través de los tiempos. Con príncipes se está refiriendo al mundo de la política…Berlusconi es dinero, política y mujeres…él es el antifilósofo y por eso es aclamado y admirado por la gente sencilla. La gente sencilla no quiere al filósofo ni al intelectual porque señalan sus miserias y defectos, es como un sacerdote pero sin soluciones ni promesas de una vida mejor ni salvación eterna…La gente sencilla quiere a una Belem Esteban y la convierten en su princesa, una princesa de su reino de mediocridad.

Ser despreciado por el ínfimo, por el mediocre, es el destino de la gente que vale. Ser despreciado por todos es el destino del genio.

Saber que la muerte está cerca, quizás para uno o quizás para todos…Saber que la muerte está cerca y sin embargo estar en paz…Nada ha podido hacerse de otra manera, todo ha sido cómo tenía que ser. No hay vuelta atrás pero tampoco es necesario.

Memento mori.