AUTOBIOGRAFÍA (5)

Para empezar no creo que esté loco, el simple hecho de escuchar voces no le convierte a uno en un loco. Empanadillas frías a medianoche. También hay que tener un pensamiento incoherente y desorganizado y eso yo no lo tengo. Caballos alados de color oscuro, pensamiento como una pócima. Por otro lado mi inteligencia es normal y sólo teniendo un coeficiente mental superior a la media se puede estar loco. Dársena veintitrés muy moderna, buen trabajo. Como decía tengo que intentar componerme a mí mismo mi historia al raso, tengo que intentar entrever en qué momento de mi existencia las cosas empezaron a ir mal. Debo hacer memoria. No vale decir que mi madre me pegaba, mi madre me pegaba lo normal que pegaban las madres a sus hijos en aquella época. Rayas de tiza en las faldas de la mesa camilla como venganza infantil. Además mi madre me quería, ella no es el problema. Yo achaco la culpa de todo a la religión. Barbas blancas y cabezas endiademadas. Me eduqué en un colegió católico, como entré un año tarde y repetí un curso me tiré en el colegio hasta los dieciséis años. Cuando salí fui a un instituto mixto y era la primera vez en mi vida que iba a estar en un recinto cerrado con chicas recibiendo clases. Braguitas blancas ribeteadas y olor a Nocilla. Estaba muy emocionado. Iba a misa todos los domingos, me confesaba una vez al mes, estaba en contra del aborto y del divorcio, mi religión era la verdadera y Jesús me amaba. Odio a los partidos, odio a las banderas decía la vieja canción panki pero su vocalista acabó haciendo un anuncio de coches. Decidí que ya era tiempo de buscarme una novia pues no la había tenido nunca y me enamoré de la chica más guapa del instituto que tendría unos quince años, se llamaba Rosaura de Martos y yo estaba loco por ella. Rosaura de Martos era morena con cara de china y ojos azules, llevaba coleta y ropa de marca, era también una buena católica conservadora y pensé que ella era para mí. Viaje a la mente de la niña-diosa. No me hizo ni caso. Recé mucho, fui a la iglesia, imploré a Dios toda la ayuda necesaria pero mis plegarias no daban fruto, Rosaura de Martos pasaba olímpicamente de mí. Señor, ilumina mi corazón. Empecé a leer a Góngora, a Quevedo. Empecé a leer poemas de amor, sonetos de amor. Empecé a leer a García Márquez comprendiendo sus amores contrariados.

