Archivo de noviembre de 2010

TODO LO QUE TIENES ES TU ALMA (1)

Miércoles, 24 de noviembre de 2010

TODO LO QUE TIENES ES TU ALMA

 

 

Intento dormir, intento descansar. Creo que unos ojos han brotado en mi nuca y puedo ver la almohada, la almohada tiene luces de colores y las luces me tienen a mí. Tengo la boca seca, el sudor se me pega a los vaqueros, duermo con la ropa puesta. Por la noche las cucarachas se suben a mi mano y se quedan quietas, absorbiendo mi energía.

Una persona que acaba de heredar una petrolera y que recibe en sus manos un cheque por valor de cien millones de dólares, recibe una descarga de euforia que es la mitad que si se hubiera metido un chute de heroína.

Una persona que ha realizado siete horas de meditación y que ahora se encuentra completamente relajada, está la mitad de relajada que si se hubiera fumado un porro.

Una persona que acaba de realizar un curso de automotivación permanente y que desea tener una actividad frenética, se encuentra la mitad de activa que alguien que se hubiera metido una raya de coca.

Una persona que quiere ser feliz y que busca motivos para su felicidad y los encuentra, está la mitad de feliz que alguien que se hubiera tomado tres vinos.

La droga está siempre a nuestro servicio, es algo atávico, primigenio, cultural. A tope con drogas.

Yo estuve metido en la droga treinta años y ahora tengo el cerebro completamente destrozado pero he sido el hombre más feliz del mundo, ahora soy lo mismo de feliz que alguien que nunca se hubiera metido en la droga, sólo que cobrando una pensión del Estado.

Pero por la noche me salen ojos en la nuca y las cucarachas absorben mi energía, eso es lo malo.

Paso mucho tiempo tirado en casa fumando hachís, las horas pasan.

Viene mi novia pero no sé si es mi novia, es mi compañera sentimental, es la chica con la que estoy ahora, sin saber por qué ella me quiere. Ella me pregunta si me he gastado todo el dinero del paro y que me de una ducha, luego salimos en su coche a un pueblo donde nos reciben unos amigos suyos, sus amigos son una pareja que viven en una casa pequeña, yo tengo la boca seca, siento como migas de pan en la boca pero no he comido nada, siento como murciélagos aleteando cerca de mí pero no veo nada, es una sensación muy extraña, juego con el gato que no tengo, un gato imaginario y en mi cabeza escucho a Txarrena con los cascos puestos pero tampoco tengo walkman, es todo imaginado por mí pero me hace feliz. Por lo demás un cigarrillo detrás de otro mi novia es rubia. Es rubia y tiene los ojos verdes y cara de mala porque en el fondo es mala pero conmigo no, es lo que tiene tener novia cuando no sabes que la tienes porque ella no me ha dicho nada. Ahora escucho música de kortatu con el discman que no tengo. A veces leo frases en las mentes de los cobertizos de los cerebros de los guías mentales de los postes de luz, pero tampoco tiene importancia. Me siento en el salón de los amigos de mi novia y empiezo a pensar que si fuera un chino sería un chino, es una idea que me obsesiona porque es muy cierta. Si yo fuera un chino sería un chino y si fuera australiano sería australiano, es increíble pero es cierto…¿Por qué soy cómo soy? ¿Por qué Dios me ha hecho con dos piernas y una boca? ¿Por qué quiere que coma y por qué quiere que fume porros? Dios es un misterio, nos ha hecho con una boca para fumar porros y unos brazos para inyectarnos heroína, la mente de Dios es un misterio. Si yo fuera chino, sería chino. Es increíble. Tengo que comprender que soy un imbécil, pero entonces…¿Por qué la gente me quiere? ¿Por qué siempre estoy rodeado de tías buenas si soy un imbécil drogadicto? ¿Por qué me las ingenio siempre para trabajar lo menos posible y vivir de las prestaciones sociales? ¿Por qué soy tan feliz? No lo entiendo. Sólo sé que si fuese chino sería un chino. Siempre borracho, siempre drogado, siempre rodeado de tías buenas y ahora resulta que el Estado me va a dar una pensión porque ya no puedo trabajar, pensión que me gastaré en mis vicios, mientras tanto seguiré cobrando el desempleo. Tengo treinta años, a lo mejor no puedo seguir toda la vida así, eso es lo malo. Eso es lo único que me da miedo…¿Cuánto tiempo podrá resistir mi cuerpo y mi cerebro mi ritmo de vida? Pero si muero echar mis cenizas al mar de un prostíbulo de Shangay y venid todos a mi entierro en vespas disfrazados de osos.

