18 Diciembre 2008

SHERRY ORTNER

SHERRY ORTNER

Sherry Ortner es la antropóloga que escribió:

“¿Es la mujer para el hombre lo que la naturaleza a la cultura?”

Lo cual es muy interesante, puede ser

que el hombre disfrute y explote la naturaleza

como disfruta y explota a la mujer,

un campo de golf puede ser como una puta.

Nos parece por esto Sherry Ortner muy inteligente y muy sensible,

pero en una entrevista llega a reconocer

que cuando investigaba a los sherpas de las montañas

sólo pudo escribir sobre ellos dos libros pues en su tercer viaje

los sherpas ya eran sus amigos y no el objeto de su estudio.

Por eso hay escritores tan buenos,

porque los humanos somos objeto de su estudio y nunca sus amigos,

y cuanto más análisis y menos amor pongas

mejor será tu obra.

La inteligencia sin amor te vuelve implacable,

te convierte en una bestia literaria,

te transforma en un genio.

 

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SHERRY ORTNER

SHERRY ORTNER

SHERRY ORTNER

Sherry Ortner es la antropóloga que escribió:

“¿Es la mujer para el hombre lo que la naturaleza a la cultura?”

Lo cual es muy interesante, puede ser

que el hombre disfrute y explote la naturaleza

como disfruta y explota a la mujer,

un campo de golf puede ser como una puta.

Nos parece por esto Sherry Ortner muy inteligente y muy sensible,

pero en una entrevista llega a reconocer

que cuando investigaba a los sherpas de las montañas

sólo pudo escribir sobre ellos dos libros pues en su tercer viaje

los sherpas ya eran sus amigos y no el objeto de su estudio.

Por eso hay escritores tan buenos,

porque los humanos somos objeto de su estudio y nunca sus amigos,

y cuanto más análisis y menos amor pongas

mejor será tu obra.

La inteligencia sin amor te vuelve implacable,

te convierte en una bestia literaria,

te transforma en un genio.

 

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9 Diciembre 2008

A LA VIDA

A LA VIDA
 

Debo darle las gracias a todo,

sostener un único mundo agradecido y hacerlo mío,

conocer las fronteras de las fronteras y los nombres de los nombres

para adentrarme en la arruga del dolor.

Debo ser como el árbol que arde porque ya todo lo conoce,

como la arcilla que ha creado un hombre y no lo sabe.

Debo ser como la piedra que el agua ha vuelto débil,

como el tiempo que sabe que sólo necesita tiempo para sí.

Debo ser como la garra retráctil que busca la cara

y todo ello debo serlo sin la ira y sin la ofuscación.

Hasta el día en el que el pavimiento tiemble bajo mis pies,

hasta el día del hombre-bestia vestido con armiño y sangre,

hasta el día de la cera vuelta sobre el recorrido de la vela.

Hasta ese día debo existir con el recuerdo y en el recuerdo debo bastarme

porque no habrá otra muerte que renacer

con lo precario que no ha sido prestado ni ha sido lámina,

ordalía de bronce tallada en el destino de la memoria

para no consentir, no ser esclavo, no ser mañana ni ser máscara,

para no ser tan sólo el hombre al que se mira y que padece.

Debo beber la sangre de algún oscuro dios

y hacer mía a la hembra que no me reconoce en la espesura de sus ideas.

Debo de hacer de un todo mi comienzo.

No me basta la mente para ser mente,

ni me basta el espacio para estar dentro de mí.

Y mis palabras fluyen como una raza que ha sido abandonada.

Pero si he crecido a tu sombra

también puedo morir sobre tu obra

de vida sobre sí.

