Archivo de febrero de 2008

Mi opinión sobre el laicismo

Sábado, 23 de febrero de 2008

SOBRE EL LAICISMO
La diferencia entre alguien de derechas y alguien de iquierdas es que el de derechas tiene que cerrar la boca en más de una ocasión y el de iquierdas tiene pábulo para decir lo que quiera. Ya he dicho más de una vez que la derecha se alimenta del miedo y la izquierda del resentimiento, eso es así. Si tuvieramos la mente limpia como quería Krisnamurti no perteneceríamos a un país, a un partido o a una religión. pero necesitamos el ego para no volvernos locos y el ego nos pide ser de un partido, ser de un país, ser de una religión. El ego es el diablo eso deberíamos comprenderlo todos.El debate de sobre si la derecha se dedica a despreciar a la gente es antiguo, es viejo y caduco. La derecha sólo aprecia a sus élites, a sus minorías pero necesita del poder del conjunto de la población para poder subsistir por eso promete a todos la posibilidad de ser de sus elites, la posibilidad de quererte. Es el paradigma del pais de las oportunidades en el que los que creen en el sistema capitalista se salvan, van al cielo y son felices y los que creen en el paraíso socialista se condenan. Se supone que el sistema te permite crecer si crees en él.Pero el socialismo es un cadáver político y ahora es el turno de las democracias liberales que creen en el sistema capitalista. Pero el sistema capitalista también es injusto y atroz con aquellos que caen a través de sus grietas- El mundo es imperfecto y no existen las utopías populares. Pero el mayor enemigo de la derecha es la derecha. Una nación de derechas tiene que luchar contra otras naciones que también lo son, tiene que defender sus intereses contra los intereses de otra derecha. La derecha se basa en el nacionalismo, la derecha crea nacionalismo y los nacionalismos se enfrentan entre ellos.No es que la derecha se alié con el poder es que la derecha es el poder.Cuando en la mente hay suciedad es cuando somos de derechas o de izquierdas, cuando hay resentimiento o cuando hay miedo. Rechazar toda forma de gobierno no es una conquista social.¿Podemos ser un país laico? Sí, si fueramos franceses, si nos llegáramos por una quinta república. pero el español es irracional y por lo tanto participa de un gusto por lo sobrenatural excesivo. Si el español no creé en Cristo creería en Ishtar, el español es religioso por naturaleza, en el sentido de que le gusta estar ligado a una realidad superior.España es el culo de Dios, nos guste o no. Hemos sido durante siglos un país católico y lo seguiremos siendo nos guste o no. Sólo hay una fuerza que puede llevarnos al laicismo y esa fuerza es la derecha. Si la derecha quiere que seamos laicos para que las iglesias no se conviertan en mezquitas todos seremos laicos. Si la derecha quiere que seamos laicos para no tener que compartir el estipendio con evangelistas, mormones, testigos y musulmanes, todos seremos laicos. Es la derecha la que puede hacer que España sea laica porque es el poder el que puede hacer que España sea laica.¿Alguien se creé lo que dice la constitución cuando dice que España es un país aconfesional?¿No sería mejor reconocer que somos un país católico?Pero llegará el día en que tengamos que ser realistas y comprender que hay otras confesiones que no gozan de los privilegios de la católica y para no darlas a ellas esos privilegios que tendrían que dárseles para evitar un agravio comparativo tendremos que reconocer que somos un país exclusivamente católico–cosa que no va a suceder–o que somos un país laico, cosa que podría suceder para evitar el adoctrinamiento de otras religiones al margen de la católica incluso en las escuelas.Puede que el poder para no verse en la tesitura de tener que lidiar con las consecuencias de privilegiar a todas las religiones no sólo a la catolica acabe por declarar el estado laico. Para el francés las historias de fantasmas son fruslerías pues tiene una mente racional, pero para el español son el pan nuestro de cada día porque su mente no es cartesiana…¿Cómo podemos ser un país laico si todo el mundo se muere por las historias de Iker Giménez, cuarto milenio y la revista más allá? ¡¡¡Todo el mundo leyendo el código Davinchi y vamos a ser laicos!!!Seamos objetivos, los españoles con nuestra mente nunca podremos ser laicos y con nuestra historia menos.

Proceso de un poema

Lunes, 11 de febrero de 2008

ROSAS DEL RENACIMIENTO 

La niña que lleva un poncho tiene los ojos redondos.  

