Archivo de julio de 2010

UN POEMA DE AMOR

Domingo, 18 de julio de 2010

UN POEMA DE AMOR

 

Llegué al final, en el lugar donde se bendice el cuerpo,

Miré unos labios hablarme,

Saturnal destreza,

La llamarada de la realidad,

Todo lo que en la luz azul ella me infundía

Y algo por dentro se partía en dos

Y yo tomaba la mejor parte como alimento de mi alma

Y pensaba:

“Toda mi tristeza dará a luz un poema”

Pero eso no atenuaba la rabia.

Recorrí de una sola vez todo lo que por amor había

                                                            Perdido)

Aquello que movía mi corazón,

Esas alas que brotaron un día de repente

Y que ya no me sirven para volar

Porque ella ponía a mis palabras una mordaza de lógica

Mientras yo me esforzaba por ocultar mi dolor,

Sosteniéndome como si fuese otro

Y luego ella se volvía dulce como un veneno preparado

Y yo nadaba en la sonrisa de sus ojos

Por los milenios detenidos.

Nada podía robar mi fe porque mi fe era ella

Y mientras caminaba en un sueño

Una túnica de fiereza

Vestía los huecos de mi soledad

LOS VECINOS DEL MES DE JULIO(1)

Sábado, 17 de julio de 2010

LOS VECINOS DEL MES DE JULIO

 

–Yo lo que siento es no haberme metido en la heroína y haberme muerto de una sobredosis—dijo el pequeño Hill algo asustado por sus palabras–, desde que dejé las drogas no he vuelto a ser feliz.

El psiquiatra miró al pequeño Hill—dieciséis años, uno noventa—ligeramente conturbado. Los planetas recreativos del sector nueve no serían una solución, el cerebro del pequeño ya no admitía más estimulantes.

El facultativo se atusó sus gafas de caramelo azul, hizo un movimiento de babosa con los labios y propuso una solución:

–En el sector siete existe una colonia de terrícolas que se está asentando. No tendrás ningún problema en adaptarte allí, lo mejor de todo es que en un ochenta por ciento está habitada por personas encantadoras que naturalmente no son humanas, son androides diseñados para hacer la vida más agradable a los escasos terrícolas del planeta del sector siete. Vamos a trasladarte allí, quizá en la compañía de esos seres encuentres algo de lo que te hace falta. Te deseo mucha suerte.

El camello de la infancia de Hill le esperaba a la salida. Era un hombre travestido y ridículo, subido a grandes plataformas. Aunque tenía un aspecto anodino en su mente era un dios.

–Hill, lo siento. Te van a trasladar—le susurró con lástima.

–Ya…y ojalá no te hubiera conocido…no sé qué voy a encontrarme en el sector siete…pero no será peor que mi vida en la Tierra.

A los tres días el cohete de plasma y motores Hawkings aterrizaba en la plataforma del planeta del sector siete, la ciudad burbuja tenía su atmósfera propia. La gente era amable y las calles estaban limpias. Los edificios no eran muy altos pero tenían forma de puro, como su fachada era transparente para los moradores del interior simulaban no tener ventanas.

Hill buscaba algo con lo que disfrutar y se paró a la puerta de un cine:

CINE REX: HOY “OFICIAL Y CABALLERO PARA FEMINISTAS”

 

Era un planeta curioso, hasta las feministas tenían una versión de “Oficial y caballero” que no las ofendiera.

