Archivo de octubre de 2009

YO CREO MI DESTINO

Viernes, 16 de octubre de 2009

Yo creo mi destino
 

Desafortunados los que piensan que no hay existencia sin límites,

zonas blancas del alma para el que iluminar es un suceso,

casas que son frontera de la gracia,

banda de los hechos en la que reina lo extremo,

restos de pasos en pasadizos.

La carne en llamas sobrevuela el lujo del mundo

y la nada es la perfección del maestro,

para el resto soberanía de los astros.

Yo creo mi destino.

Te llevaban la llaga de la flor al pozo de tus labios

Viernes, 9 de octubre de 2009

 TE LLEVABAN LA LLAGA DE LA FLOR AL POZO DE TUS LABIOS
 

Te llevaban la llaga de la flor al pozo de tus labios,

el templo de tu vida arrancaba la gracia de tu rostro

con pesadez de insecto con alas encendidas.

Una raya en la memoria era la prematura voz de la muerte,

era entonces cuando tomabas forma cautivado en la luz

y el espejismo la ciudad de ceniza navegando en tus venas

y tus rostros de niño te saludaban como espectros para la fiesta del Kaly-Yuga,

un paso en falso para más alta meditación,

un paso en falso para caer en la apertura de todas las puertas

y recorrer con un dedo los salmos buscando martirio o redención

y recorrer con un dedo las falsas profecías,

esas que te decían que te convertirías en tu propio señuelo

y que acabarías devorado por los perros del sueño,

antes de las paradojas elásticas y del tacto invisible de las manos siniestras.

¿Quién cantaba en el barro la canción que cuenta tu destino?

¿Qué estrella de los deseos solamente estalló en tu desdicha?

Yo comprendo la verdad

y la verdad está muerta por las palabras.

Abraza la carencia que hierve en tu cabeza con el ardor del acero fundido

porque ya no estás solo como la larga noche que bebe tus recuerdos,

ya no estás solo como la esfinge quebrada en la infinita arena del desierto,

ahora no tienes nombre

y ahora tienes por nombre el nombre de los pájaros y los planetas,

el nombre de los nombres sin nombre que nombran lo innombrado,

frontera para huir y deshacerse como la escritura del tiempo en tablillas petrificadas,

porque existe una mímica de nuestros actos mil veces repetidos

que nos hacen una piedra rodante en el vértice ignoto de la locura.

No podrán obtener de mí más de mí,

no me daré a las fuentes que desgastan mi alma como a una ramera vieja,

mi fortaleza prevalecerá con santidad sobre el desvarío de los hombres

y crecerá por los siglos de los siglos.

Y tú conmigo.