Archivo de mayo de 2010

LA FELICIDAD

Miércoles, 5 de mayo de 2010

LA FELICIDAD

 

 

“¿Decepcionado con tu destino y con la línea que de ellos trazan los grandes maestros? No embarques tu cerebro en la rutina y consigna poderes a tus postulados. ¡Conoce cómo ser tu propia guía a través del camino! Conoce cómo es tu jaula y qué contiene su engañoso calor. Hasta entonces has habitado en un enclave fijo, a partir de unas horas podrás echar el cierre a tu sueño, imitar tu plantilla, ceñirte a tu credo. Yo sólo puedo darte el lujo de la maravilla, la quinta parte y el lecho de tu voz, pero sólo si consigues vencer el miedo. Sabemos qué te pasa: la insatisfacción es progresiva, el uso de las drogas es corriente, el disgusto hacia ti mismo es lo normal, la necesidad del cambio es inútil, la antipatía es emergente, la irritabilidad es cotidiana, la pereza es común, la huida mediante la evasión es necesaria, la necedad va en aumento, la crisis ya está aquí, bienvenido al final de ti mismo pero no temas, tenemos la receta. La felicidad está muy cerca. ”
 

Aquel anuncio me impactó, me daba la fuerza que necesitaba para ser yo mismo, llamé al teléfono del fondo del papel-holograma y me atendió una chica de rasgos caucásicos, lo demás ya lo conocen.
 

El policía me miró, miró después mis ojos y luego se lavó la cara como intentando salvar un espejismo:
 

–Empezemos de nuevo—me interrogó–¿Qué significa esta pelliza de piel de oso que llevas puesta?
 

Cuando desperté me quedé concentrado en lo que había escrito; una amenaza de muerte en mi pared, corrí a avisar a mi mujer pero ya era tarde. Hacía tiempo que me había dejado y ya no tenía a nadie en quién creer. Sentía que llegaba la crisis y que tenía que llegar al cementerio y grabar en una lápida todo esto. La luna llena me amparaba, destilaba una luz tenue que pacificaba mis actos en otro tiempo extremadamente bruscos y desacompasados. Sentía su claridad y como pasaba de mí a mis manos y de mis manos al cincel y del cincel a la piedra.

 

Me parecía increíble que un hombre hubiera tenido la creatividad tan formidable como para escribir algo así y encima en una lápida. “Bueno, chicos: ¿Qué os parece el cuento?” Añadía al final como si con grabar aquella historia en una lápida necesitara la aprobación de un grupo de amigotes, quedé maravillado y pensé en algún día en hacer lo mismo, consiguiendo el permiso, claro está.
 

–No sigas leyendo—me pidió mi novia.
Al instante abandoné la narración del hombre que leía en una lápida la historia de un hombre que tenía un sueño en el que soñaba que era un hombre interrogado por la policía que contaba que había escuchado a una mujer en un holograma hablar de un extraño remedio para la infelicidad. Aquel holograma contenía el sentido de la existencia. Intenté hablar con mi novia sobre el tema, pero me era esquiva. La narración me parecía interesante y la quería comentar, pero ella, presa de un sexto sentido femenino, sintió miedo, pensaba que había algo perverso en todo lo que había escuchado, que procedía de una fuente inagotable de maldad, así que no quise seguir insistiendo.
 

Apagué el televisor, la película me parecía demasiado enrevesada y retorcida al mismo tiempo, muy complicada para mí, estaba viendo una película de un hombre que estaba leyendo un cuento sobre un hombre que leía en una lápida la historia de un hombre que tenía un sueño en el que soñaba que era un hombre interrogado por la policía que contaba que había visto a una mujer en un holograma hablar de un extraño remedio contra la infelicidad…¿Qué nos quería dar a entender el autor de la película? ¿Qué la felicidad era ese sinsentido, esa  irrealidad, ese juego de voces o cajas chinas? Francamente me parecía una película inadecuada para cualquier edad, me parecía una película propia de la generación siguiente, pero no de la mía. Me quería ir a la cama a descansar, pero esas imágenes me acechaban. ¿Y si soñaba? ¿Y si al dormirme no podía dejar de soñar? ¿Y si todo era un sueño como en la película y yo sería parte de la historia de la lápida o del relato del cuento o del sueño de un hombre? No quería ni pensarlo. Así que cogí mi abrigo, salí fuera, caminé mucho rato las calles heladas sintiendo espasmos, hasta que te encontré a tí y ahora al contártelo me siento mucho más tranquilo.
 

