Archivo de junio de 2008

COSMOS

Lunes, 30 de junio de 2008

COSMOS

 

 

 

 

La piel de aquellas personas se había vuelto transparente, después de escucharles a todos hablar en círculos tenía la vaga impresión de ser parte de ellos pero aquel grupo se había colado en los intersticios de la colonia espacial formando su propia comunidad y manteniendo sus propias costumbres. Eran muy altos, de más de tres metros y no parecían mayores ni siquiera los adultos. Muy delgados y vestidos con túnicas plateadas parecían indicar un camino cuando giraban bailando hacia las estrellas con sus manos. Mucho tiempo estuve observándolos porque me encontraba ocioso en aquella colonia y para mí eran tan desconocidos como los habitantes de mi propio planeta. La mujer que era su líder se llamaba Runka y era vistosa, de larga cabellera rubia y ojos grandes y de un azul intenso. “Amigo cósmico” me dijo “Bienvenido a la comunicación telépata” y no movía los labios para hablar. Yo quería contarle sin hablar también algo sobre los restaurantes chinos de la calle de una casa que conocí y lo hice también sin mover la boca. Rápidamente comenzamos una larga comunicación entre nosotros, las voces aterciopeladas llegaban a mis oídos dentro de mi mente por parte del grupo, qué quieres saber, me decían, por qué acudes a nosotros. Estábamos en un apartado de la nave en el que se cultivaban plantas medicina para el pasaje, yo probaba esas plantas de mi mano plantadas pues ese era mi cometido, yo era el jardinero de la gran nodriza y era el único terrestre que no había nacido en aquel lugar, el resto eran humanos modificados y presos comunes con narcóticos en su tratamiento. Yo deseaba las plantas hilarantes y las que me hacían tener sueños claros y bonitos, aspiraba su perfume y preparaba mi pipa para la experiencia con Runka. Di una calada a mi pipa de plantas, una oleada de sensaciones maravillosas me invadió por entero y poco después volvía a dar otra calada sintiéndome conectado a todo, conectado al infinito…Ven a la puerta del cosmos dijo la voz, es la puerta que se abre sin que nadie la pueda cerrar, es la puerta que siempre queda abierta. Mi pipa seguía encendida proyectando un halo verde de feminidad, el gran ángel no es un ángel seguía diciendo la voz, en el planeta de los helechos, proseguía, existe el cielo estratificado en el que todo es duro y conmensurable, es la nueva partida de vidas que necesita su centro devorador de ahí es donde procedemos, somos una comunión sagrada de símbolos y estamos prisioneros del cuerpo y del tiempo como tú, humano, sólo que para nosotros es mucho más doloroso porque nuestra naturaleza es suprangélica, así que debes comprender sin miedo que nos comuniquemos contigo con gran exactitud cíclica de tiempos estrellados y años azules como el líquido que has bebido antes de entrar en el sistema, así que no nos pienses porque existimos a través de ti pero sin tu conveniencia…Asustado le di una calada a mi pipa llena de substancias psicotrópicas que me hacían tener alucinaciones auditivas en espera a que se siguieran aquellas comunicando conmigo. De nuevo, dijo la voz, hemos vuelto para tomar vuestros cuerpos y habitar entre vosotros y ser perfectos en cuerpos imperfectos y poder así vivir cien o doscientos años si no tomamos carnes ni bebemos licores y sobre todo si no fumamos. En vuestros cuerpos habitamos cómodos, no como parásitos pero tampoco como invitados. Llegará el día en que nos dejéis meternos en vuestros cuerpos de forma voluntaria y así tendremos bonitas experiencias, tú ya las tuviste cuando te metiste en los cuerpos de otras personas aunque creyeras que era falso. La humanidad está pasando por la etapa de los sueños sin edad, luego llegará a la edad de piedra del espacio y más tarde al sonido del tubo que vibra y hace que se teletransporten los objetos mediante el canto de los dioses. Ahora concéntrate mientras me poso sobre ti. Flap, flap, flap agito mis alas…y voy a ti. Puedes encontrar en mi mirada que te mira las cosas que te dicen lo que oyes, pero si escuchas con atención encontrarás también todo aquello que pesa, que quema, que muerde, que daña…porque la comunicación, flap, flap, flap, es dolor y el dolor es comunicación, así sea. Todo asustado di una gran calada a mi pipa hasta agotar sus existencias, se me puso la cara roja como un tomate y el cuello morado, tenía la lengua azul y me costaba trabajo respirar, eché un vistazo al cielo infinito del cosmos desde la nave y a mis espaldas estaban los gigantescos campos