Archivo de enero de 2011

ILUMINACIÓN EN TARIFA

Sábado, 22 de enero de 2011

ILUMINACIÓN EN TARIFA 

 

 

 

Todo en esta vida se reduce a capacidad de amar, a quién puedes amar, con cuánta intensidad y de qué manera. Todo se reduce a eso. Quieres a tu hermano pequeño pero al mayor no porque una vez te dijo no sé qué, porque una vez te toco los cojones. Y quieres a los de tal partido pero a los del otro signo no, y a demás a esos los odias y sientes que ellos te odian a ti. Todo se reduce a capacidad de amar y éste, amigos míos, es el secreto de la vida y la capacidad de amar es la verdadera sabiduría y la verdadera maestría, así es.

Para Luis Ángel sus vacaciones en Tarifa llegaban a su fin, ya no tenía veinte años, había escrito sobre cuando tenía veinte años pero habían pasado veinte años más. Es decir: hacía veinte años que tenía veinte años. Era algo increíble, pero era cierto. Se plantó en los veinte y aunque pasara el tiempo él seguiría en sus veinte, pero una cosa era cierta: hacía veinte años que tenía veinte años. No lo podía entender de otra manera.

Le encantaba no haber madurado, cometer los mismos errores, ser un ángel caído, un espejismo derribado, un espejo negro, roto, cloroformado, un fantasma blanco como la escayola.

Luis Ángel empezaba a darse cuenta de que todo era una cuestión de vibración, aquello con lo que vibraba y que le distinguía de los demás, no sabía qué era pero venía con el tabaco, con el alcohol, con el hachís, con su mentalidad adolescente. No sabía qué era, pero existía.

La colilla del cigarrillo siempre mojada de cerveza, el vapor de los opiáceos, la mente divagando libre en un eterno colocón que duraba años, y no querer cambiar ni aún pidiéndoselo a Dios.

Luis Ángel entro en el bar de Pedro, en Tarifa, se pidió una cerveza negra y habló un rato con la camarera, era joven y guapa, tenía una camisa blanca muy limpia y un acento del Sur.

Toda la vida de Luis Ángel en la árida meseta castellana, en una ciudad que era un erial de gente ruda aunque de buen corazón, de gente que no daba confianza y que era suspicaz. La ingenuidad andaluza, su manera de entender que todo el mundo es bueno hasta que se demuestre lo contrario le fascinaba. En Castilla era más bien entender lo contrario y pasaba mucho tiempo hasta que la camarera de un bar te dirigía la palabra y te daba confianza, en Tarifa entrabas por una puerta y ya habías hecho una amiga. Era la grandeza del Sur…¡Qué mezquino le hacían sentirse esas almas despreocupadas y sencillas ante sus pretensiones y prejuicios de castellano y cómo deseaba cambiar!

Pero las palabras significan aquello que tú crees que significan y los gestos se interpretan como tú crees que debes interpretarlos y la idea que tenemos de todo es una idea subjetiva y querer ir más allá no nos sirve de nada si no sabemos a dónde vamos y querer hacer algo con nuestra vida tampoco sirve de nada si no sabemos lo que queremos.

Existe el tarot y la quiromancia y la astrología pero al final lo que cuenta es la propia voluntad, las cosas que queremos hacer. El horóscopo no dice que un amigo tuyo va a venir a tocar la guitarra a tu casa, eso lo dices tú si le llamas y si quedas con él, si haces lo propio. El horóscopo no te dice con qué mujer te vas a casar, eso lo decides tú. Al final nos damos cuenta de algo espeluznante: somos libres. Somos libres de decidir y actuar, somos libres de hacer algo con nuestras vidas o no. Para Luis Ángel, esto que es una obviedad para muchos para él era todo un descubrimiento pues se había pasado toda su vida vegetando y dejando que las cosas pasaran y le arrastraran pero él nunca había decidido por él mismo, se había dejado llevar, se había dejado amar, se había dejado aconsejar…pero nunca había decidido por él mismo porque creía que había un destino que decidía por nosotros, pero no era así. SOMOS NOSOTROS QUIÉNES DECIDIMOS NUESTRA VIDA, esto para él era toda una iluminación pues siempre había creído que el destino decidía por nosotros, que sólo había que sentarse a esperar y esperar a que pasaran las cosas, y nada, nada más, sentarse a ver pasar la vida, sujeto pasivo, sujeto que espera que todo te lo de la vida hecho…pero no es así. Somos completamente dueños de nuestro destino y responsables de nuestros actos, porque no hay un destino, el destino nos lo creamos nosotros y como decía Cervantes: “Tu carácter es tu destino”