Me quedé frita, no conocía de nada a ese señor y me estaba contando una historia que no tenía ni pies ni cabeza, yo era una honrada autoestopista de la nacional treinta, que no se metía con nadie y que dormía por la noche en un parque bajo seis cajas de cartón y de repente me encuentro con un viejo que me cuenta la historia de que ha visto en la televisión la historia de un hombre que estaba leyendo un cuento sobre un hombre que leía la historia de un hombre que grababa en una lápida la historia de un hombre que tenía un sueño en el que soñaba que era un hombre interrogado por la policía que contaba que había visto a una mujer en un holograma hablar de un extraño remedio contra la infelicidad ¿Cómo podía escuchar todo esto sin sorprenderme? ¿De la infelicidad de quién? No sería la mía, por supuesto, que yo tenía la conciencia muy tranquila y nunca había sentido la infelicidad. Así que elevé mis brazos hacia El Señor y dije ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
 

–¡Aleluya!—dijeron al unísono todos los miembros de la secta. Esta vez sí que me había metido en un lío, aquella exmendiga estaba en el centro para liarnos a todos la cabeza un poco más ¡Tenemos que mirar a quién dejamos la asociación! Nuestros clientes no pagan una ruina para que tengamos sus departamentos atestados con denuncias a locales de congresos en los que una exmendiga eleva la voz para contar que un viejo le había contado que había visto una película en la que un hombre leía un cuento sobre un hombre que grababa en una lápida la historia de un hombre que tenía un sueño en el que soñaba que era un hombre interrogado por la policía que contaba que había visto en un holograma hablar a una mujer sobre un extraño remedio contra la infelicidad…¿Qué pretendía esa mujer con ello? ¿Convertirnos a Dios? ¿La infelicidad es estar sin Dios? A lo mejor es eso la infelicidad y no nos hemos dado cuenta. ¿Ser feliz es transformar una espiral descendente hasta el principio y que todo lo incluye? ¡Parecía la obra de un loco! ¡O de un endemoniado! ¿Qué tipo de mente puede llegar a pensar algo tan retorcido? La verdad es que daba miedo. ¿Era una mujer vagabunda capaz de inventar una narración así? ¿Y con qué propósito? No. Había algo más inmediato al hecho de la conversión, de alguna forma pretendía crear el milagro. Me alejé de allí con la congoja de que quizás no fueran muy duros con ella mis superiores, sentía el odio que secreta siempre la envidia en estos casos.
 

–Yo  no cambiaría ni una coma, de verdad—dijo el presidente del jurado. Y tenía razón.
En toda mi vida de crítico jamás había visto nada igual. Yo era un miembro del citado jurado de un concurso literario en el que acababa de leer un cuento sobre un ejecutivo que cuenta que está indignado porque una mendiga cuenta en un local propiedad de unos clientes que un viejo ha contado que ha visto una película en la que un hombre leía un cuento sobre un hombre que grababa en una lápida la historia de un hombre que tenía un sueño en el que soñaba que era un hombre interrogado por la policía que contaba que había visto a una mujer en un holograma hablar de un extraño remedio contra la infelicidad…¡Y si la infelicidad era esto! ¡Poder formar parte de la historia de otro y limitar así toda responsabilidad! ¡El tranquilo placer de no ser más que el eslabón de una cadena que no se cierra y que está manejada por alguien muy superior olvidado en las sombras! ¡Y Si la autoría del cuento del que soy parte no importara tanto como formar parte del reparto o del dramatis personae? ¿ Y si todos en la vida fuésemos sólo dramatis personae? Eso me daba miedo, el cuento era genial pero…¿Y si comprenderlo significaba el final de la historia? ¿Y si comprenderlo significaba el final de mí mismo y que yo desapareciera para siempre al final de una oración o una frase cuya última palabra me diría si lo que pienso es falso o no? ¡Dios mío, dime que no estoy en lo cierto!
 