de verduras, éramos como una gran lata de sorpresas y de conservas, éramos nosotros. Cuando por fin pude respirar ansiaba nuevas drogas en mí, de hecho me había metido a jardinero porque en el fondo tenía alma de yonky y sabía que toda mi vida sería un drogadicto y que la droga me amaba y me daba besitos por las noches y me acunaba, joa, joa, joa…Me miré en el reflejo de mis gafas que me había quitado porque estaba llorando de la emoción y me descubrí en mis gafas de espejo con mi cara de hortera de la pradera viva la droga, mi cara de espécimen humano de cuello rosa y cara sin afeitar, me amaba mucho. Escupitajeé el cristal de las gafas de cristal gluglú-posflash-especulum y me sentí mejor al ver clamente mi cara humana reflejada allí como en una bola de navidad, reí muy fuerte, joa, joa, joa, y escuché los cantos de los altísimos extraterrestres que bailaban y vi la cara de la mujer que me miraba y que me quería decir algo pero que estaba muy lejos y que parecía una muñeca, que se había alejado mientras yo la escuchaba o yo me había alejado mientras ellos bailaban, no lo sé. Deseaba beberme litros de alcohol y deseaba inyectarme heroína por mis venas, ya no eran suficientes las plantas que yo cultivaba en secreto y que consumía a diario, me había vuelto un loco de la droga y la droga me lo daba todo y me hacía sentirme superior al resto de los mortales, así era. El caso es que para los demás la droga no valía tanto, la droga había tenido su momento y ahora preferían la realidad virtual que era igual a la realidad y que por ello no era necesaria. Mis compatriotas vivían en espejismos de luz y de color  y se envolvían en ellos, La máquina se llamaba Uterum y servía para que uno se sintiera en el vientre materno durante catorce horas diarias y es por eso que las casas eran transparentes y los paneles podían moverse y convertirse en pantallas y las pantallas podían convertirse en luz y en cualquier elemento, la materia se plegaba a nuestros caprichos pero la materia de la que nosotros formábamos parte no, era un seguro para no volvernos locos, tampoco podían volverse contramateria toda aquella materia carnal que nos formaba y aunque muchos deseasen ser pura energía como algunos seres de otras galaxias, el hecho era que el ser humano no podía arrancarse su parte carnal y el espíritu sufría atrapado en ella y lo hacía con gran celeridad en un proceso de angustia que iba in crechendo. Me alejé un poco más hasta que miré a los altísimos seres como si fueran muñecos, difícil era escuchar sus cánticos, más difícil aún seguir sus bailes. Los había apartado de mí con la distancia pero mi pensamiento seguía en ellos y ellos seguían teniendo su pensamiento en mí, en especial la mujer. Es curioso como la distancia hace que las ideas se clarifiquen y cómo nos ayuda a conocernos mejor. La belleza era insuficiente, todo parecía frío y ajeno y resultaba penoso de soportar. Todo se volvía una carga, yo buscaba, yo deseaba, yo pretendía la oscura fluidez, los sonidos que parecían llenarlo todo con su presencia y que salían de los objetos que parecían animados, la brujería de la técnica superior haciendo que nuestras vidas fueran un juego. Yo deseaba la tecnología suprema que borraría todos nuestros pesares y por las que siempre seríamos libres y descansados. Mire mis ropajes, con objeto de tener más créditos en mi cuenta bancaria había accedido a llevar una gabardina pantalla, esa prenda podía exhibir más de treinta anuncios por minuto con videos a todo color, en aquel instante se puso a funcionar y un hombre corriendo detrás de un oligofredo para tomar su ración de numilla descongelada apareció en mi ropa, el slogan también era sonoro pero yo no lo podía escuchar, sólo podía escucharse a cinco metros de mí, de esa manera los decibelios no me volvían loco. Después mi gabardina se dividió en dos pantallas y empezó a proyectar algo a juego con los cristales de mis gafas que también se convertían en dos pantallas o en una sola aunque yo pudiera seguir mirando a través de ellos. Necesitaba el dinero para comprar las semillas de madreselvas alucinadoras venusinas o magamaflujo rododendro plutoniano que necesiataba mucho frío para crecer. Mi cabeza se había vuelto un revoltijo de aditamentos adictivos, unas carencias se desquitaban con las otras y consumía unas drogas para paliar los efectos de otras y de esa manera me había vuelto un botiquín de píldoras que hacía viajar en los compartimentos secretos de mi camarote de la nave, el objetivo era sentirme a