La Tierra había sido dirigida por un líder fascista durante más de sesenta años, ese líder había mantenido su dictadura de terror durante todo ese tiempo. Los padres de Hill eran miembros del partido fascista y educaron a su hijo en su credo, luego llegó otra dictadura, esta vez comunista y Hill se dio a las drogas en vista de la permisividad exagerada del ambiente social que era una contrarestación al clima de opresión de la anterior dictadura. Hill no era el único que había sufrido las consecuencias de aquella disipación, toda su generación de una manera u otra se vio avocada a la autodetrucción. De hecho no habían sido educados para la nueva dictadura comunista y sus patrones fascistas que él siempre había rechazado no tenían ya ningún valor. De hecho Hill vivía en un mundo sin valores: los de sus padres estaban caducos y eran odiados por la sociedad actual y los de la sociedad actual sencillamente no existían, la dictadura comunista era pura fachada, todo el mundo se daba al consumismo y al culto hedónico. En vista de ello Hill decidió autodestruirse pero la sociedad tampoco te lo permitía, la sociedad sólo te permitía destruirte mentalmente pero no físicamente. La tasa de suicidios se había incrementado pero a nadie le parecía importar la muerte de unos inadaptados. La solución estaba en huir a otros planetas, a otras colonias donde la compañía de unos humanoides mejores que los seres humanos te hacía olvidarte de tu frágil condición mortal. Finalmente los padre de Hill fueron conducido a un campo de concentración y lobotomizados, en la actualidad se dedican a regar las plantas de un alto jerarca del nuevo partido en el poder con una capucha marrón con dibujos de peces alados. La vida en el planeta Tierra no valía la pena o sólo valía la pena si podías destruirte usando psicofármacos legales, nuevas drogas permitidas. Pero ni eso se podía permitir ya el pequeño Hill, por eso la visita al nuevo planeta le parecía en el fondo una liberación.