 

 

FIN DE LA HISTORIA

EL ATAQUE DE LA COLONIA XIÓN

Miércoles, 5 de mayo de 2010

 

“Los tiempos que estamos viviendo ahora son tan tormentosos que ya no vale la pena dedicarse a la ciencia ficción, porque la realidad es ciencia ficción”
 

Stanislaw Lem, entrevistado en la revista El Cultural el 8-4-04
 

 

 

EL ATAQUE DE LA COLONIA  XIÓN
 

En la parte de mí que sé cómo sentía no queda nada. La huella de la sensación se difumina, se expande como una mancha, una laguna que se seca. Supongo que estuve expuesto a los efectos de la radiación más tiempo que el resto de mi equipo, lo que no comprendo es que fallo en el sistema había posibilitado mi autoconsciencia. La bomba de olvido estandar (BOE), el arma más poderosa de la unión terrorista intergaláctica por la libertad (UTIL), había borrado, como era su propósito, mis recuerdos de todos los atentados cometidos por la organización, dañando seriamente la zona de mi cerebro que sentía piedad.
Empecé a simpatizar con la UTIL cuando descubrieron que la única forma de anular a los terroristas era extirparles la zona occipital de su cerebro donde se localizaba el patriotismo. Una vez conseguido, el sujeto quedaba convertido en un simple funcionario; a lo sumo un encargado de una tienda de alimentación.
En cuanto a mí, la BOE había borrado todos los atentados cometidos por la UTIL mediante el sistema de gnosis conductiva; los pensamientos no son más que corrientes de energía que se desplaza a gran velocidad por la sinapsis neuronal del cerebro y que vibran en una determinada frecuencia que puede ser detectada, interferida, incluso eliminada. Como si nuestro cerebro se tratase de un ordenador, esta frecuencia es un código que permite clasificar correctamente nuestros recuerdos. De esa forma, cuando recordamos un chiste de mariquitas, automáticamente recordamos todos los demás pues la frecuencia ha abierto un espacio neuronal necesario en la neurona del cerebro asignada a tal menester. Mediante un proceso complicado y costoso y de una envergadura similar a la del desciframiento del genoma humano, se descubrió que es inherente a nuestra especie compartir la misma vibración de frecuencia de pensamiento según qué recuerdo, esa vibración podía transformarse en una simple cifra matemática llegando a producirse nuevas aplicaciones al sensacional descubrimiento, por ejemplo,  una experiencia sexual con la felatriz Lexisa Lexti fue un bello recuerdo del galán de mezzoTv, Runio Favio, que pudo ser transformado en una larga cifra de números y luego mediante un sistema estereoscópico de realidad virtual implantado en la memoria de un programa recreativo de una computadora, para que todo el que quisiera tener esa experiencia pudiera hacerlo mediante el pago de un abono en cuyo lote se incluía destruir naves espaciales más allá de los límites de la confederación y ser Mick Jager cantando sobre el Madison S.G “Simpaty for the devil” con su eterna gabardina amarilla antibalas.
 