tope sin necesidad de inyectarme, no recordaba la última vez que dormí porque no lo necesitaba, las drogas me habían vuelto un superhombre sin cansancio y también habían incrementado mi inteligencia y mi curiosidad. Había implantado un cybermecanismo en mi nariz para poder aspirar cocaína a supervelocidad y también me había injertado piel tópica para las drogas de asimilación cutánea, el noventa y cinco por ciento de mi tiempo estaba drogándome y siempre vivía en una continua espiral de viajes psicotrópicos que se habían vuelto mi única realidad. Entonces me di cuenta de que era muy posible que los extraterrestres altísimos sólo fueran un producto de mi imaginación, así como la nave, así como la fantasía de ser jardinero, así como mi gabardina, así como el viaje espacial en la nodriza. De repente me vi paseando por Triana en el planeta tierra en el principio del siglo veintiuno, tenía el cuello encendido de calor y la cara hinchada como los ojos, estaba lleno de grifa y la mujer telépata era una sueca que bailaba con sus amigos suecos en la tasca los claveles, yo estaba drogado mirándola desde mi asiento y antes desde la ventana afuera en la calle y por eso había inventado toda una paranoia espacial de ciencia ficción. De repente temí algo: realmente estaba en la nave nodriza y mi mente se movía en el tiempo llevándome por barrios sevillanos. En ese momento no pude saber cuál era la verdadera realidad, quizás me hubiera vuelto loco de no ser porque la droga me hacía darme cuenta de que todo lo que vivía era real, real viaje psicodélico…¡Entonces no había por qué preocuparse! ¡Qué importaba quién fuera y dónde estuviese mientras estuviera drogado! Luego tuve un pensamiento espantoso, yo no existía…yo jamás había existido y sólo era la invención de la mente de un escritor en un cuento que estaba dentro de una página web…la nave, Triana, las suecas y suecos, los altísimos extraterrestres…todo era fruto de la imaginación de un escritor y yo también era el fruto de la imaginación de un escritor. Podría hacer que el escritor narrara como me acercaba a la barra de una bar y me tomaba una copa, así que así lo hice: me acerqué a la barra y me tomé una copa, luego pedí otra pero no la tomé, me la quedé mirando sin empezarla esperando a que el escritor hiciera algo conmigo pero no ocurría nada, la narración no avanzaba y yo estaba allí parado mirando mi copa. No pensaba moverme hasta que el escritor hiciera que la bebiera pero en vez de eso el escritor hizo que pasara el tiempo y que llegara la hora de cerrar y que me dijeran los camareros que tenía que irme y que me tenía que acabar la copa deprisa pero yo no quería hacerlo porque sólo bebería si el escritor me hacía beber, entonces cuando así lo dije a los camareros se extrañaron mucho conmigo pero yo sonreía y les decía que ellos no existían y que a lo mejor esto no era Triana sino una nave espacial gigante y que si miraban mi gabardina verían como se proyectaban anuncios en ella y lo que ocurrió fue que los camareros llamaron a la policía pero yo les dije que no habían sido ellos los que habían llamado a la policía sino el escritor que manejaba sus vidas, al final el escritor hizo que uno de ellos saliera de una esquina con una escoba y quisiera pégarme si no acababa la copa y me largaba pero yo decía que no podía hacerlo si el escritor no me dejaba y así estuve mucho tiempo en aquel sitio hasta que no sé lo que pasó y después me levanté en la sala de un hospital lleno de luces sobre una cama con mucho dolor en el cuerpo y viendo chiribitas a mi alrededor, era el hospital de la nave nodriza pero los médicos me hablaban con acento andaluz y la mujer altísima ya no hablaba conmigo telepáticamente y no sentía la manera de ponerme en contacto con ella porque pensaba que a lo mejor era ella la que lo había inventado todo pero los médicos me decían que sólo yo era el que lo había inventado todo y yo no quería creerles porque sabía que nuestras vidas son el producto de otra que decide por nosotros y que realmente no vivimos sino en la mente de una persona que nosotros llamamos cosmos. Después el escritor quiso que yo tomara muchas pastillas amarillas y que no tomara más drogas y las pastillas amarillas eran otras drogas pero no se llamaban así y las vendían en estuches y en farmacias y eran drogas para la gente que tomaba drogas porque el escritor era un cachondo que se reía de mí y que me ponía en un estado de postración después de haberme hecho vivir a todo tren una vida libre. Una broma del cosmos.