Valsecillo del mes de junio y la lluvia sobre el rio.  

Rosas del renacimiento, te juro que no te miento.  

Rosas rosadas de junio, alegria de los tuyos.  

La niña que lleva un poncho tiene los ojos redondos. 

 

Libro difunto, libro negro de los recuerdos que no llegan, libro del resquemor. Sentido al sentimiento, después comeremos. Nacer a la vida, sentir la vida. Nazco de nuevo. Renacimiento. Rosas del renacimiento, todo lo entrego. Rosas rojas del renacimiento a quién todo entrego, labios ardorosos por los que sufro y lamento. Renacimiento que llega, energía que se perpetúa. Descalzos sobre la condición de la vida, descalzos sobre la estratagema, villanía en flor, mendacidad. Calma del amor en su fusión, naturaleza de los vivos. Alegría de vivir, sentido único en el despertar, despereza, mística, situación ambigua, sexo pared. Rosas del renacimiento, sexopared. Fuente de la armonía donde están las vacas rojas pastando. Diapasón enfermo de las horas enfermas. Enfermedad de las horas. Rosas del renacimiento, sexopared, enfermedad de las horas. Vastedad del tiempo. Rosas rojas del renacimiento, enfermedad de las horas, vastedad del tiempo. Sombra de los patíbulos sobre los rios. Negro viento, fértil valle. Lleva un poncho con los ojos redondos. La niña que lleva un poncho tiene los ojos redondos. Valsecillo del mes de junio y la lluvia sobre el rio. Rosas del renacimiento, te juro que no te miento. Rosas rosadas de junio, alegria de los tuyos. La niña que lleva un poncho tiene los ojos redondos.

Rosas del renacimiento

Lunes, 11 de febrero de 2008

ROSAS DEL RENACIMIENTO

La niña que lleva un poncho tiene los ojos redondos.

Valsecillo del mes de junio y la lluvia sobre el rio.

Rosas del renacimiento, te juro que no te miento.

Rosas rosadas de junio, alegria de los tuyos.

La niña que lleva un poncho tiene los ojos redondos.

CUANDO EL EXCENTRICO PENDULO SE ROMPA escrito sin acentos

Lunes, 4 de febrero de 2008

Cuando el excentrico pendulo se rompa

con sus cadenas muertas

el rio de los egos

y la civilizacion que devora almas

daran una sola luz

Caballero de baraja

Lunes, 4 de febrero de 2008

CABALLERO DE BARAJA
 

 

Sirvientes de la identidad

 

me arropan con mis recuerdos,

 

nostalgia de un pasado feliz.

 

Soy el monarca de la pasividad

 

que desaparece con el mundo,

 

una escarpada cima espiritual.

 

Los colores me inician

 

y escondo el porvenir,

 

la lluvia salvará mi alma.

 

Caballero de baraja,

 

qué mística dudosa

 

en las acciones que presentas.

 

 

Lunes, 4 de febrero de 2008

LA CHICA DE LA PLAZA
 

Era la chica que me gustaba, pequeña y rubia, bienformada, subida siempre en sus zapatos de tacón con un vestido rojo de falda corta y medias negras. La seguía siempre por la plaza y hacía porque me saludara. Yo trabajaba de friegaplatos en un restaurante con mi prima, nos llevábamos bien y el trabajo no era desagradable. Como todas las tardes salí del trabajo deseando encontrarme con mi chica, me acerqué hasta la plaza y la encontré ahí pero me hizo un gesto muy raro, me señaló la boca y me mostró lo que parecían unos dientes postizos blancoazulados y luego se fue. Empecé a pensar que yo había imaginado a esa mujer de tan raro que me pareció su actitud. Al día siguiente tuve mucho trabajo, salí más tarde, tenía pilas de platos sin fregar…pero al llegar a la plaza volví a encontrarme con mi chica, esta vez llevaba puesto un vestido verde y me señaló su cutis y descubrí que era un cutis finísimo, irreal, un cutis como de porcelana. Volvió a largarse sin decir nada y yo me quedé muy impresionado. Pasé la noche casi sin dormir, y cuando amaneció decidí no presentarme en el trabajo y esperar a mi rubia en la plaza. Entonces la vi patinar, se deslizaba por el suelo de manera fantasmagórica como si no desplazara ningún peso. Cuando llegó me enseñó su pierna, dio dos golpes en ella y sonó de manera extraña, no había expresión en su cara. Se fue como vino. Empecé a inquietarme por la extraña transformación que estaba sufriendo mi chica: primero esos dientes blanquiazulados, después su cutis de porcelana y luego ese sonido en los miembros inferiores como a madera o a algo sólido. Decidí hablar con ella, dejé encargada a mi prima del fregaplatos y me hice el longis en el trabajo. Cuando llegué a la plaza allí estaba ella, con un vestido negro muy escotado y que brillaba, parecía que hubiese salido de una extraña fiesta. Me acerqué a ella y la llamé por su nombre:

–Henar—la dije–¿Qué te ocurre?

