Archivo de febrero de 2011

TODO LO QUE SABES ESTÁ MUERTO

Miércoles, 9 de febrero de 2011

TODO LO QUE SABES ESTÁ MUERTO

En el pasillo más alejado del segundo salón, la mujer vestida a medias miraba por los amplios ventanales hacia la ceniza del cielo:

–Todo sucede por alguna razón—dijo–, incluso lo que no sucede.

El frigorífico comenzó a emitir un sonido molesto, como si se fuera a morir aquella tarde.

La mujer estaba sola, intranquila por alguna razón, hablando sola por la misma razón anterior.

La papelera estaba llena de humo, un cigarrillo mal apagado había prendido en el celofán de una botella y daba mal olor.

A lo lejos había una calle y en la calle personas que parecían muy cansadas, metidas en sus pieles, caminando con zapatos pero como si estuvieran descalzos, caminando sin sentir que llevaban zapatos. De vez en cuando aparecían perros, pero estos no parecían animales.

–Ayer fue mayo un día o dos, pero duró toda la tarde…

Después de decir esto la mujer buscó colillas en el cenicero para fumárselas, era una forma de ahorrar en tabaco y de fumar menos. Luego se fue hacia el cuarto de baño y abrió la ducha para imaginar que llovía.

La mujer se quedó escuchando la lluvia y apurando colillas. Después esperó a que anocheciera para que el ventanal se fuera convirtiendo en un espejo, al principio de esa mutación el espejo le devolvía la imagen de ella misma veinte años más joven y eso le agradaba. Sabía que después de contemplarse un rato pensaría en la mediocridad del mundo y que después de pensar en eso pensaría en la gente que acepta cualquier trabajo y en una religión para los esclavos, una nueva religión para los esclavos.

También podría tomar una copa de vino blanco y recordar a un novio de su adolescencia, eso también le agradaba. Recordar es un placer solitario y privado.

Sonó el teléfono y ella no quiso cogerlo porque el teléfono era el futuro y ella quería estar en el pasado y si el teléfono era el futuro y su mente era el pasado…¿Qué era su mente? Su mente era el pasado pero no podía entender qué era su mente.

–La gente trabaja porque ya está cansada de respuestas—dijo en voz alta sin darse cuenta—y ahora me llaman para trabajar, ahora me llaman para todos los trabajos…pero yo tengo que pensar en una nueva religión, el mundo necesita creer en cosas en las que no hubiera creído antes ni jamás, creer en algo que no exista para que exista.

De repente pensó en la baba de los caracoles cuando se arrastran, a su manera tienen que ser muy desgraciados pero al menos no tienen prisa. Alguien le dijo de pequeña que los caracoles son hermafroditas y que se apareaban clavándose un hueso del cuello. Una paloma puede transmitirte tantas enfermedades como una rata y si le soplas fuerte a una mariposa, se muere.

Aunque estaba sola siempre le hacían compañía sus libros, su colección de novela gótica y novela negra, con eso entretenía sus noches. La novela negra estaba llena de los crímenes que a ella siempre le hubiese gustado cometer y la gótica estaba llena de la maldad que ella pensaba que era la condición humana. Desde siempre había pensado que el ser humano era malo por naturaleza y la demostración de aquello era ella misma que jamás pudo tener un sentimiento de amor hacia nadie, ni hacia sus padres, ni hacia sus amantes ni hacia su familia. Todo su deseo era poseer, dominar y ser adorada. Lo demás no importaba, el amor era para los débiles, los enfermos y los poetas, pero los poetas malos porque los buenos, los que ella leía, estaban llenos de maldad.

En parte a sus cincuenta años había conseguido lo que quería: había conseguido ser admirada al destacar como escritora y crítica literaria, había conseguido ser deseada por sus aspecto de mujer fatal durante su juventud y había conseguido dominar a los demás por el sencillo mecanismo de buscar siempre gente influenciable y sin carácter a la que tratar como a sus muñecos, pero desde hacía tiempo eso no le bastaba, su ego ardía en mayores empresas, deseaba más.

Mirando por la ventana la mujer repasaba su vida y concluía que le habían ido muy bien las cosas siendo mala y egoísta, no compadecía a la gente buena que fracasa en la vida, la despreciaba.

En los círculos literarios la llamaban “La vampiresa” porque era implacable, destilaban odio sus críticas literarias contra los jóvenes talentos y los decadentes. A ella le gustaba que la gente pensara que la maldad era un rasgo de inteligencia, pero ya no era un niña y tenía que hacer algo por lo que realmente fuera recordada, como inventar una religión.

Se sintió extrañamente cansada y decidió reposar un poco, se iba haciendo cada vez más de noche, otra vez se quedaría dormida con la ropa puesta. Bajo la tenue luz de una lamparilla de noche, que acababa de encender, la portada satinada de un libro que estaba leyendo, miraba la portada y eso la hacía sentirse bien, era toda una experiencia estética. El libro llevaba por título “Mujer abrazada a un cuervo”

Poco a poco se iba quedando dormida, lo que ella no podría imaginar jamás es que iba a tener un sueño, una revelación, que la llevaría a cambiar la faz de la Tierra.

Una nueva religión estaba a punto de gestarse, el punto cero de la humanidad.