PANDEMIA

Lunes, 30 de junio de 2008

PANDEMIA
(Mi regreso al planeta Tierra)

Madrid 3, noviembre 2044.
 
El videoartista había instalado en la plaza construida en honor de las víctimas de las torres  Picasso un tratamiento visual que reiteraba una y otra vez una secuencia titulada “La oración”,  rememorando aquel fatídico día en el que el presidente Powel y su gabinete de crisis nuclear hicieron saber al mundo que por el bien de la humanidad las bombas habían sido lanzadas. El gabinete de crisis, el presidente Powel y su mujer, chaquetas y  corbatas oscuras, con la cabeza baja rezando una oración, el sombrero con gasa de la mujer de Powel, apretados para salir en el plano, la mujer del presidente lloraba, la explicación de que era lo mejor para l os pueblos de la humanidad, el sombrero arrugándose contra el estómago, este es un día triste para la humanidad, he tomado esta decisión sabiendo su elevado coste de víctimas humanas pero sabemos que hubieran sido muchas más si…, un miembro del gabinete también está llorando, nadie levanta la cabeza, Dios bendiga a América, Dios salve al mundo libre, Dios salve al mundo libre, todo me parecía hermosamente preconizable y poético como si lo malvado formara parte del plan exacto de  un relojero dios.
Dios salve al mundo libre… Era el grito que utilizaba mi padre en la guerra de España y Francia cuando la invasión chinomusulmana, antes de que yo naciera y del incendio del Vaticano. Aquel espectacular montaje de videoarte, antes de que Japón desapareciera bajo las aguas, nos convencía de haber sido los unos para los otros como diablos enfermos. El eco de un padrenuestro en inglés me acompañó mientras bajaba a la erremegé con un paso nervioso. Del panel de control de la RMG (Red de Metro Global) señalado por el láser de mi pulsera de identificación y comunicación, unas imágenes de las modernas colonias de Africa que yo por equivocación seleccioné cuando mi intención era llegar a Madrid 6, me invitaban a conocer los antiguos países comprados por multinacionales y pacific ados por oenegés, así que perdí el tiempo viendo Hispaniam, genial me parecía que las culturas quisieran desglobalizarse y buscaran sus raíces puntualmente, acordando reunirse los desheredados de Europa que procedían de América Latina. Eran iglesias como las que construyeron los españoles conquistadores y los portugueses, al menos en apariencia; luego descubrías que el edificio se ampliaba transformado en un hotel y en unas edificaciones horizontales adosadas que ocupaban kilómetros. Los nativos africanos de países que habían pasado hambre y luchado la penuria económica, se mestizaban olvidando cómo fueron diezmados por el sida antes de que se descubriese la vacuna. El mundo que había girado sobre dos fuerzas, una globalizadora y otra étnico-nacionalista, pero ambas complementarias, ahora sólo quería olvidar y empezar de nuevo, bastaba que poblaciones enteras decidiesen buscar sus propios valores antiguos en otra parte del mundo para que acabasen aceptando la cultura del país pacific ado en una ensalada cultural sabrosa y enriquecedora. Cuando las multinacionales comprendieron que el negocio estaba en África, antes que en otros planetas, la tecnología hidrográfica y de cultivos fue convirtiendo el viejo continente en un moderno paraíso, un destino para artistas y escritores como antiguamente lo fue Nueva York antes de ser destruido. Tan tentado estaba de acabar mis días en alguno de esos nuevos países cuando me di cuenta de que un gusano peludo del tamaño de un perro pequeño subía por mis pies y luego escapaba a la carrera por los pasillos. Los hakers genomistas, los mejor llamados genohakers, se dedicaban a crear interesantes seres vivos–y lo peor es que algunos de ellos inteligentes–desperdigándoles por metros, estaciones y museos; cuando la policía les daba caza encontraba tatuado en alguna parte de su cuerpo el nombre de su creador… Los genohakers querían lo mismo que los hakers informáticos, buscaban la fama suficiente que les abriera la puerta de alguna multinacional, pero el Estado controlaba la producción de seres vivos genómicos desde la aparición del primer niño-ser, no querían que las avanzadas técnicas de ingeniería genética volvieran a crear nada que superase la comprensión del ser humano y eso sin contar a los que veían la mano de Dios en el fenómeno, escindidos ya en innumerables sectas que pugnaban entre ellas por demostrar la creación del universo de los vivos, cuando no de los muertos. Personalmente pensaba que el grado de confusión creado se debía al exceso de información, pues al no poder coartarse la libertad de expresión de aquella, ésta quedaba envenenada con datos falsos, mentiras creadas ex profeso y distorsiones interesadas, de esa forma, al saturar al individuo con una percepción de la realidad multiplicada, éste optaba siempre por crear la suya propia, haciendo de la verdad un concepto personal, libre y relativo, y tan válido como personas confiasen en el mismo. Me preguntaba si una profesión como la mía tenía sentido camino de Madrid 6, cuando pensé en lo maravilloso que sería seguir viajando subterráneamente por RMG hasta Hispaniam, como algunos aventureros hacían pidiendo limosnas en los intercambiadores a la busca de un panorama mejor. Viajar bajo tierra se había convertido en el sistema más barato, pero más tedioso, de conocer mundo y seguramente en el más práctico para escapar de sí, sin necesidad de usar las drogas. Durante un tiempo funcionaron las plataformas de irrealidad y diversificación, donde todo lo que se encontraba era una creación surgida del inconsciente y el viajero padecía su propio sueño con menor o mayor agrado, pero el hecho de que se tratase de una experiencia colectiva mermó el avance del proyecto, y la gente comenzó a seleccionar de nuevo sus viejas drogas; las había tan variadas que, por ejemplo, en el terreno creativo, se comerciaba con las que servían para crear música, inventándose incluso algunas para perfeccionarse