COSMOS

COSMOS

 

 

 

 

La piel de aquellas personas se había vuelto transparente, después de escucharles a todos hablar en círculos tenía la vaga impresión de ser parte de ellos pero aquel grupo se había colado en los intersticios de la colonia espacial formando su propia comunidad y manteniendo sus propias costumbres. Eran muy altos, de más de tres metros y no parecían mayores ni siquiera los adultos. Muy delgados y vestidos con túnicas plateadas parecían indicar un camino cuando giraban bailando hacia las estrellas con sus manos. Mucho tiempo estuve observándolos porque me encontraba ocioso en aquella colonia y para mí eran tan desconocidos como los habitantes de mi propio planeta. La mujer que era su líder se llamaba Runka y era vistosa, de larga cabellera rubia y ojos grandes y de un azul intenso. “Amigo cósmico” me dijo “Bienvenido a la comunicación telépata” y no movía los labios para hablar. Yo quería contarle sin hablar también algo sobre los restaurantes chinos de la calle de una casa que conocí y lo hice también sin mover la boca. Rápidamente comenzamos una larga comunicación entre nosotros, las voces aterciopeladas llegaban a mis oídos dentro de mi mente por parte del grupo, qué quieres saber, me decían, por qué acudes a nosotros. Estábamos en un apartado de la nave en el que se cultivaban plantas medicina para el pasaje, yo probaba esas plantas de mi mano plantadas pues ese era mi cometido, yo era el jardinero de la gran nodriza y era el único terrestre que no había nacido en aquel lugar, el resto eran humanos modificados y presos comunes con narcóticos en su tratamiento. Yo deseaba las plantas hilarantes y las que me hacían tener sueños claros y bonitos, aspiraba su perfume y preparaba mi pipa para la experiencia con Runka. Di una calada a mi pipa de plantas, una oleada de sensaciones maravillosas me invadió por entero y poco después volvía a dar otra calada sintiéndome conectado a todo, conectado al infinito…Ven a la puerta del cosmos dijo la voz, es la puerta que se abre sin que nadie la pueda cerrar, es la puerta que siempre queda abierta. Mi pipa seguía encendida proyectando un halo verde de feminidad, el gran ángel no es un ángel seguía diciendo la voz, en el planeta de los helechos, proseguía, existe el cielo estratificado en el que todo es duro y conmensurable, es la nueva partida de vidas que necesita su centro devorador de ahí es donde procedemos, somos una comunión sagrada de símbolos y estamos prisioneros del cuerpo y del tiempo como tú, humano, sólo que para nosotros es mucho más doloroso porque nuestra naturaleza es suprangélica, así que debes comprender sin miedo que nos comuniquemos contigo con gran exactitud cíclica de tiempos estrellados y años azules como el líquido que has bebido antes de entrar en el sistema, así que no nos pienses porque existimos a través de ti pero sin tu conveniencia…Asustado le di una calada a mi pipa llena de substancias psicotrópicas que me hacían tener alucinaciones auditivas en espera a que se siguieran aquellas comunicando conmigo. De nuevo, dijo la voz, hemos vuelto para tomar vuestros cuerpos y habitar entre vosotros y ser perfectos en cuerpos imperfectos y poder así vivir cien o doscientos años si no tomamos carnes ni bebemos licores y sobre todo si no fumamos. En vuestros cuerpos habitamos cómodos, no como parásitos pero tampoco como invitados. Llegará el día en que nos dejéis meternos en vuestros cuerpos de forma voluntaria y así tendremos bonitas experiencias, tú ya las tuviste cuando te metiste en los cuerpos de otras personas aunque creyeras que era falso. La humanidad está pasando por la etapa de los sueños sin edad, luego llegará a la edad de piedra del espacio y más tarde al sonido del tubo que vibra y hace que se teletransporten los objetos mediante el canto de los dioses. Ahora concéntrate mientras me poso sobre ti. Flap, flap, flap agito mis alas…y voy a ti. Puedes encontrar en mi mirada que te mira las cosas que te dicen lo que oyes, pero si escuchas con atención encontrarás también todo aquello que pesa, que quema, que muerde, que daña…porque la comunicación, flap, flap, flap, es dolor y el dolor es comunicación, así sea. Todo asustado di una gran calada a mi pipa hasta agotar sus existencias, se me puso la cara roja como un tomate y el cuello morado, tenía la lengua azul y me costaba trabajo respirar, eché un vistazo al cielo infinito del cosmos desde la nave y a mis espaldas estaban los gigantescos campos de verduras, éramos como una gran lata de sorpresas y de conservas, éramos nosotros. Cuando por fin pude respirar ansiaba nuevas drogas en mí, de hecho me había metido a jardinero porque en el fondo tenía alma de yonky y sabía que toda mi vida sería un drogadicto y