–¿De Veras que no recuerda nada? ¿Ni los secuestros del 2030, ni la masacre de Gudorev, ni la horrible muerte de Fannia Operto?–Me preguntaba mi psiquiatra impresionado.
–No.
–Al menos…¡Recordará el ataque de la colonia Xión!
–Tampoco…
Mi psiquiatra desesperado se daba cuenta que la BOE me había hecho daño más de lo que entraba en sus cálculos.
–¡ PERO ESO ES IMPOSIBLE, SI FUE ALGO MÁS CRUEL QUE LOS HOLOCAUSTOS DE LOS  SIGLOS XX  Y XXI !
–No hace falta que chille. He olvidado los atentados de la UTIL…y por desgracia acciones tan crueles como…¡PUES NO RECUERDO NADA, LO SIENTO!
Lo que verdaderamente sentía era no saber lo suficiente sobre los holocaustos de los siglos XX y XXI, sé que fue algo que estuvo muy feo y que no debe repetirse, pero la historia no ha sido nunca mi fuerte. Mi ignorancia sumada al efecto de la BOE dejo como una tábula rasa mi memoria. Al menos no soy como esos que se creen que Chales Xavier fue un personaje de ficción.
Me hice famoso, yo, el periodista de investigación espacial que había descubierto el primer precioso niño-ser, había olvidado los holocaustos. La comunidad científica se movilizó, pensaban que si entendía el ataque de la colonia Xión entendería todo lo demás. Lo primero que hicieron fue hacerme suyo, vendí mi mente a la ciencia y me aseguré una fortuna importante de por vida. Se trataba del bien común por otra parte, se trataba de eliminar los efectos del olvido, de lo que no debe nunca ser olvidado. Durante días dormí soportando el sistema Huxley, unos cascos en mis orejas que se acoplaban más fuerte y se conectaban una vez que yo había iniciado la fase REM del sueño serían mis instructores, de esa forma inyectaban a mi inconsciente palabras y conceptos que luego debería compartir como investigador y que me ayudarían preparándome para la fase más importante del experimento antiolvido, de continuo escuchaba dormido cosas como ésta:
“El proceso reactivo alimentó a las células locales que llevan a cabo atentados terroristas, los actores ulémicos conservadores, los políticamente correctos y precisos, los estabilizadores, los democratizadores, y los nacionalistas, los que lucharon dentro del estado de derecho en contra del mismo, los que lucharon fuera a favor de él, cada planeta era un mosaico de mapas políticos y esto finalmente se logró derogar…Un planeta, una idea. Planetas laicos, planetas tiránicos totalitarios, planetas democráticos y planetas colonia, muy vulnerables. De todos ellos destacar la colonia Xión…”
Seguía una dieta especial similar a la de los ajedrecistas de élite, también hacía mucho ejercicio físico para oxigenar convenientemente mi cabeza y comía al aire libre junto a un mar artificial de olas y colores artificiales sazonado con gaviotas robots que emitían trinos relajantes. De investigador pasé a investigado en un balneario suspendido en una base en el espacio donde la gravedad cero y la música de Bach hacían de mí un hombre nuevo.
–Podríamos hacer de él un genio–escuché decir a un científico.
–Pero seguiría sin salir del mito–contestó otro.
–También podríamos usar la máquina de regresión.
No pude por menos que inmiscuirme en una conversación que me atañía directamente, los sabios de la ciencia algo azorados me dijeron que estaban pensando seriamente en simular en un entorno de realidad virtual el famoso ataque de la colonia y enviarme allí como un reportero interestelar. Me pareció una excelente idea.
–Entonces ya no hablemos de otra cosa–dijo el científico que habló primero–, pongámonos en marcha.
En el plazo de un mes estaba todo listo, la maquinaria en forma de cruz, con enormes y obsoletas clavijas llenas de cables,  donde mis manos y mi cabeza estaban cálidas y reposadas entre sensores, era como el mejor de los sillones masajeantes, una coraza cubrió todo mi cuerpo y el entorno se oscureció, poco a poco fui escuchando las voces del equipo de científicos en la lejanía y sentí una sensación similar a la de un sueño. No sólo iba a ser un testigo excepcional del ataque de la colonia, iba a narrarlo para el mundo.