en la poesía y otras para iniciarse en el relato corto. La creatividad se había convertido en un valor tan importante que prácticamente ya no quedaba nadie en el mundo que no hubiese sido un genio al menos una vez en la vida, la selección era dura, pero los espectaculares resultados eran tan sofisticados que la gente conseguía emociones físicas tan potentes que conseguía levitar o perder todo su pelo en el estreno de una representación. Una simple pastilla te convertía en Sakespeare, otra en Dashiel Hamet, una bebida que se vendía en máquinas lograba que te expresases como el mismo Séneca y algunos elitistas utilizaban drogas de percepción que les permitían asimilar correctamente complejas ecuaciones de la física cuántica. Para la experimentación sexual hacía mucho tiempo que las drogas habían sido substituidas por experiencias virtuales comerciales con tanto éxito que la frontera entre sexos había sido completamente eliminada; al buscar las mujeres experiencias que sólo podía sentir un hombre y éstos la capacidad multiorgá smica propia del bello sexo, el abuso de estas experiencias alcanzó tal grado que algunos empezaron a experimentar cambios en su organismo, demostrándose de esa forma que somos lo que nuestra mente cree que somos hasta el punto de hacernos cambiar físicamente, de ésta manera muchos hombres que habían experimentado sensaciones como mujeres acabaron desarrollando senos y atiplando la voz. La conciencia inmediata fue explotada por numerosas empresas que hacían creer a los clientes que siempre habían sido jóvenes, bellos o delgados, provocando fascinantes mejoras en el individuo. Se descubrió entonces que la concepción judeocristiana de la vida como un lugar de tránsito donde reinaba el dolor y la muerte, hacía enfermar a los cristianos que vivían “in hac lacrimarum valle” como en un vídeojuego donde lo interesante era siempre la siguiente pantalla. Muchos de ellos reconformaron su fe haciendo hincapié tan solo en la idea de piedad y mientras sentían compasión por los que sufrían se daba n a los mayores placeres posibles poniendo los pies en la tierra y entendiendo como una enfermedad desear el paraíso en la otra esfera y buscándolo en ésta. De este modo, el cristianismo hedonista fue una nueva filosofía, tan adquirida y admitida que incluso llegó a valorarse en curriculums porque el optimismo de esta idea se extendía como una manera de lograr el exiéxito, una especie de metaéxito que conjugaba el éxito personal con el social y que había puesto de moda un esquizofrénico que se hizo rico vendiendo libros de autoayuda …y  si bien se ha de hablar del éxito como el Parnaso de todo hombre digno, también hay que contar que muchas otras filosofías propugnaban el fracaso como valor. De hecho no era más que otro modo de valorar la ambición, la ambición era el motor que movía todo y lo importante era ser ambicioso, si tras mostrar interés por destacar uno sólo adquiría mediocridades, era más importante la intención que los resultad os. Se tenía entonces muy en cuenta la actitud del fracasado, su autodestrucción cuanto más ruidosa y mediática fuera más valorada era, grupal o individualmente, cada día amanecíamos en la redacción con noticias enviadas por agencias que nos hablaban de forma de darse muerte creativas, poéticas e incluso abnegadas. Sólo cuando los suicidas eran como bufones que llegaron a obtener sus propios minutos en los programas de televisión para quitarse la vida, la ideología comenzó a convertirse en una moda destinada a perecer como tal. De mis recuerdos buenos mantengo aquel que me habla del alcoholismo como una religión, al parecer algunos estados de borrachera fueron medidos y ponderados con un nuevo artilugio que numeraba el estado de felicidad que se podía conseguir con esa antigua droga llamada alcohol, una caterva de intelectuales modernos, aburridos y científicos, llegó a demostrar que los estados de éxtasis correspondían a un número en el artilugio medidor y se hicieron ranquings por la Internet para buscar el hombre o mujer capaz de alcanzar el éxtasis y que pudiera demostrarlo, como algunos sujetos ganaran el famoso concurso  se decidió entrevistarlos a todos, ya que su nivel de alcoholemia no distaba mucho de los que sólo habían logrado un ligero goce sensual con su hábito, así pues se dedujo que era prioritario mantener una actitud personal positiva ante el mundo, una simpatía natural y una bondad fuera de toda duda. Trulyt, el operario que consiguió el éxtasis primero, fue el precursor del trurlytismo o trurltismo y mucha gente configuró de nuevo sus hábitos de pensamiento y vida para adecuarlos al goce alcohólico, el éxito de esta droga se debía a su antigua permisividad y también a su no inmediata afectividad, lo que propiciaba reuniones, conversación y actividad social.
Otros hombres buscaron la felicidad disfrazándose, cada día adquirían una personalidad diferente que se complementada con un traje adecuado. Su organización llegó a crear nuevos disfraces surgidos de personajes inventados que vivían en extraños mundos desarrollando estrafalarios cometidos, de esa manera, un escritor que decía haber creado un género llamado el cienciopitonismo y que en su día no fue más que un disfraz gionizado, llegó a adquirir tal relevancia que su poder de persuasión traspasó el juego llegando a creerse en su existencia real, esta confusión fue aprovechada por el portador de su personaje que extendió las creencias del mismo, desarrollándolos con tal poder de imaginación que los relatos que escribió pensando que así debían ser los de su personaje fueron t an intensos que muchas mentes débiles se adhirieron a su poderoso magnetismo sin que la organización se atreviera a desmantelar la farsa. La caída de valores morales producida por la destrucción de Nueva York tras la tercera guerra mundial fue como una fruta podrida que al caer en la tierra sirve de abono a nuevas hierbas. La gente se aisló tanto desde aquello, la confianza en el prójimo llegó