–Me siento muy cansada—dijo ella–, y aspiro una gran cantidad de humo de su cigarrillo pero el humo no volvió a salir por su boca ni por su nariz. Luego repitió la operación y el humo se quedaba siempre dentro.

–Henar–¿Qué te está pasando?—la pregunté.

Entonces se me abrazó y comenzó a llorar. Su cuerpo era frío y sólido, toda ella parecía de madera o de plástico.

–Me estoy convirtiendo en una muñeca—dijo–, comenzó de repente. Primero me cambiaron los dientes, luego el pelo, luego las extremedidades, ahora los brazos y me duelen los ojos, se están convirtiendo en ojos duros y fríos, en ojos de muñeca

–Henar—la dije–, tú siempre parecías una muñeca de tan guapa y tan rubia que eras y por tu forma de moverte y vestirte. Ahora eres una muñeca de verdad. No tengas miedo. Vente a vivir a mi casa y yo te cuidaré, trataré de ti y vivirás con amor.

Henar aceptó y al día siguiente se vino a vivir a mi casa. Al principio fuimos muy felices, pero un día volví del trabajo y la encontré sentada en una silla. No se movía, no respiraba, se había convertido en una muñeca de verdad. Estaba guapísima, la desnudé y la acosté en mi cama. Por la noche dormía a su lado y me hacía mucha compañía, también hablaba con ella porque pensaba que quizás pudiera oírme y le contaba mis chismes y preocupaciones. Éramos una pareja feliz que no discutía nunca. Algunas veces la subía en mi coche y la llevaba a la playa y allí estábamos largas horas en silencio mirando el mar. No hacía el amor con ella, nuestra relación era puramente platónica, pertenecíamos a mundos diferentes y ambos lo sabíamos pero nos queríamos a nuestro modo. Luego cambiaron las cosas dentro de mi país, un gobierno ilegítimo se hizo con el poder y hubo una dictadura. Las cosas iban bien mientras te mantuvieras dentro del rebaño pero si osabas salirte lo más mínimo eras duramente represaliado. Yo intentaba mantenerme al margen de la política, me habían ascendido en mi trabajo y ya era pinche de cocina. Mi prima había sido detenida por la policía social y yo me quedé un poco solo, solamente tenía a Henar pero echaba de menos mantener conversaciones con otro ser humano, con otra mujer. Fue así como conocí a Clara, poniendo un anuncio en la facultad de filosofía y letras diciendo que necesitaba una chica con la que discutir de filosofía. Clara era humana, demasiado humana. Tenía pelos debajo de la axilas y no se depilaba las piernasni el bigotillo. Pero Clara era una mujer de verdad. Yo podía elegir entre mi perfecta Henar que era una muñeca y mi imperfecta Clara que era de verdad pero demasiado vulgar. Las tenía a las dos. Cuando recibía a Clara en mi casa cerraba con llave mi dormitorio para que ella no pudiera ver a Henar. Naturalmente le había ocultado mi convivencia con la muñeca.