Hill e acercó a una tienda de mujeres androides de compañía, tenía un vale de los servicios sociales que le daba derecho a adquirir un artículo. Eligió a una androide de treinta años, morena y de ojos azules. Se fijó Hill en la sonrisa malévola que tenía aquella muñeca. Un letrero a los pies de la androide ponía sobre aviso:
 “SANTA Y PUTA”, Hill escogió a esa andoide para su entrtenimiento. Después dio un paseo por el local y encontro un androide con barba y gafas de pasta, vestido con una camisa de cuadros y un foulard, el letrero era expícito: “INTELECTUAL ENTRAÑABLE”. A Hill le cayó simpático ese androide y también se quedó con él. Usó sus vales y salió de la tienda en compañía de sus nuevos amigos. Hill luego entró en una bolera pero no se divertía en ella lo suficiente a pesar de la compañía de sus nuevos amigos…Decidió dar un paseo por el puerto espacial en compañía de Santa y Puta e Intelectual Entrañable. La conversación con ellos era estimulante, sin ningún género de dudas. Intelectual escogía las palabras justas y Santa les daba un matiz siempre picante. Era divertido pero no era demasiado emocionante, no había grandes diferencias entre los andriodes y la gente normal. Pero lo cierto es que no había demasiado sentimiento, no, faltaba algo…Los estivadores del puerto espacial les invitaron a cerveza, y bebieron todos juntos, entonces empezaron a pasarlo mejor todos juntos. No había ningún problema, el sol se puso de una manera siniestra y cuando llegó la noche Hill la sintió como una maldición. Entonces pidió un taxi y se largó con sus amigos a su nueva casa. Era curioso, la primera cerveza que bebía en mucho tiempo animó su espíritu, le dio valor, al final vio una holopelícula de miedo con sus nuevos amigos, llevaba años sin ver una peñicula de ese género. Entonces era mucho mejor la vida que podía vivir que la que había vivido pero sin demasiada alegría tampoco…Todo era falso pero sabiamente falso, la artificialidad era preferible a la realidad, mucho mejor que lo cotidiano y lo estudiado, lo conocido. Incluso—y había que darse cuenta de esto–, los vecinos que tenía y alos que todavía no conocía también eran androides. Súbitamente Hill pensó que tendría que presentar a sus amigos androides a sus vecinos androides, eso era lo correcto y lo educado, eso era lo que tenía que hacer pero era un poco pesado tener que hacer eso, era un poco pesado…Hill recordó cuando era joven y se tomó una cerveza de ocho grados frente al mar de Venus con su amigo Chapino, eso de repente le emocionó, el mar rosado, el cielo licuándose sobre sus cabezas, los ejecuhetes marítimos… Todo aquello y después en la furgoneta de Javir fumando marihuana cuando todavía no le habían reventado los implantes mentales de su cerebro que protegen de los excesos. Todo pertenecía al pasado pero no sabía por qué tenía que seguir viviendo en el pasado, tenía nuevos y grandes amigos y estaba en un lugar mejor, mucho más ameno. Todavía era joven y no entendía por qué tenía que vivir en el pasado continuamente sólo porque su pasado hubiera sido más feliz que su presente. También se proyectaba al futuro y se veía cambiado y distinto, cargado de años, cargado de experiencia, mucho más sabio…pero él no quería que pasara el tiempo, estaba amargado por el paso del tiempo, no quería envejecer, quería hacer cosas pero pensaba que una vida demasiado protegida no sería interesante, con Santa y Puta e Intelectal Entañable nunca tendría ningún problema porque no eran de verdad, tampoco con sus vecinos tendría nunca ningún problema porque no eran de verdad…La maldad y el egoísmo habían sido borrados de un plumazo de aquel planeta al precio de que no hubiese ningún ser humano que crease problemas. Tal vez él fuera el único habitante de aquel planeta que fuera humano…Cuando Hill vivía en el planeta Tierra tuvo una experiencia que le marcó. En una ciudad de provincias que era un secarral entró en una iglesia pequeña y se recogió un momento en oración, la iglesia estaba cerca de un paseo muy transitado de gente que solía exhibirse ante su prójimo con ínfulas de aparentar, era así. Cuando Hill salió de la iglesia y se adentró en el paseo tuvo la desagradable sensación de que no entendía qué eran aquellos seres que caminaban divertidos, esos seres humanos vestidos de fiesta le parecieron totalmente seres de otra galaxia, no podía comprenderles, no podía enfatizar con ellos. Aquella masa de gente pertenecía a otra realidad, a otra dimensión, era evidente. Hill pensó que él se había convertido en un espíritu, que él era un espíritu puro, un ángel. Y que los seres humanos le parecían groseros, amorfos, muy densos y pesados. No entendía qué le había sucedido en aquella iglesia, salió transformado completamente. No es que él fuera otra persona, es que ya no era una persona. Era un ser absolutamente superior con una vibración mucho más alta y los torpes y groseros humanos le ofendían, de ahí a buscar un planeta de androides sólo había un paso porque los propios seres humanos le parecían androides…¿Eso sucedía porque él era extraordinariamente inteligente? ¿Eso sucedía porque él era extraordinariamente sensible? No podía saber lo que era, era todo una vida espiritual o parte de una vida espiritual que le desconectaba de la realidad, porque no entendía bien qué era la realidad o porque la realidad estaba cambiando o porque no sabemos realmente qué es la realidad. Entonces Hill pensó en algo. Hill pensó en las sincronías, alguien dice la palabra “cura” cuando estás escriendo la palabra “cura” en un folio. Vas pensando en una chica y alguien en la calle pronuncia un nombre que coincide con el de la chica en la que estás pensando. Sincronías. Las sincronías existen porque el mundo no es más que una invención de la mente, nosotros creamos la realidad constantemente con nuestra mente…El undo que nos rodea es el mundo que creamos y lo creamos con el poder de nuestra imaginación, luego todo es imaginación, todo sucede porque sucede en nuestra mente y nuestra mente es todas las cosas…Hill quería ser extraño porque vivía en un mundo extraño, o resultaba extraño porque todo lo que le sucedía era muy extraño pero él se había olvidado de juzgar todo aquello que le sucedía, tal vez pensara más con la mente que con el corazón, bueno, con el corazón no se piensa, se siente. Pero estar en el corazón, ser cada día más bueno, ser cada día mejor no tenía tampoco ningún sentido. Porque el sentido de las cosas no es más que el sentido que quieras darlas…y eso no es un secreto…Todo lo que es el poder de la mente puede llevarte a la locura, la locura es ser poderoso. La mediocridad es ser normal, con una mente normal, una inteligencia normal…pero este es otro debate, es otro debate.

 

 

 

CERTEZA DE LOS VIVOS

Lunes, 12 de julio de 2010

CERTEZA DE LOS VIVOS
 

Toda aquella vieja energía
Que ahora pasa
Como belleza sin experiencia,
Amar lo que en algún lugar se atasca
Pero sin hablar de sentimientos,
Actos para dejar hacerse sufrir
Cómo cortar los últimos hilos
Antes que el deseo lo corrompa todo
Y regreses al ser animal que te espera
Con una rosa, una paloma y un cuchillo…
Cómo cortar los últimos hilos
Entre todas las miradas dispersas
Ver que el diamante ya no brilla
Y pensar que jamás tuvo ningún valor
Todo lo que te hacía sentir y que ahora es turbiedad,

Manos en la ceniza,

El paraíso es un abismo.