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7 Noviembre 2008

El salvaje

Sentado sobre mi centauro recorría las selvas de Brasil al galope, mi amigo Manu y su princesa chilena estaban en otro ser alado que volaba por los suelos, allí fumigaban la pasota. Diantres pensé es la misma miga, y era el pan volador. Yo también tenía la cabeza afeitada y daba fuertes golpes con bates de beisbol, yo también era un salvaje. Corría con mi nutrido grupo de salvajes por las selvas de Brasil sembrando el caos, llevando la destrucción. Yo era libre para odiar. Tenía una gran energía y violencia en mí, mi cara pintada de azul. Recuerdo como corría por la selva chillando y medio desnudo, qué sensación de libertad. También me gustaba viajar a lomos de mi centauro. Sabía que era joven, sano y fuerte. Comprendí que debía seguir siendo un salvaje, no dejarme oprimir. Vivir libre como un pájaro libre. ¿Cuando empecé a ser racional? Cuando me castigó la vida pero yo ahora podía castigarla a ella. Comprendí que somos los artífices de nuestra propia vida vivida por uno mismo. Corres desnudo por la selva, eres un salvaje. Eso es lo que nos hemos perdido al vivir en la civilización.

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8 Octubre 2008

APARICIÓN DE LA MUJER ESQUIZOFRÉNICA

APARICIÓN DE LA MUJER ESQUIZOFRÉNICA
 

Veinte años sin verle y se había hecho rico. Mi amigo Eduardo me sonreía desde su metro noventa feliz de haberme encontrado después de tanto tiempo. Nos dimos los teléfonos, tomamos un café. Eduardo había sido el mayor sinvergüenza de la universidad de económicas pero él ahora tenía su propia empresa de sistemas de seguridad y yo trabajaba como contable. Los dos éramos dos cuarentones que habían vivido lo suyo, pero mientras yo me había retirado discretamente de la vida él seguía disfrutándola sin ningún tipo de reparo. Vivía con una chica de veinticinco años, se daba todo tipo de caprichos y seguía tonteando con las drogas. Por mi parte yo ni siquiera fumaba, me había abandonado mi mujer y vivía solo en una casa de un barrio obrero. Estaba precisamente solo en mi casa cuando la llamada de Eduardo me despertó:

–¿Tienes un disfraz de algo?—me dijo—Vamos a quedar en un bar de la calle Goya, aquel donde íbamos siempre, con intención de marchar para Zúñigo donde hay una fiesta medieval…¿Conoces el pueblo? ¿No? Pues vente con nosotros que te lo vas a pasar de rechupete.

No sé muy bien por qué accedí. Eduardo no me inspiraba confianza. La verdad era que Eduardo había tenido problemas con la policía por posesión de substancias en los años noventa, todos nos habíamos enterado. Salió en la prensa. Pero pensé que Eduardo era mi amigo y que se merecía otra oportunidad.