Muchos años después frente al pelotón de fusilamiento…Me inventé a mi mismo, me hice el perfecto sufridor en busca del amor de una dama, el petrarquismo. Rosaura me brindó su amistad al menos y yo suspiraba a su lado con cara de corderito, en el fondo me tenía aprecio pero era porque yo era un chico muy bueno. En aquella época me masturbaba una vez al mes, cuando ya no podía más y por supuesto pensaba que era malo y pecado, me sentía muy sucio y culpable y corría a confesarme cuando lo hacía. Santa Polla, Santa Bomba, Santa Coloma. Mis intenciones eran perfectamente cristianas, casarme virgen, tener muchos hijos, quererla para siempre. Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universoooo. Bendito el que viene en nombre del Señor, Hosanna en el cieeelooooooo. Todo eso duró cuatro largos años. De mis dieciséis a mis veinte años, cuatro largos años de espera, de intentos de conquista, de poemas, flores y suspiros. Finalmente apareció un jugador de rugbi semiprofesional, que me sacaba una cabeza y pesaba veinte quilos más que yo de puro músculo y Rosaura se fue con él. Yo quedé desolado, Dios no existía, la vida era injusta, yo merecía haberme casado con aquella mujer, haber sido su novio al menos. Pruebas para el cristiano, año del grillo. Aún así no perdí la fe en Dios, todo eran tentaciones. Seguí estudiando y apaciguando mis nervios con un remedio que había conocido: el alcohol. Tócala de nuevo, Sam. Fui un borracho autocomplaciente que se lamía las heridas y encontré cierta grandeza en ser un perdedor y aquello fue mi ruina. ¿Si la loba tuvo siete hijos por qué sólo Rómulo y Remo fundaron Roma? Me enamoré de la imagen de ético perdedor golpeado por la vida, me enamoré de mi debilidad. Más me hubiera valido haber hecho deporte, pesas, remos, gimnasia…cualquier cosa para dejar de ser un alfeñique letraherido… Una tarde encargué una pizza gigante y me la comí enterita y luego decidí cambiar, buscar otra mujer. Me gustaba una amiga de mi hermana y tuve a bien decirle que tenía la gran suerte de que la mujer por la que tanto había sufrido ya no me quisiera porque había decidido pasar el resto de mi vida con ella, la nueva afortunada. Me mandó a freir monas. Chillen, putas. Y a partir de aquí vino el desastre, alcohol y cada vez más alcohol y luego intentar salir con chicas de las que no estaba enamorado sólo para no ser menos que los chicos de mi edad, cuando la verdad es que seguía pensando en Rosaura a la que veía de vez en cuando si su novio se lo permitía, pues creo que no sólo le daba pena a ella sino también a su novio. Alcohol y más alcohol, y poemas tristes y lecturas grises, todo esto sin ilusión…Y un día, a la edad de veintitrés años, dejé de ir a misa los domingos, dejé de confesarme y no volvía a pisar una iglesia hasta que se casaron mis hermanas pequeñas, eso obligado, y voluntariamente no volvía a pisar una iglesia hasta los treinta y siete años. Aquí está la clave, hermanitos. Aquí está la clave, perdí mi conexión con Dios. Todo había salido bien hasta entonces, cuando empezaron los problemas adiós a la iglesia, adiós a la religión. Falta de madurez en el fondo del que piensa que Dios es un mago que nos consigue cosas, no sabemos cuál es su voluntad, si es que la tiene. Dos errores, amigos míos en mi vida, en mi primera juventud: creer que Dios es un mago y enamorarme de mi imagen de perdedor ante un vaso de alcohol. Eso me pasaría factura mucho más tarde.

Enfermo, extraviado, desnutrido, descansado y sutil como una flor de trapo, judío sin diáspora ni diaporama a la caza de la santería y del cloroformo febril narcotizante. Años del placer sin preámbulos ni sin tedio. Llegar a la universidad, estar tres años en la universidad, hacer una FP, conocer mucha gente y llevar botas que metían mucho ruido y la cara descastada por la caricia del sol en los meses que siguen al invierno, en una mano una copa y en la otra un cigarrillo y mucho dinero en el bolsillo y en el gabán un libro de poemas y así se vivía bien y el tercer mundo era algo que salía en los periódicos pero que estaba muy lejos y no tenías ni prismáticos ni ojos para aquel Hades…Entonces debiste buscar los diccionarios, tus manos torpes y blancas acudieron a ellos y debiste encontrar algo que te llevo a dejarlos, entonces debiste buscar las lecturas de hombres raros o enfermos y debiste encontrar algo que tampoco te gusto, atrás quedaba la vida como una gran complacencia, pensabas que tenías un objetivo. Tú eras la figura más grande, tú eras tu propio Dios.

Cuando encauzo el camino de mis días difíciles me encuentro con una figura monstruosa e inconsciente, un ser que quería devorar y que no tenía límites, una criatura sin nombre ni fronteras en un reducto demasiado pequeño para él entre falsos progres y tardofranquistas en una ciudad de provincias donde la cerveza era barata y que por ello valía la pena. Valía la pena vivir en provincias por las cañas, era la ilusión del tonto feliz que se convertía en un listo desgraciado y que luego volvía a ser un tonto feliz. Todo ello en medio de una conciencia de superioridad que no ofrecía descanso, todo ello en medio de una conciencia de placer absoluto y dominio…¿Pero dominio de qué? Dominio del propio mundo y de la vida vivida dentro de uno mismo, el corsé de las limitaciones no llegaba a la mente-palacio. Conciencia de superioridad que habría de matar el tiempo y la familia de alas envidiosas, conciencia de ser superior que los amigos abandonaban y las mujeres despreciaban, conciencia soberbia a todas horas insoportable para los tenderos, los camareros, los funcionarios y los profesores…¡Por qué te mataron ser dorado! ¿Tanta envidia te tenían? ¿Por qué no te dejaron existir a tiempo? Ego descomunal empapado en alcohol, ego que me llevó a ser premio regional de poesía y sin el que no hubiera escrito una sola línea. Ahora el espíritu de Artaud ya no está en mí, también a él le aniquilaron…¿Por qué la sociedad no puede soportar al genio? ¿Por qué la sociedad considera al ser genial un peligro y lo acaba dando psicofármacos y prohibiéndole existir? ¿Tanto miedo nos da reconocer nuestra propia mansedumbre y mediocridad? ¿No éramos grandes porque nos habíamos subido a lomos de gigantes? El mundo está habitado por pobres gentes de rostros vulgares e ideas comunes que consideran al genio un pobre loco infeliz, ellos con sus futbol y telenovelas y sus cremas para sus caras de culo son felices haciendo la quiniela y viendo salsa rosa, en verano una visita al mar y ya no le piden nada más a la vida…¿Cómo se me pudo hacer soportable la vida entre tanto mediocre que tenía una nómina y una hipoteca y ya se creía por eso con derecho a impartir lecciones?