Mi querida Europa, aquí todos nos sentimos con derecho a vivir en un tren de lujo pero sin el esfuerzo de trabajar lo suficiente, derechos, derechos, derechos y ningún deber, y en España peregrinar de bar en bar, del club al casino, esto no hay economía que lo aguante. Si yo fuera chino sería chino y me irían mejor las cosas. Y si Europa fuese China, Europa sería China.

Entro en la pequeña casa, el matrimonio se presenta. Las chicas van a hablar a la cocina. Yo me quedo en el salón con el marido, me ofrece una cerveza. Va a buscarla a la cocina y se queda hablando con las chicas y yo me quedo solo en el salón, pienso en el día que he pasado en soledad. Todo parecía fluir. Me quedé sin cigarrillos pero haciendo limpieza me encontré con una bolsa de basura que no había tirado, había cigarrillos apagados por la mitad muy aprovechables, una cuestión de suerte. Pasé la tarde fumando colillas, también encontré la camisa que regalé a un amigo y que luego él me dejó, justo cuando había previsto volver a verle. Todo ocurre por un motivo, nada ocurre por casualidad. También encontré un viejo carrete sin usar en color justo cuando había pensado que tenía que volver a hacer fotos con mi antigua cámara reflex y también encontré la grabadora de voz cuando días atrás la había echado en falta cuando acudí a una conferencia. Todo comenzaba a fluir y todo fluía por algún motivo, pero ese motivo se me escapaba. Tal vez me tocaba vivir una forma de vida más armoniosa y estaba recibiendo las señales oportunas.

De repente me doy cuenta de que me queda poco tiempo de vida, de que viviré cinco o diez años más a lo sumo y no sé en qué estado, si no me hubiera metido en las drogas no tendría que pensar lo que pienso. Si hubiera estado limpio tal vez cuando llegase a los cuarenta tendría toda la vida por delante, pero no va a ser así. Mucho me temo que no va a ser así…¿Qué es lo que tengo? ¿Qué es lo que voy a perder? ¿Qué es lo que me queda?

EL HOMBRE CONDENADO A SER LEÍDO 1 (Escrito en 2006)

