LA FELICIDAD

LA FELICIDAD

 

 

“¿Decepcionado con tu destino y con la línea que de ellos trazan los grandes maestros? No embarques tu cerebro en la rutina y consigna poderes a tus postulados. ¡Conoce cómo ser tu propia guía a través del camino! Conoce cómo es tu jaula y qué contiene su engañoso calor. Hasta entonces has habitado en un enclave fijo, a partir de unas horas podrás echar el cierre a tu sueño, imitar tu plantilla, ceñirte a tu credo. Yo sólo puedo darte el lujo de la maravilla, la quinta parte y el lecho de tu voz, pero sólo si consigues vencer el miedo. Sabemos qué te pasa: la insatisfacción es progresiva, el uso de las drogas es corriente, el disgusto hacia ti mismo es lo normal, la necesidad del cambio es inútil, la antipatía es emergente, la irritabilidad es cotidiana, la pereza es común, la huida mediante la evasión es necesaria, la necedad va en aumento, la crisis ya está aquí, bienvenido al final de ti mismo pero no temas, tenemos la receta. La felicidad está muy cerca. ”
 

Aquel anuncio me impactó, me daba la fuerza que necesitaba para ser yo mismo, llamé al teléfono del fondo del papel-holograma y me atendió una chica de rasgos caucásicos, lo demás ya lo conocen.
 

El policía me miró, miró después mis ojos y luego se lavó la cara como intentando salvar un espejismo:
 

–Empezemos de nuevo—me interrogó–¿Qué significa esta pelliza de piel de oso que llevas puesta?
 

Cuando desperté me quedé concentrado en lo que había escrito; una amenaza de muerte en mi pared, corrí a avisar a mi mujer pero ya era tarde. Hacía tiempo que me había dejado y ya no tenía a nadie en quién creer. Sentía que llegaba la crisis y que tenía que llegar al cementerio y grabar en una lápida todo esto. La luna llena me amparaba, destilaba una luz tenue que pacificaba mis actos en otro tiempo extremadamente bruscos y desacompasados. Sentía su claridad y como pasaba de mí a mis manos y de mis manos al cincel y del cincel a la piedra.

 

Me parecía increíble que un hombre hubiera tenido la creatividad tan formidable como para escribir algo así y encima en una lápida. “Bueno, chicos: ¿Qué os parece el cuento?” Añadía al final como si con grabar aquella historia en una lápida necesitara la aprobación de un grupo de amigotes, quedé maravillado y pensé en algún día en hacer lo mismo, consiguiendo el permiso, claro está.
 

–No sigas leyendo—me pidió mi novia.
Al instante abandoné la narración del hombre que leía en una lápida la historia de un hombre que tenía un sueño en el que soñaba que era un hombre interrogado por la policía que contaba que había escuchado a una mujer en un holograma hablar de un extraño remedio para la infelicidad. Aquel holograma contenía el sentido de la existencia. Intenté hablar con mi novia sobre el tema, pero me era esquiva. La narración me parecía interesante y la quería comentar, pero ella, presa de un sexto sentido femenino, sintió miedo, pensaba que había algo perverso en todo lo que había escuchado, que procedía de una fuente inagotable de maldad, así que no quise seguir insistiendo.
 

Apagué el televisor, la película me parecía demasiado enrevesada y retorcida al mismo tiempo, muy complicada para mí, estaba viendo una película de un hombre que estaba leyendo un cuento sobre un hombre que leía en una lápida la historia de un hombre que tenía un sueño en el que soñaba que era un hombre interrogado por la policía que contaba que había visto a una mujer en un holograma hablar de un extraño remedio contra la infelicidad…¿Qué nos quería dar a entender el autor de la película? ¿Qué la felicidad era ese sinsentido, esa  irrealidad, ese juego de voces o cajas chinas? Francamente me parecía una película inadecuada para cualquier edad, me parecía una película propia de la generación siguiente, pero no de la mía. Me quería ir a la cama a descansar, pero esas imágenes me acechaban. ¿Y si soñaba? ¿Y si al dormirme no podía dejar de soñar? ¿Y si todo era un sueño como en la película y yo sería parte de la historia de la lápida o del relato del cuento o del sueño de un hombre? No quería ni pensarlo. Así que cogí mi abrigo, salí fuera, caminé mucho rato las calles heladas sintiendo espasmos, hasta que te encontré a tí y ahora al contártelo me siento mucho más tranquilo.
 