que la droga me amaba y me daba besitos por las noches y me acunaba, joa, joa, joa…Me miré en el reflejo de mis gafas que me había quitado porque estaba llorando de la emoción y me descubrí en mis gafas de espejo con mi cara de hortera de la pradera viva la droga, mi cara de espécimen humano de cuello rosa y cara sin afeitar, me amaba mucho. Escupitajeé el cristal de las gafas de cristal gluglú-posflash-especulum y me sentí mejor al ver clamente mi cara humana reflejada allí como en una bola de navidad, reí muy fuerte, joa, joa, joa, y escuché los cantos de los altísimos extraterrestres que bailaban y vi la cara de la mujer que me miraba y que me quería decir algo pero que estaba muy lejos y que parecía una muñeca, que se había alejado mientras yo la escuchaba o yo me había alejado mientras ellos bailaban, no lo sé. Deseaba beberme litros de alcohol y deseaba inyectarme heroína por mis venas, ya no eran suficientes las plantas que yo cultivaba en secreto y que consumía a diario, me había vuelto un loco de la droga y la droga me lo daba todo y me hacía sentirme superior al resto de los mortales, así era. El caso es que para los demás la droga no valía tanto, la droga había tenido su momento y ahora preferían la realidad virtual que era igual a la realidad y que por ello no era necesaria. Mis compatriotas vivían en espejismos de luz y de color  y se envolvían en ellos, La máquina se llamaba Uterum y servía para que uno se sintiera en el vientre materno durante catorce horas diarias y es por eso que las casas eran transparentes y los paneles podían moverse y convertirse en pantallas y las pantallas podían convertirse en luz y en cualquier elemento, la materia se plegaba a nuestros caprichos pero la materia de la que nosotros formábamos parte no, era un seguro para no volvernos locos, tampoco podían volverse contramateria toda aquella materia carnal que nos formaba y aunque muchos deseasen ser pura energía como algunos seres de otras galaxias, el hecho era que el ser humano no podía arrancarse su parte carnal y el espíritu sufría atrapado en ella y lo hacía con gran celeridad en un proceso de angustia que iba in crechendo. Me alejé un poco más hasta que miré a los altísimos seres como si fueran muñecos, difícil era escuchar sus cánticos, más difícil aún seguir sus bailes. Los había apartado de mí con la distancia pero mi pensamiento seguía en ellos y ellos seguían teniendo su pensamiento en mí, en especial la mujer. Es curioso como la distancia hace que las ideas se clarifiquen y cómo nos ayuda a conocernos mejor. La belleza era insuficiente, todo parecía frío y ajeno y resultaba penoso de soportar. Todo se volvía una carga, yo buscaba, yo deseaba, yo pretendía la oscura fluidez, los sonidos que parecían llenarlo todo con su presencia y que salían de los objetos que parecían animados, la brujería de la técnica superior haciendo que nuestras vidas fueran un juego. Yo deseaba la tecnología suprema que borraría todos nuestros pesares y por las que siempre seríamos libres y descansados. Mire mis ropajes, con objeto de tener más créditos en mi cuenta bancaria había accedido a llevar una gabardina pantalla, esa prenda podía exhibir más de treinta anuncios por minuto con videos a todo color, en aquel instante se puso a funcionar y un hombre corriendo detrás de un oligofredo para tomar su ración de numilla descongelada apareció en mi ropa, el slogan también era sonoro pero yo no lo podía escuchar, sólo podía escucharse a cinco metros de mí, de esa manera los decibelios no me volvían loco. Después mi gabardina se dividió en dos pantallas y empezó a proyectar algo a juego con los cristales de mis gafas que también se convertían en dos pantallas o en una sola aunque yo pudiera seguir mirando a través de ellos. Necesitaba el dinero para comprar las semillas de madreselvas alucinadoras venusinas o magamaflujo rododendro plutoniano que necesiataba mucho frío para crecer. Mi cabeza se había vuelto un revoltijo de aditamentos adictivos, unas carencias se desquitaban con las otras y consumía unas drogas para paliar los efectos de otras y de esa manera me había vuelto un botiquín de píldoras que hacía viajar en los compartimentos secretos de mi camarote de la nave, el objetivo era sentirme a tope sin necesidad de inyectarme, no recordaba la última vez que dormí porque no lo necesitaba, las drogas me habían vuelto un superhombre sin cansancio y también habían incrementado mi inteligencia y mi curiosidad. Había implantado un cybermecanismo en mi nariz para poder aspirar cocaína a supervelocidad y también me había injertado piel tópica para las drogas de asimilación cutánea, el noventa y cinco por ciento de mi tiempo estaba drogándome y siempre vivía en una continua espiral de