El ataque llegó con el sol en el cenit de su color, las montañas radiactivas iluminaban la ciudad por la noche y habían amplificado sin proponérselo su antigua fosforescencia. Decían que se podía reconocer a un xionita por la fosforescencia, que el paisaje hacía reverberar una luz especial en su cara…Otros lo achacaban a que en el principio de los tiempos estos seres fueron ayudados por ángeles.
Todo era precisamente correcto, no había nada que no estuviese modificado en ese planeta. Lógicamente eran desconfiados con los extraños, nadie extranjero había llegado a aquel lugar con otra intención que no fuera destruirles. Era como si los xionitas arrastraran una maldición. Debería existir un poder que lograse compenetrar los seres que en distintos planetas respiran la misma atmósfera, con los xionitas no era posible, era como si hubieran elegido ser el más duro contrincante imaginable. Sus sufrimientos a lo largo de la historia eran inenarrables, pero por alguna misteriosa razón la UTIL los había elegido para destruirlos. Aunque su tiempo solamente hubiese durado un segundo, los xionitas estaban condenados a perecer. El resto haríamos las veces de público, la gente insistía en ser tutelada por personas estupendas designadas ridículamente, amparadas por una caduca confederación que en su tiempo velaba por la supremacía de la especie humana, pero que acabó admitiendo que los seres humanos habíamos sido creados en una suerte de Disneylandia llamada Tierra donde las familias respetables de sxneufxsx se divertían espiando cómo nos destruíamos los unos a los otros para su placer, pues para ello nos habían sin ninguna malicia creado. La especie humana tardó mucho tiempo en comprobar y corregir su propia naturaleza y para entonces la pesadumbre, el vacío y el asco habían arrastrado a casi toda la población a los suicidios colectivos ofrecidos como prueba de amor redentor a sus señores sxufxsx. Los modificados biónicos, entre los que me encontraba  junto a mi compañera Ranxa que sobrevivió a la explosión BOE aunque no corriera la misma suerte el resto de mi equipo de investigación, seguíamos inmersos en el conocimiento del cosmos, pensando que la verdad era la única verdad digna de ser tenida en cuenta. Tras el descubrimiento del precioso niño-ser, el universo no había vuelto a ser el mismo y había entrado en una espiral de violencia que llevó a culpar directamente a los sxnufxsx de extender la violencia que habían inducido a la especie humana.
Los xionitas eran los más parecidos en su composición orgánica y genómica a los terrestres, respiraban su misma atmósfera y su violencia fue inducida por ángeles en vez de por sxnufxsx, dotados de parámetros místicos superiores, los ángeles pretendían que la especie que ellos crearon para su divertimento llegaran a la muerte a través del éxtasis, de esta manera los xionitas  habían sacralizado la muerte haciendo una epopeya de su historia y siendo su colonia el parque temático de violencia más espiado de toda la galaxia. Por eso, la expectación levantada por su decidida aniquilación por parte de la UTIL nos había convocado en los satélites artificiales de Xión, Usaf y Britán, para ser testigos excepcionales de la ley del más fuerte. Un niño-ser iba a nacer en la colonia y esa sería la señal, la UTIL, compuesta por los seres más crueles de la galaxia global, casi todos ellos seres humanos, había pactado con los ángeles convertir en un espectáculo de violencia la eliminación de Xión, en lugar de condenarla a el olvido. Al parecer, el éxtasis que se produciría en los xionitas, el martirio de su extinción glorificada, rapsodiada y glorificada, no divertía tan sólo a los ángeles que les habían programado en sus mentes para este momento final, también despertaría el placer sádico de los humanos de la UTIL, aunque a mí, como humano, me repugnase. De todas formas sospechaba, desde el observatorio 12-506 del satélite Usaf, que mi condición humana acabaría disfrutando con la aniquilación de la colonia despertando mis sensores belicosos de venganza y honor que me implantaron en el ejército. Empecé a sentirme constructivo, era alguien para los demás, un maestro no pero sí alguien del que aprender. Miles de cámaras apuntaban  hacía mí y yo no las veía, miles de ojos que me reproducirían y nunca nadie podría verlos, nanomáquinas prácticamente dotadas del don de la invisibilidad, cada una del tamaño del tallo de un cabello, flotando.