a resentirse de tal manera que muchos comercios se enriquecieron vendiendo lo que se llamaba “sonidos de compañía”. Por un módico precio podías convertir tu solitario piso en un hogar habitado por sonidos de pájaros, susurros de parejas sensuales, risas de hijos correteando con sus pasos diminutos y ladridos de perros fieles compañeros, todo ello, sumado a las experiencias virtuales y la legalización de la droga hizo posible que pronto en toda vivienda hubiera por cada propietario al menos un interfaz de realidad virtual como antes no se pudo prescindir de los pecés y anteriormente de los telev isores. Había gente que moría feliz tras haber vivido sola toda la vida, el autismo social se normalizó y se institucionalizó hasta tal punto que la gente acudía sola a los bares y discotecas con interfaces móviles virtuales que le permitían conocer a sujetos virtuales que eran tal y como ellos habían decidido que fueran mediante un sofisticado programa informático, de esa forma el mundo se hizo irreal, lucrativo y perfecto y sólo la vejez, la enfermedad o la muerte sacaba a las personas de su ostracismo voluntario, sobre todo desde que el trabajo empezó a ser una opción y no una obligación y el que quisiera podía limitarse a existir con unas prestaciones básicas del Estado mientras las máquinas robotizadas realizaban los trabajos más ingratos. Muchos llegaron a la conclusión de que algo se había roto definitivamente entre los miembros de la especie humana y que la desilusión producida por la maldad de unos hechos inadmisibles de la última guerra se había decantado en soledad  como norma, los demás no importaban o eran considerados meros instrumentos de servidumbre y placer, el culto al ego, el amor tan solo a uno mismo y a lo que uno mismo representa fue normalizado y solo los elitistas, los sectarios y los inadaptados escaparon de esta espiral intentando vivir según sus normas y sufriendo por ello persecución y muerte–curiosamente a manos de sí mismos–, pues los que huían de la forma de ser adquirida mayoritariamente entendían que el mundo real y lúcido, al contrario que el virtual y narcotizante, estaba plagado de enemigos hijos del resentimiento de los antiguos modos de vida anterior a la guerra, delincuentes, mercenarios y terroristas. La calle era de ellos y el que quisiera prescindir de su burbuja para frecuentarla debía armarse y ejercer su derecho a la autodefensa con los elementos bélicos que abundaban y que no por obsoletos resultaban menos efectivos.
Si yo  ahora puedo escribir este artículo es porque no me he quedado colgado del mundo virtual, el Estado laico me detuvo y recondujo sagazmente tras haberme liberado de la secta Católicos del Apocalipsis, CAP, aunque yo no supiera que estaba en ella–tan sólo colaboraba con su revista, eso es todo–cuando los intelectuales dedujeron que la Tercera Guerra Mundial fue ante todo una guerra religiosa y se prohibió cualquier tipo de devoción fuera del ámbito privado. La verdad es que me convenció ese capítulo del Apocalipsis que habla sobre la marca de la bestia y dice que el que no la tuviera no podría vender ni comprar y que se llevaría en la mano o en la frente. En efecto, durante la última guerra la confusión era tan grande que n o hubo más forma de controlar a los terroristas injertando un chip bajo la piel de la frente o el dorso de la mano, para convencer a la gente de la necesidad de llevarlo se dispuso que el acceso a sus cuentas bancarias sólo sería posible mediante este chip con datos personales y como los terroristas burlaran esta forma de control de los estados se llegó al acuerdo de realizar todas las compras, incluyendo la de los productos básicos, mediante este sistema de identificación. A mi modo de entender las cosas, fue este método lo que permitió acabar con la guerra pero al finalizar la misma el odio hacia toda forma de manifestación religiosa se impuso y algo tan sencillo como unas líneas rebeldes en una revista literaria te hacía sospechoso de conspirar contra el Estado, laico naturalmente. De no haber sido por la colaboración de alienígenas en la construcción de naves propulsadas terrestres nunca hubiéramos salido de la infancia de la era espacial, este salto tecnológico relativizaba cual quier concepto de Iglesia o Dios haciendo que la especie humana al completo no se creyera el centro de la creación, aplacando la soberbia de pueblos supuestamente elegidos. La humanidad por fin empezaba a salir de su época de destrucción y oscuridad y yo me sentía afortunado, pues aunque mi padre me dijera que yo vivía en un mundo sin valores de confusión racial y sin identidad prefería las drogas, la evasión tecnológica y el hedonismo que el orgullo de haber combatido en una guerra en el nombre de un mundo libre que no lo era y cómplice de una alianza que exterminó millones de personas. Todavía quedaba violencia pero el Estado nunca nos daba información, simplemente nos prohibía circular por unas calles o el acceso a determinados núcleos poblacionales del que desconocíamos el origen o la razón de su conflicto. Si yo que era cyberperiodista no lo encontraba mal, los que no tenían más interés que saber lo que sucedía en sus mundos virtuales ni se lo planteaban. Mi anciano padre me son reía pero miraba por la ventana preocupado, decía que mi generación había renunciado por completo a la libertad y a la realidad por la seguridad y la evasión…
–¿Y qué otra cosa crees que se podría esperar del ser humano–le respondía–después de su suicidio colectivo?
Mi padre callaba malhumorado, nada por lo que hubo luchado permanecía. La Tercera fue la derrota de toda la humanidad. Una vez alguien me dijo que cortaban las calles y cerraban el acceso a determinados países porque había una pandemia, una moderna peste global de la que morir tarde o temprano. Creo que era un ángel aunque yo no creo en ningún dios… ¿Por qué saberlo? Ojalá mi padre no hubiera conocido nunca una guerra, ojalá hubiera sido tan afortunado como lo soy yo ahora.
Ojalá