viajes psicotrópicos que se habían vuelto mi única realidad. Entonces me di cuenta de que era muy posible que los extraterrestres altísimos sólo fueran un producto de mi imaginación, así como la nave, así como la fantasía de ser jardinero, así como mi gabardina, así como el viaje espacial en la nodriza. De repente me vi paseando por Triana en el planeta tierra en el principio del siglo veintiuno, tenía el cuello encendido de calor y la cara hinchada como los ojos, estaba lleno de grifa y la mujer telépata era una sueca que bailaba con sus amigos suecos en la tasca los claveles, yo estaba drogado mirándola desde mi asiento y antes desde la ventana afuera en la calle y por eso había inventado toda una paranoia espacial de ciencia ficción. De repente temí algo: realmente estaba en la nave nodriza y mi mente se movía en el tiempo llevándome por barrios sevillanos. En ese momento no pude saber cuál era la verdadera realidad, quizás me hubiera vuelto loco de no ser porque la droga me hacía darme cuenta de que todo lo que vivía era real, real viaje psicodélico…¡Entonces no había por qué preocuparse! ¡Qué importaba quién fuera y dónde estuviese mientras estuviera drogado! Luego tuve un pensamiento espantoso, yo no existía…yo jamás había existido y sólo era la invención de la mente de un escritor en un cuento que estaba dentro de una página web…la nave, Triana, las suecas y suecos, los altísimos extraterrestres…todo era fruto de la imaginación de un escritor y yo también era el fruto de la imaginación de un escritor. Podría hacer que el escritor narrara como me acercaba a la barra de una bar y me tomaba una copa, así que así lo hice: me acerqué a la barra y me tomé una copa, luego pedí otra pero no la tomé, me la quedé mirando sin empezarla esperando a que el escritor hiciera algo conmigo pero no ocurría nada, la narración no avanzaba y yo estaba allí parado mirando mi copa. No pensaba moverme hasta que el escritor hiciera que la bebiera pero en vez de eso el escritor hizo que pasara el tiempo y que llegara la hora de cerrar y que me dijeran los camareros que tenía que irme y que me tenía que acabar la copa deprisa pero yo no quería hacerlo porque sólo bebería si el escritor me hacía beber, entonces cuando así lo dije a los camareros se extrañaron mucho conmigo pero yo sonreía y les decía que ellos no existían y que a lo mejor esto no era Triana sino una nave espacial gigante y que si miraban mi gabardina verían como se proyectaban anuncios en ella y lo que ocurrió fue que los camareros llamaron a la policía pero yo les dije que no habían sido ellos los que habían llamado a la policía sino el escritor que manejaba sus vidas, al final el escritor hizo que uno de ellos saliera de una esquina con una escoba y quisiera pégarme si no acababa la copa y me largaba pero yo decía que no podía hacerlo si el escritor no me dejaba y así estuve mucho tiempo en aquel sitio hasta que no sé lo que pasó y después me levanté en la sala de un hospital lleno de luces sobre una cama con mucho dolor en el cuerpo y viendo chiribitas a mi alrededor, era el hospital de la nave nodriza pero los médicos me hablaban con acento andaluz y la mujer altísima ya no hablaba conmigo telepáticamente y no sentía la manera de ponerme en contacto con ella porque pensaba que a lo mejor era ella la que lo había inventado todo pero los médicos me decían que sólo yo era el que lo había inventado todo y yo no quería creerles porque sabía que nuestras vidas son el producto de otra que decide por nosotros y que realmente no vivimos sino en la mente de una persona que nosotros llamamos cosmos. Después el escritor quiso que yo tomara muchas pastillas amarillas y que no tomara más drogas y las pastillas amarillas eran otras drogas pero no se llamaban así y las vendían en estuches y en farmacias y eran drogas para la gente que tomaba drogas porque el escritor era un cachondo que se reía de mí y que me ponía en un estado de postración después de haberme hecho vivir a todo tren una vida libre. Una broma del cosmos.

2 Responses to

  1. encuestas remuneradas says:

    buenas noches. como te va la verdad es que yo no me encontraba buscando nada acerca de este tema y es que en realidad a mi este tema me aburre bastante :P , pero te felicito porque la manera en que escribiste me fascino. Por primera vez he encontrado contenido digno en la red. Un saludo.

  2. encuestas remuneradas says:

    buenas. que tal dejame confesarte que yo no estaba buscando acerca de lo que escribiste y es porque a mi este tema no me gusta para nada, pero te felicito porque la manera en que escribiste me fascino. Por primera vez he encontrado contenido digno en la red. Un saludo.

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