Viernes, 19 de noviembre de 2010

Cuando Amado Julius despertó tenía el amuleto de su amiga en la cabeza.
Con mucho cuidado lo deslizó para no moverse y hacerse así el menor daño posible, no podía decirse que el amuleto fuera grande, pero lo cierto era que pesaba mucho. El amuleto databa del siglo nueve y fue construido con un material procedente de una estrella lejana, un meteorito que cayó a la tierra y que era cien veces más pesado que el plomo y mucho más oscuro. Más oscuro si es posible. Más oscuro de lo que un hombre oscuro pudiera imaginar.
Amado Julius, cuyo nombre doble  fue puesto en honor de un personaje literario que su padre atribuía a Borges, ponía de relieve el despiste de su padre conque tan sólo le nombraran por eso desde el infierno el genial ciego le traspasó una parte de su genialidad y un pedazo de su maldición: Amado Julius vivía en un mundo sin colores. No obstante eso no le había impedido ser uno de los mejores pintores del mundo, y, valorando sensiblemente una infinita gama de grises, sabía que cierta grisura era llamada verde por todos y a  cierta oscuridad era común denominarla  rojo, de esa forma no sólo aprendió a distinguir los colores, aprendió a confundirlos. Lo segundo a simple vista parecía más difícil que lo primero, no lo era en absoluto, vivimos en una realidad en el que las emociones nos llegan ordenadamente y nuestras percepciones viajan en tropel y se almacenan estrellándose en una sola idea plástica que nos permite ir seleccionando aquello que nos interesa ignorando todo lo demás: de esa forma si deseamos un té buscaremos con los ojos una tetera por toda la habitación y si en ese momento apareciera una tetona, en el momento exacto de encontrar la tetera, la tetona no nos interesaría, no llegaríamos a verla aunque estuviera allí. Idem con una hipotética teutónica. De esa forma existen miles de colores en los que nosotros no reparamos porque nos dan una información que no queremos o que no sabemos descifrar. Imaginen si no una lechuga con otro color diferente del verde, una lechuga azul ¿Nos interesaría? ¿Y si nosotros en una huerta encontrásemos una lechuga de un color que no existe la veríamos? Amado Julius sí. Amado Julius había pasado toda la tarde con sus ojos indescifrables mirando la laguna de brea que sus padres habían comprado, era un capricho incomprensible, un regalo de su millonario excéntrico tío Doulfo, el mismo que le regaló el amuleto, amuleto que a su vez él regalaría a una amiga para duplicar así su poder. Amado Julius miraba la laguna de brea, narcotizado por su belleza: “Tan negramente negra” pensaba Julius “Tan negramente negra que casi soy incapaz de verla…” Julius pensaba un poema para enviar a su tío en agradecimiento, porque, aunque el regalo no había sido para él– sus padres no sabían ser agradecidos– no quería enviar una pintura realizada por un color que era el único capaz de ver, ya que para él el blanco no existía, no era más que una fuerza negativa que le quitaba vitalidad al negro al aclararlo, pero no era un color.
Por lo demás, alcohol, pesados pasos, líneas que ascienden, ojos que convergen, comunidades llenas en sus lienzos de personajes que piensan, nuevos y viejos clientes o amigos, nuevas parejas, nuevas emociones, pero por lo demás alcohol, el alcohol siempre como una constante irreversible de lo que queda por pintar, moho dolorífero, moho no válido, moho que no consigue atravesar el espejismo de un lienzo plano y mientras tanto todo trancurría miserablemente en un mundo sin prestigio. Por lo demás un rostro abandonado a su desnuda verdad, un rostro jalonado de pequeños y cochambrosos huecos, surcos y pestilencias y un cuerpo tantas veces sentido como una fábrica de suero energizando al espantajo que pinta sin colores y detrás de su baja autoestima, detrás de la ventana, la ciudad como una tragedia. Amado Julius se preguntaba por todo aquello que solía dulcificar su rostro: el paso de la lluvia al anochecer, los sueños en los que sentía los colores del día de la siega, la sensación del éxito.
Pero todas sus ideas se volvían pobres, se sentía cuando imaginaba como un pastor que llevase un rebaño castrado al matadero: sus ideas erán estériles y debían ser inmoladas para el beneficio de otros que no comprendían lo que él no podía ver, que si podían apreciar la mixtura de sus colores pero que la valoraban como una superación personal de un discapacitado y no como un hallazgo artístico. Sea como fuere, Amado Julius necesitaba salir de su mediocridad creativa que le axfisiaba y para ello lo primero que tenía que hacer era renunciar a un atajo de demandantes de retratos para sus caprichosas mujeres, en su mayoría loros ejollados, parejas de sus médicos-dentistas o profesiones similares que se extasiaban cuano el retratista añadía al lote un par de bomboncitos pegados con celo y un lazo rojo. Una vez que se encontró con el ánimo de negarse a más trabajos con la excusa de encontrarse enfrascado en un proyecto personal, cuestión esta última por lo demás cierta pero prematura, calculó el tiempo que podría sobrevivir con sus ahorros en una humilde buardilla de su propiedad y como el tiempo es un concepto relativo si está bien aprovechado, se sintió feliz, ya no era el espantajo de limitada energía vital, sino el dios creador de magnitudes cósmicas.
Los días transcurrían en su estudio con la única compañía de sus pinceles, sus acrílicos y un montón de lienzos pero aun así el proyecto no avanzaba y cada vez se encontraba hundido en una soledad que se le hacía insoportable, fuese por eso o fuese por dejar constancia de su trabajo por lo que  salió un día a la calle a comprar dos libretas donde dejar constancia diariada de su trabajo, cuando se acabase la primera proseguiría con la segunda, no sabía cuán podía ser la ingencia de sus perpecepciones y por eso lo quiso así. Una mañana se despertó un poco mareado por el olor del aguarrás y de otros artículos con los que solía limpiar sus pinceles y al ir a reflejar en su diario sus impresiones matutinas del nuevo lienzo en el que él pretendía pintar a una muchedumbre cansada se encontró al releerlo con una frase bella, bonita en sí, pero desprovista del más elemental significado y coherencia. Avergonzado por ese azoramiento súbito del que se siente perder la cabeza, trasladó la frase a la segunda libreta y se juró no escribir en su diario personal nada que no fuese razonable, juicioso y cabal. La tarde avanzaba y ya llevaba el pintor muchas horas en faena cuando se vio abocado a escribir una nueva idea resultante de su esfuerzo por su trabajo. Cuando agarró el bolígrafo para escrbir sintió que lo que quería expresar llegaba de una manera sucia, caótica y oscura, pero que la idea estaba allí, en su mundo interior, de la misma manera que un diamante puede esconderse en el centro de una roca vulgar. Sin pensárselo dos veces tomó en su mano la segunda libreta y anotó esa frase espuria que al final fueron una retahila de frases encadenadas sin ninguna lógica ni concierto, aunque eso sí, bellísimas. Cuando aquella tormenta de ebriedad hubo desaparecido, la calma de la razón le llevó a dar con la frse exacta que estaba buscando. De esta forma cogió la primera libreta y anotó lo que precisaba en su dario.
 