Me quedé frita, no conocía de nada a ese señor y me estaba contando una historia que no tenía ni pies ni cabeza, yo era una honrada autoestopista de la nacional treinta, que no se metía con nadie y que dormía por la noche en un parque bajo seis cajas de cartón y de repente me encuentro con un viejo que me cuenta la historia de que ha visto en la televisión la historia de un hombre que estaba leyendo un cuento sobre un hombre que leía la historia de un hombre que grababa en una lápida la historia de un hombre que tenía un sueño en el que soñaba que era un hombre interrogado por la policía que contaba que había visto a una mujer en un holograma hablar de un extraño remedio contra la infelicidad ¿Cómo podía escuchar todo esto sin sorprenderme? ¿De la infelicidad de quién? No sería la mía, por supuesto, que yo tenía la conciencia muy tranquila y nunca había sentido la infelicidad. Así que elevé mis brazos hacia El Señor y dije ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
 

–¡Aleluya!—dijeron al unísono todos los miembros de la secta. Esta vez sí que me había metido en un lío, aquella exmendiga estaba en el centro para liarnos a todos la cabeza un poco más ¡Tenemos que mirar a quién dejamos la asociación! Nuestros clientes no pagan una ruina para que tengamos sus departamentos atestados con denuncias a locales de congresos en los que una exmendiga eleva la voz para contar que un viejo le había contado que había visto una película en la que un hombre leía un cuento sobre un hombre que grababa en una lápida la historia de un hombre que tenía un sueño en el que soñaba que era un hombre interrogado por la policía que contaba que había visto en un holograma hablar a una mujer sobre un extraño remedio contra la infelicidad…¿Qué pretendía esa mujer con ello? ¿Convertirnos a Dios? ¿La infelicidad es estar sin Dios? A lo mejor es eso la infelicidad y no nos hemos dado cuenta. ¿Ser feliz es transformar una espiral descendente hasta el principio y que todo lo incluye? ¡Parecía la obra de un loco! ¡O de un endemoniado! ¿Qué tipo de mente puede llegar a pensar algo tan retorcido? La verdad es que daba miedo. ¿Era una mujer vagabunda capaz de inventar una narración así? ¿Y con qué propósito? No. Había algo más inmediato al hecho de la conversión, de alguna forma pretendía crear el milagro. Me alejé de allí con la congoja de que quizás no fueran muy duros con ella mis superiores, sentía el odio que secreta siempre la envidia en estos casos.
 

–Yo  no cambiaría ni una coma, de verdad—dijo el presidente del jurado. Y tenía razón.
En toda mi vida de crítico jamás había visto nada igual. Yo era un miembro del citado jurado de un concurso literario en el que acababa de leer un cuento sobre un ejecutivo que cuenta que está indignado porque una mendiga cuenta en un local propiedad de unos clientes que un viejo ha contado que ha visto una película en la que un hombre leía un cuento sobre un hombre que grababa en una lápida la historia de un hombre que tenía un sueño en el que soñaba que era un hombre interrogado por la policía que contaba que había visto a una mujer en un holograma hablar de un extraño remedio contra la infelicidad…¡Y si la infelicidad era esto! ¡Poder formar parte de la historia de otro y limitar así toda responsabilidad! ¡El tranquilo placer de no ser más que el eslabón de una cadena que no se cierra y que está manejada por alguien muy superior olvidado en las sombras! ¡Y Si la autoría del cuento del que soy parte no importara tanto como formar parte del reparto o del dramatis personae? ¿ Y si todos en la vida fuésemos sólo dramatis personae? Eso me daba miedo, el cuento era genial pero…¿Y si comprenderlo significaba el final de la historia? ¿Y si comprenderlo significaba el final de mí mismo y que yo desapareciera para siempre al final de una oración o una frase cuya última palabra me diría si lo que pienso es falso o no? ¡Dios mío, dime que no estoy en lo cierto!
 

 

 

FIN DE LA HISTORIA

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