La chica de la barra se llamaba Marta Julia y tenía una cruz al cuello, Luis Ángel habló con ella de esta manera:

–¿Eres cristiana?

–¿Tú no? ¿Entonces en qué crees?

Luis Ángel se quedó pensativo un momento y después respondió:

–Creo que hemos sido creados por seres alienígenas del espacio exterior y que Dios encarnó varias veces en la tierra, una con los lemurianos, otra con los atlantes y después fue Arjuna hace 5600 años y luego fue Cristo hace 2000.

–¿Y quién creó a esos seres alienígenas del espacio exterior?

–Otros seres alienígenos.

–¿Y quién creó a esos seres?

Estaba claro que tenía que existir Dios como un motor primero, era evidente…¿Pero qué era Dios?

–Marta Julia…¿Qué es Dios para ti?

–Dios es puro amor, en el vivimos nos movemos y existimos…¿Te pongo otra cerveza negra ahora que estás metafísico?

–Sí. Gracias, Marta.

Marta Julia era morena y robusta, tenía una voz muy sensual, había sangre árabe en su sangre andaluza por eso tenía esa mirada tan penetrante…

–¿Sabes, Marta? Yo nunca he entendido muy bien qué era Dios…lo único que sé es que el ser humano no es tan importante como se piensa, sé que es un ser vivo inteligente y evolucionado más de los millones de seres que hay en planetas y galaxias…y no es con mucho el ser más desarrollado o inteligente del universo…pienso que para los alienígenas nosotros somos como son las ovejas o los cerdos para nosotros…

–Estás muy rayado…¿Tomaste muchas drogas en los años noventa?

–Y en los ochenta…pero escúchame…Hay un Dios de amor para todos los seres de la galaxia, eso también lo sé. Cristo ha llegado también a otros seres, a otros planetas, a otras razas…y aunque no se le llame Cristo, él es el Cristo…También tengo una teoría…

–Buenas noches—dijo un hombrecillo pelirrojo entrando en el bar–, Buenas noches a toos…

–Hola Roberto…¿Qué tomas?

–Caña.

Marta Julia sirvió su consumición a Roberto y le dijo:

–Roberto, mira. Este señor de Salamanca tiene una teoría acerca de Dios…

–Qué interesante, yo estuve dos años matriculado en historia en la universidad—dijo el pelirrojo como si tuviera algo que ver.

–Luis Ángel—y le extendió la mano.

–Mucho gusto.

Luego Luis Ángel se sonrojó porque había contado que era de Salamanca y era mentira.

–Yo creo que todo lo que existe es el amor de Dios, sólo existe eso…y el resto es una ilusión, tú mismo, tu vida, el mundo es una ilusión…el universo es una ilusión y aunque las galaxias tengan conciencia lo que sucede es que es más fácil entender que son una parte de Dios…

–¿Y el mal en el mundo?—dijo el hombrecillo.

–También es una ilusión…

–No me convence—dijo Roberto–¿Y por qué no podemos sentir a Dios directamente, por qué tenemos que hacer mucha oración o ayuno o abstinencia sexual o mucha meditación para conectar con él? ¿Por qué Dios no nos ha hecho perfectamente en conexión con él mismo? ¿Por qué no puedo hablar con Dios?

–Creo que por la mente…la mente es un obstáculo, la mente es ego y parloteo…

–Dios si habla contigo—dijo Marta Julia–, a través de las cosas que te pasan, de todo aquello que te sucede en la vida…de las casualidades, de las sincronicidades…Dios habla contigo, así lo creo. Lo que pasa es que no sabemos escucharle.