“veo a una mujer hermosa, rubia de ojos verdes, con un foulard en el cuello flotando con el viento. Al fondo el mar azul, a sus pies la roca abierta y creo estar enamorado de ella…Pero no nos enamoramos de la persona sino del conjunto, pero cuando nos hablan de la chica en cuestión evocamos el mar azul, el foulard, su bello gesto, un movimiento, y es más, creo que nos enamoramos de las sensaciones que nos ha producido el conjunto, al final buscaremos a la chica”
 

Como si hubiera sufrido una descarga emocional con ello se abandonó al descanso que le llegó como un baño relajante, despertó sumido en la oscuridad y sin embargo la piedra parecía titilar en un rincón. Sin pensárselo dos veces se incorporó y anotó lo siguiente:
 

“ …el inglés piensa que es bueno levantarse pronto y se levantará sistemáticamente a las seis de la mañana, el español se levantará pronto si piensa que eso le beneficiaría, pero habrá días en que hará excepciones sin ningún remordimiento, el oriental se levantará pronto para ver amanecer, se sentirá en armonía con la naturaleza, para ver salir el sol, para impregnarse de ese sentimiento de vida que te llega cuando ves nacer algo nuevo. El inglés se remitirá siempre a la misma idea: “es bueno levantarse por las mañanas”
 

Miró de nuevo la piedra, parecía emanar una extraña energía, le asombró su color. Recordaba la brea, aquella laguna tan oscura del color del universo, recordaba la impresionante negritud de aquella piedra la primera vez que la contempló, recordaba lo fascinante que le parecía la noche cuando probó su esencia animal y luciferina en inacabables veladas bohemias no hacía mucho tiempo, cuando aún le gustaba relacionarse… Entonces anotó lo siguiente:
 

“Si hay algo que pudiera carecer de sentido, es el sentido que se le da a todo aquello que no lo tiene.”
 

Miró hacia la piedra un momento:
 

“Sólo tiene sentido lo que sientes.”
 

Si no hubiera pesado tanto como un ser humano hubiera arrojado lejos de él aquel mineral enigmático, en vez de ello seguió escribiendo:
 

“¿Cuál es el lugar perfecto para encontrarle un sentido a la vida? ¿En qué  paraje su sentido nos será revelado?
 