LA CHICA DE LA PLAZA 1

Lunes, 4 de febrero de 2008

LA CHICA DE LA PLAZA
 

Era la chica que me gustaba, pequeña y rubia, bienformada, subida siempre en sus zapatos de tacón con un vestido rojo de falda corta y medias negras. La seguía siempre por la plaza y hacía porque me saludara. Yo trabajaba de friegaplatos en un restaurante con mi prima, nos llevábamos bien y el trabajo no era desagradable. Como todas las tardes salí del trabajo deseando encontrarme con mi chica, me acerqué hasta la plaza y la encontré ahí pero me hizo un gesto muy raro, me señaló la boca y me mostró lo que parecían unos dientes postizos blancoazulados y luego se fue. Empecé a pensar que yo había imaginado a esa mujer de tan raro que me pareció su actitud. Al día siguiente tuve mucho trabajo, salí más tarde, tenía pilas de platos sin fregar…pero al llegar a la plaza volví a encontrarme con mi chica, esta vez llevaba puesto un vestido verde y me señaló su cutis y descubrí que era un cutis finísimo, irreal, un cutis como de porcelana. Volvió a largarse sin decir nada y yo me quedé muy impresionado. Pasé la noche casi sin dormir, y cuando amaneció decidí no presentarme en el trabajo y esperar a mi rubia en la plaza. Entonces la vi patinar, se deslizaba por el suelo de manera fantasmagórica como si no desplazara ningún peso. Cuando llegó me enseñó su pierna, dio dos golpes en ella y sonó de manera extraña, no había expresión en su cara. Se fue como vino. Empecé a inquietarme por la extraña transformación que estaba sufriendo mi chica: primero esos dientes blanquiazulados, después su cutis de porcelana y luego ese sonido en los miembros inferiores como a madera o a algo sólido. Decidí hablar con ella, dejé encargada a mi prima del fregaplatos y me hice el longis en el trabajo. Cuando llegué a la plaza allí estaba ella, con un vestido negro muy escotado y que brillaba, parecía que hubiese salido de una extraña fiesta. Me acerqué a ella y la llamé por su nombre:

–Cristal—la dije–¿Qué te ocurre?

–Me siento muy cansada—dijo ella–, y aspiro una gran cantidad de humo de su cigarrillo pero el humo no volvió a salir por su boca ni por su nariz. Luego repitió la operación y el humo se quedaba siempre dentro.

–Cristal–¿Qué te está pasando?—la pregunté.

Entonces se me abrazó y comenzó a llorar. Su cuerpo era frío y sólido, toda ella parecía de madera o de plástico.

–Me estoy convirtiendo en una muñeca—dijo–, comenzó de repente. Primero me cambiaron los dientes, luego el pelo, luego las extremedidades, ahora los brazos y me duelen los ojos, se están convirtiendo en ojos duros y fríos, en ojos de muñeca

–Cristal—la dije–, tú siempre parecías una muñeca de tan guapa y tan rubia que eras y por tu forma de moverte y vestirte. Ahora eres una muñeca de verdad. No tengas miedo. Vente a vivir a mi casa y yo te cuidaré, trataré de ti y vivirás con amor.

Cristal aceptó y al día siguiente se vino a vivir a mi casa. Al principio fuimos muy felices, pero un día volví del trabajo y la encontré sentada en una silla. No se movía, no respiraba, se había convertido en una muñeca de verdad. Estaba guapísima, la desnudé y la acosté en mi cama. Por la noche dormía a su lado y me hacía mucha compañía, también hablaba con ella porque pensaba que quizás pudiera oírme y le contaba mis chismes y preocupaciones. Éramos una pareja feliz que no discutía nunca. Algunas veces la subía en mi coche y la llevaba a la playa y allí estábamos largas horas en silencio mirando el mar. No hacía el amor con ella, nuestra relación era puramente platónica, pertenecíamos a mundos diferentes y ambos lo sabíamos pero nos queríamos a nuestro modo. Luego cambiaron las cosas dentro de mi país, un gobierno ilegítimo se hizo con el poder y hubo una dictadura. Las cosas iban bien mientras te mantuvieras dentro del rebaño pero si osabas salirte lo más mínimo eras duramente represaliado. Yo intentaba mantenerme al margen de la política, me habían ascendido en mi trabajo y ya era pinche de cocina. Mi prima había sido detenida por la policía social y yo me quedé un poco solo, solamente tenía a Cristal pero echaba de menos mantener conversaciones con otro ser humano, con otra mujer. Fue así como conocí a Clara, poniendo un anuncio en la facultad de filosofía y letras diciendo que necesitaba una chica con la que discutir de filosofía. Clara era humana, demasiado humana. Tenía pelos debajo de la axilas y no se depilaba las piernas. Pero Clara era una mujer de verdad. Yo podía elegir entre mi perfecta Cristal que era una muñeca y mi imperfecta Clara que era de verdad pero demasiado vulgar. Las tenía a las dos. Cuando recibía a Clara en mi casa cerraba con llave mi dormitorio para que ella no pudiera ver a Cristal. Naturalmente le había ocultado mi convivencia con la muñeca.