–Ya claro, la culpa es nuestra—dijo Roberto–, no somos lo suficientemente listos como para entender a Dios…

Luis Ángel entendió que Roberto era una de esas personas que querían comprenderlo todo con la mente pero que era incapaz de entender nada con el corazón…Y ese pensamiento le dio ganas de beber algo más fuerte.

–Marta Julia, prepárame un mojito…será como estar en el caribe.

–Marchando.

Roberto aprovechó la coyuntura para dirigir la palabra a Marta Julia y hablarle de problemas reales tales como pagar las facturas y llevar al colegio a los niños, circunstancias todas que hacen que nunca pensemos en Dios ni el universo ni en los alienígenas, vidas adultas de la gente de la calle.

Cuando Luis Ángel empezó a beber el mojito se dio cuenta de que hacía veinte años que no probaba un mojito. Era increíble que en una sociedad de consumo hubiera estado sin consumir un producto veinte años, el equivalente sería como un hombre de el siglo diecinueve que vive en las colonias y que la falta de la globalización le obligaba a abstenerse de algunos productos, era como si hubiera retrocedido cien años en el tiempo pero no tenía a nadie con quién compartirlo pues sabía que no le iban a entender y que puede que lo que pensara fuera una tontería. Entonces Luis Ángel empezó a pensar en una chica del instituto que le gustaba, había olvidado su nombre pero no todo lo demás. También habían pasado veinte años y puede que algunos más. Hay un lugar en nuestro cerebro donde todo está vivo, donde todo es presente, donde no pasa el tiempo. Y esa chica en su memoria se había congelado en los dieciséis años, sabía que ahora si la viera por la calle no la reconocería y quizás fuera lo mejor. Pagaría facturas y llevaría a los hijos al colegio y no tendría tiempo para pensar que todo era una ilusión. De repente se acordó de su signo del zodiaco, ella era una sagitario. Eso era todo lo que recordaba de ella, estaba pensando en una niña de dieciséis años que era sagitario, de alguna manera era ridículo pero no para sus recuerdos de muchacho de dieciséis años. La mente no es moral, no sabe que ha pasado el tiempo. De alguna forma nuestro cuerpo trata de recordárnoslos cuando un día de repente nos duelen las piernas y puede ser reuma, y te das cuenta de que puedes tener reuma como un anciano, como un anciano que de repente se acuerda de una niña y siente la vieja ilusión del instituto y el sabor de las primeras cervezas, nunca debimos ser expulsados de ese mundo, nunca debimos empezar a pagar facturas y empezar a llevar a los hijos al colegio, pero dicen que la vida sigue y no seguir a la vida es acabar solo vistiendo de manera juvenil con unas Kelme bajo tus piernas enfermadas. En vez de ser, envejecer.

Luis Ángel no pudo más, se deslizó hacia la salida y sin despedirse siquiera salió del bar, quería tomarse un Martini en el Morgana, no quedaba muy lejos.

El camarero del Morgana era un hombre moreno de unos cuarenta y pocos que tenía la cara deforme, no hablaba y cuando lo hacía se le salía la lengua entre los dientes sin labios, era fuerte y silencioso.

El Morgana estaba lleno de adolescentes que se sentían atraídas por aquel monstruo, morbosamente atraídas. No dejaba de aprender Luis Ángel sobre la naturaleza femenina, su aceptación de lo que creían que representaba el mal y su deseo de convertirlo, de redención, su capacidad de sacrificio y su deseo de ser una flor maravillosa dispuesta a marchitarse en manos asesinas. Todo aquello le fascinaba.

–Un Martíni rojo, por favor.

–El líquido cayó sobre el vaso haciendo mucho ruido, no había música, sólo la conversación de las adolescentes en voz baja como si estuvieran en un velatorio.

En ese instante Luis Ángel se iluminó, algo le decía que muy pronto se disiparían los gruesos nubarrones y un sol triunfante brillaría de nuevo. Luis Ángel supo que muy pronto el amor volvería a dar sentido a su vida.

Brindó por ello con las sombras.