 

MERMELADA LA VIEJA PUTA

Lunes, 30 de junio de 2008

                          MERMELADA LA VIEJA PUTA
 

 

Te lo juro, Oso, estaba yo en el supermercado de Chamberí, ese tan grande lleno de ofertas donde la gente busca en la basura por las tardes, estaba yo con mi Chorvita, la que ligué en septiembre, cuando me encuentro ante la estantería que llena la bandeja al desayuno…¡Qué maravilla Oso, mermeladas para todos los gustos! Y de repente me fijo en un tarrito, en unos tarros que estaban alineados y qué te crees que veo, Oso. MERMELADA LA VIEJA PUTA. Te lo juro, clarísimo, todo en letras de molde negras, oscuras, negras como levitas y todas con el mismo mensaje: MERMELADA LA VIEJA PUTA. No daba crédito a mis ojos pero mi Chorvita de septiembre también lo vio, lo vimos todos los que estábamos perplejos tirando del carrito, pensando en la bandeja del desayuno. Pero lo mejor no es eso , Oso, lo mejor es que yo agarro alguno de esos botes y qué es lo que veo, Oso. Pues me encuentro el careto de una puta toda llena de años y de pelos teñidos, toda hecha de arrugas y carmín, estaba como sonriendo pero era una sonrisa triste. Te lo juro Oso, y debajo de la foto de la puta, así como en muy grande: MERMELADA LA VIEJA PUTA… Y me quedé mirando fijamente la foto de la puta, Oso, pero muy fijamente y qué crees qué encontré, Oso. Miré a la luz la foto de la vieja puta y te lo juro, Oso, ERA TU MADRE.
 