El planeta colonia parecía una bola de billar roja, poco a poco fueron ajustando la pantalla telescópica  y la sensación que tenía era la de estarme acercando al planeta propulsado por una nave espacial, pero era ficticia, por otro lado yo estaba atado a una máquina de recreación virtual, por lo tanto estaba viviendo una ficción dentro de otra. Empezaba a sentir mis recuerdos pero no sabía si los recuerdos eran míos o los de un implante de memoria, en todo caso sabía que en algún momento de mi vida había decidido ser superior, había optado por la violencia del mismo modo y me vi recluido en una cárcel, me ve en mis recuerdos atracando bancos, destruyendo máquinas, disparando contra vehículos, manejando todo tipo de armas, primero soy un soldado y luego soy el líder de los soldados y lucho contra otros soldados, parece una guerra pero es un infierno que yo mismo provoco, caigo en la cuenta de quién soy realmente, mis recuerdos no están siendo incluidos en mí sino extraídos de mi cabeza, me están abriendo la mente, vuelvo a donde estaba al principio, vuelvo a donde sufrí el efecto de la bomba, mientras tanto veo como la bola de billar roja se hace más grande y se acerca pero no soy yo, es mi verdugo, por un momento creí que él era yo porque yo estaba en su mente cuando él estaba en la mía, siento vértigo como antes sentía la emoción, yo me sentía alguien porque el mundo estaba pendiente de mí pero esa era la mente del verdugo  la que sentía eso y en un momento se duplicó en la mía porque el estaba entrando en ella…¿Pero por qué? ¿Qué tipo de terapia regresiva era esa? Su emoción estaba cercana al entusiasmo, el asesino cumpliría su cometido quizás en mí y yo volvía a los recuerdos de muerte y destrucción que me pertenecían pero que también le pertenecían a él, supuse que su mente también estaría conectada con la de un juez y la del juez con la del grupo minoritario que nos gobernaba, así que deduje que mi destino estaba en manos de aquellos que había combatido pues empezaba a ver claro que yo fui una víctima más de mi propia bomba y que mi equipo que yo creía de periodistas cubriendo un conflicto era un grupo de terroristas que lo provocaba, debimos calcular mal el efecto de la onda expansiva y yo sufrí daños colaterales, las tristeza por todos y cada uno de mis compañeros muertos llegaba a mí, la pena por cada uno de los mismos que antes habían sufrido prisión se volvía nítida y tangible, recordaba mis lecturas de adoctrinamiento, libros enteros que justificaban masacres, libros de extrañas teorías religiosas que poco a poco se iban haciendo comprensibles, sentía crecer mi intelecto y discernimiento y entonces sentí la rebeldía en mí y la rabia, me había convertido en un  fanático, la razón me asistía, me convertí en un prodigador de la misma, con mis adeptos hacía proselitismo, luz esperanzada, sangre en la camiseta, olor a explosivo C4, la opción de ser un héroe muerto o un cobarde vivo, las delaciones ignominiosas, el reverso de la tranquilidad, la música, los lugares de recreo, los campos de entrenamiento, el fragor del combate, los momentos de miedo, el día en que dejé de sentirlo, la colaboración con el enemigo para seguir viviendo, los tratos manchados de dinero y rencor, acciones de combate contra objetivos civiles, la impiedad, el destello luminoso del sadismo, el goce de la victoria, el placer de la huida, los disfraces para escapar, los caminos, los senderos, los planetas, las colonias, las ciudades, las víctimas, los aliados, los enemigos, los resultados, los compañeros.
La vida como una alucinación y aun sin poder borrar los recuerdos que me hacían creer que había sido un periodista y que seguramente sería un sistema de seguridad implantado en mi mente para en  el caso de ser detenido superar todas las pruebas del polígrafo, ni me sentía envidioso de mi vida falsa ni sentía temor de la muerte. Sólo tranquilidad y paz. Que todo lo que ocurra suceda porque tiene que ser así.  El diablo tiene muchas caras pero siempre refleja la misma.