Observar y comprender el ídolo de la infancia con una mano puesta sobre el corazón, latiendo la angustia. Besemos el ataúd del niño que fuimos conmocionados.

Pero debo contar cómo cambió mi vida. Yo era un alcohólico fracasado de 23 años que había dejado colgada la carrera y la FP y que no tenía novia ni casi amigos. Volví a enamorarme como un idiota de nuevo de una mujer mayor que yo, y pasaba mi tiempo adorando a aquella hembra y lamiéndome las heridas en los bares y por supuesto sin trabajar ni estudiar, sólo dedicándome a escribir que es a lo que se dedican todos los que no les gusta trabajar. Un día en la radio escuché una canción que cambió mi vida y que decía así:
“Me revuelco a gusto en mi desgracia

Y es porque en el fondo yo soy un sentimental

Y ya más bajo no puedo caer

Cómo me gusta ser un perdedor,

Me encuentro suelto en esta situación

De víctima.”

Vi la luz, pasé olímpicamente de las mujeres, me volví un cabrón, empecé a tomar anfetaminas y hachís a parte del alcohol. No volví a buscar novia ni a enamorarme. Para tener experiencias sexuales empecé a acostarme con prostitutas. Dije a mi familia que quería estudiar en Madrid cinematografía y me pagaron unos cursillos y una pensión, tenía una pequeña renta de ellos que yo gastaba en vicios y comiendo poco. Perdí quince quilos, era el espíritu de la golosina. Me volví una mala persona y entonces tuve un montón de amigos y un sinfín de chicas se fijaron en mí pero yo ya no quería enamorarme, ya no quería volver a sufrir. Consideraba a Cristo un maestro, pero tomaba todo aquello que me ofrecía el diablo. Tuve una amiga polaca a la que volví loca, me relacionaba con un travesti heroinómano que adoraba a Afrodita y al final me convertí al paganismo lo que derivó con el tiempo a la invención de mi propia religión. Escribí en algunas revistas, hice algunos cortometrajes, tuve un montonazo de amigos artistas que me trataban como si estuviera loco pero no me importaba. Al final acabé viviendo en una casa ocupa cuando se me acabó el dinero y un día entraron cinco extraterrestres en mi habitación y me tocaron los pies y la cabeza, nadie me creyó. Me hice amigo de un tal Rhilo que al parecer era una persona que sólo podía ver yo, y mis padres trataron de convencerme para que volviera a Valladolid. Intenté vender dos guiones de cine y me dieron por culo(Metafóricamente), acabé saliendo en la tele declamando un monólogo inventado por mí que no tenía ninguna gracia e hice el ridículo delante de toda España. A todo esto los extraterrestres seguían tocándome los pies y la cabeza por las noches, pensé que quizás había contraído alguna extraña enfermedad venérea pero todo era una excusa para no dejar las drogas. El caso es que al final me salió una novia, era la primera novia que tenía en toda mi vida. Había cumplido treinta años. Dejé las drogas, me busqué un trabajo de cajero en el Carrefour y me dieron por culo (realmente), entonces regresé a provincias con mi novia y me dediqué a fingir que preparaba unas oposiciones para no trabajar. Pero esto, amiguitos, es otra historia.

Leave a Reply »