LAS CUCARACHAS

Lunes, 30 de junio de 2008

LAS CUCARACHAS ENTRAN POR UN LADO, COMEN EN EL CEBO Y SALEN POR EL OTRO DONDE VAN A MORIR A SU NIDO, CONTAGIANDO A LAS DEMÁS Y DESTRUYENDO A LAS CRÍAS EN SUS HUEVOS
 

 

Nosotros podemos ser más que ellas, pero ellas están organizadas y saben esconderse, son difíciles de reconocer a simple vista y se camuflan entre la población activa son rápidas y precisas, son como islas, están atrapadas en el cuerpo de un centollo, carne que se produce con un cruce de dedos y que al final forman un solo cuerpo de seguridad con exodermo y endoescleto como vitrinas negras engalanadas y cruzan por todos los caminos, recorren todas las direcciones porque su esperma es la grasa de la gloria y son la esquizofrenia borgiana , la pesadilla cortaziana, son sumadas el humano de Kafka y riman entre ellas convertidas en palabras y se transforman en titulares y los niños leyéndolas lloran y las mujeres cogen su sprai antivioladores y los hombres se embarcan en las panzas de aviones que surcan y queman los cielos, y entre todas lo tiñen de negro, invaden los países, derrocan los gobiernos, instalan dictadores y los hombres de paja se hacen pajas.
Beben a solas y sufren paranoyas, se alimentan con drogas, viven de alquiler, viven en el vientre de los viejos, viven de sus viejos, nacen de la luz y vienen a morir formando cicatrices y estudiando carreras, se estrellan en sus coches, se queman en sus vehículos, eligen a sus víctimas y se vuelven sus víctimas, respiran humo verde , blanco o azul y follan moderadamente–es su responsabilidad–y dejan sangre en la saliva y saliva en la sangre, se contagian de SIDA de SARS y de otros virus militares, son legión y están vivas y son el elemento criminal y el móvil pasional, se frotan las antenas, se cepillan la lengua y las encías, están inscritas en el plan de Dios y son condicionadas y permutadas en un sinfín de operaciones matemáticas, nacen del cielo del paladar, creen en el Microhondas y el Tetrabrick , se reproducen por huevos o porque no hay más huevos y por las mismas cometen atentados o compran en rebajas en los supermercados, invaden las agencias o creen en el exceso, se mueven en los subterráneos, hacen fancines o pasquines, no reconocen la democracia, son misteriosas, atractivas y magnéticas y en las aceras te piden fuego y cigarrillos y hacen pis en los parques, comulgan botellón, están contra el sistema pero son el sistema y el sistema las toma y ellas toman la forma de un guerrero, de un miembro fálico o un funcionario y ya  no pueden morir entonces , están en los confines del planeta, en los desiertos, en las barras de helado y en los polos, se basan en sus bases, se alimentan de sexo, se miran a la cara, se aman con un extraño amor ambiguo e indeciso y se dan por detrás, se lo hacen por la espalda y mientras nadan guardan la ropa, nadan de espaldas, nadan a mariposa porque quieren ser mariposas y el agua de sus piscinas huele a jazmín. Se bebieron su bilis pero hicieron guitarras con sus tripas, quinielas con sus hijos, zapatos con su carne. Son agresivas y nerviosas, viven muy lejos de la realidad y son la realidad.
 

UNA VIDA SÓLO VALE UNA VIDA

Viernes, 27 de junio de 2008

UNA VIDA SÓLO VALE UNA VIDA
Sueñas en medio de una ciudad desconocida,

de una enfermedad desconocida

y todo permanece sereno en ti.

Imaginas que contemplas la ciudad en llamas

y nada te sucede.

El infierno es un lugar donde tienes memoria,

talento para la muerte.

La sangre es un dócil vehículo para el veneno,

la música se ha metido en ti,

el universo se ha metido en ti.

Una vida sólo vale una vida.

Ver el pasado del secreto,

instante del futuro,

narcótico entre las telas del olvido.

Ves el futuro del secreto:

una oración sin fe,

llave jamás usada.

Y mientras sueñas duermes con tu maleta de posos de tiempo

en el acero del tercer día.