Volvió su rostro hacia la cegera de la noche, cogió un pincel grueso y anticipándose a su movimiento violento contuvo su rabia, después lo hundió en un ancho bote de pintura negra.
 

 

“Con ocasión de esta Exposición se ha publicado el testimonio intelectual de una pintura representativa de la nueva construcción de la pintura propia de la modernidad, de innovadores diálogos entre la negación de la naturaleza y su entorno más alejado con una presentación a cargo de catedrático de la universidad de Cáceres, Enrique Mayo.”

EL DÍA DEL FIN DEL MUNDO (3)

Martes, 9 de noviembre de 2010

Te das una ducha y recuerdas cuando vivías en Londres, en aquel lugar la gente se duchaba cada quince días y pensaba que estabas enfermo o maniático  por ducharte a diario. Te das una ducha y bajas a la calle porque ya es de día y le pides al camarero un bollicao y un café y te pregunta con sorna si quieres que te ponga el bollicao en un platito con un cuchillo, te das cuenta de que tienes demasiada clase para el barrio en el que vives ahora, el empobrecimiento de la clase media ha hecho mella en ti y en la radio escuchas “Ahora es demasiado tarde princesa, búscate otro perro que te ladre, princesa” pero sabes que tú siempre has dado otra oportunidad y a veces la has pedido. Te preguntas por qué has sido tan tonto como para elegir un hotel al lado de tu casa, pero ya todo te da igual. No quieres volver, ni al hotel ni a tu casa.

Te diriges camino a tu viejo instituto, parece mentira pero ya han pasado treinta años desde que estuviste en él pero hay algo que recuerdas y que quieres recuperar antes de que acabe todo: el olor de la cerveza por la mañana, muy de mañana. Te compras un litro en una panadería, hay cola de gente comprando latas y víveres, pobres desgraciados. Tú te llevas tu litrona hasta un parque al lado de tu viejo instituto y cuando la abres absorbes el olor  de la cerveza por la mañana, es algo casi sólido y fuertemente característico, significa que el cuerpo se revuelve, es algo casi contra natura. Sentado como estás en un banco se te acerca un miserable y te dice que ha venido gente a su casa a buscarle acusándole de un hecho deleznable, te dice gente sin cultura, sin estudios ni educación, te dice gentucilla que son el noventa por ciento de esta ciudad y que luego votan a la derecha. Te quedas perplejo de que el miserable no se considere gentuza pero es que nadie se lo considera…¿Serás tú gentuza y no te has dado cuenta? ¿Cuánto tiempo llevas sin trabajar? ¿Cuánto tiempo llevas sin un duro? Estuviste en la universidad, pero sólo te dedicaste a fumar porros y a jugar al mus…¿Has visto el barrio en el que vives? Vivías muy bien hace veinte años, pero eso fue hace veinte años…¿En quién te han convertido? Pero eso ya no importa porque ahora todo se acaba, el fin ya está aquí. Cerca de ti pasa una procesión de personas llevando una cruz, una cruz a la que alguien ha puesto una piadosa sábana. Las mujeres van llorando, seguramente por sus hijos. Las madres siempre son las madres. Al menos casi no hay tráfico.

Vuelves a tu barrio, a tu bar de siempre y pides una Yuste, el camarero te dice que no tiene Yuste, que te tomes una Karsberg y tú pides una caña normal.

–¿Qué pasa, no te gusta la karsberg?—te recrimina el camarero.

Cuando sales el camarero te lanza una mirada de odio, sabes que piensa que eres un pijo pero lo que él no sabe es que debes seis meses de alquiler. Te alegra saber que el fin del mundo será el fin de tu ciudad también.

Regresas al hotel y te dicen que tu novia se ha ido y cuando llegas a tu casa ella no está y encuentras una nota que dice algo así como que se ha cansado ya de ser tu madre, coges la nota de la novia que se ha cansado de ser tu madre y la metes en la cajita de notas de novias que se han cansado de ser tu madre, ahora estás solo de nuevo y sin saber por qué no te desagrada del todo la idea, piensas que pronto estarás muerto.