Fui al bar de la calle Goya con mi disfraz de cura debajo del brazo. Semejante disfraz encajaba con mi imagen de moralista que me atribuían mis amigos. Cuando llegué Eduardo me presentó a su amigo Pedro, un escuálido enano que jugaba a las máquinas y que estaba completamente calvo con la cabeza afeitada. Un escuálido enano que me dio muy mal rollo. Acto seguido me presentó a Sole, una veinteañera morena de grandes pechos y muy guapa, con una mirada árabe. Al parecer Pedro y Sole eran como novios, esto me hizo sospechar algo. Yo me tomé una fanta porque ya no bebía pero mis amigos empezaron a tomarse whiskeys a las cinco de la tarde como eran. No les quise decir nada. Les dejé hacer. Sole me dio dos besos, se me quedó mirando de forma extraña. Tenía dos hileras perfectas de dientes pero demasiado amarillos. Le constaba trabajo articular una frase coherentemente, hablaba de manera atropellada trasluciendo mucha ansiedad. Inmediatamente me di cuenta de que la chica estaba como una cabra pero había un brillo en sus ojos que me seducía, no me daba cuenta de que aquel brillo no era otra cosa que pura maldad. Sole me comentó que tenía un disfraz de princesa, yo la dije que seguro que estaba muy guapa con él puesto y ella hizo una mueca por respuesta. Evidentemente algo marchaba mal en la cabeza de esa chica. Eduardo sacó las llaves de su nuevo Audy 100 de color blanco, era un cochazo impresionante. Íbamos a hacer el viaje a Zúñigo muy a gusto. De vez en cuando Sole se daba la vuelta y me miraba sonriéndome, se había sentado en el asiento del copiloto y se iba haciendo un porro. Todos fumaban marihuana y hachís. Empecé a darme cuenta de dónde me había metido. Por el camino Eduardo me fue dando detalles de su empresa de sistemas de seguridad, al parecer era un negocio que le había reportado muchos beneficios. Tenía dinero para hecer viajes y fumar la mejor marihuana. Rechacé que me pasaran el porro y quedé un poco mal pero no quería drogas en mi cuerpo. En cuanto se animaron comenzaron a hablar de cuando alquilaron un monasterio para hacer una fiesta de ácidos, contaron cómo acabaron con ácidos hasta por el pelo, como la gente sufrió una psicosis colectiva y unos se pegaban, otros se enterraban, otros corrían de un lado para otro, otros hablaban sin parar…Me pareció una chaladura de puta madre. Sole acabó de rematar los recuerdos del grupo comentando cuando se tomó un éxtasis y vio a la gente de la discoteca bailar sin piel en el cuerpo o cuando veía a su abuela caminar a su lado, su amiga también la veía. Paramos en un bar para seguir bebiendo. La chica tomó licor de hierbas, los demás whisky. Yo de nuevo otra fanta. Todos me compadecían porque no bebiera, fumara o me tomara drogas. La vida era así de complicada o de sencilla. Eduardo se disfrazó de verdugo, Pedro de monje, Sole de princesa y yo de sacerdote. De esta guisa caminamos por el pueblo que estaba en fiestas, había mucha gente disfrazada. Yo sabía que algo iba a salir mal porque la chica no dejaba de lanzarme miraditas ni de rozarme con sus grandes pechos. Yo estaba muy cachondo y en el fondo la deseaba con todo mi corazón. Pedro tenía también mucho dinero y droga suficiente como para poder tener ese bombón a su lado, pero yo, un pobre contable, nunca disfrutaría de semejante compañía. Me di cuenta de que no podía apartarme de su lado y ella empezó a contarme la triste historia de su saga familiar que era como una película de terror. Inmediatamente comprendí que la chica se lo estaba inventando todo o que quizás se creía sus propias mentiras, lo que era peor. Pero yo me dejaba querer y no dejaba de mirar sus ojos árabes mientras ella encendía un cigarrillo tras otro y pedía más licor de hierbas. Eché de menos mi vida como bebedor. Pero ahora me encontraba en otro estadio de mi existencia y ya no debía fumar más, ni beber más, ni perjudicar mi mente con drogas. Ese era el problema, yo había madurado, tenía ya cuarenta años pero Sole y los otros dos seguían anclados en una especie de infancia permanentemente autoindulgente. Cuando Sole me dijo que pintaba y adiviné en ella a una artista caí enamorado completamente, no sólo era guapa también tenía sensibilidad. El problema era que estaba loca pero sería un problema menor. Me contó como eran sus cuadros justo cuando veíamos un torneo medieval sentados en unas gradas, luego vimos el espectáculo de fuegos artificiales pero Sole no soportó estar tanto tiempo sin beber, rápidamente se escabulló de las gradas junto a Pedro y se largó a tomar una copa. Yo me quedé solo echándola de menos y contemplando los fuegos artificiales. Yo pensaba en ser un genio, pensaba en que había nacido para ser un genio. Pensaba en todo eso y pensaba que merecía tener a esa chica a mi lado, aunque yo tuviera veinte años más que ella. Rápidamente pensé en un juego de seducción. Mi amigo Eduardo me rogaba que andara derecho ya que me estaba dejando encorvar por el peso de los años y los problemas y no era feliz. La verdad es que costaba trabajo ser feliz, me costaba trabajo desde que dejé de beber y me abandonó mi mujer. La vida sin drogas había dejado de ser una feria y ahora me encontraba en la feria de otros para los que la vida seguía siendo una fiesta. Empezaba a notar mucha violencia en mí por esto, me encontraba a disgusto en mi piel. Ya no era el jovencito que apuraba y disfrutaba de la vida, ahora era un señor que empezaba a ser maduro y al que de repente le atraían mujeres mucho más jóvenes. Sole tenía esa extraña fuerza que da la locura a sus elegidos, era además completamente inmoral y parecía adueñarse de la vida completamente. Era guapa, era joven, era deseable. Además no parecía que Pedro supusiera un problema para ella pues rápidamente empezó a coquetear conmigo sin ningún miramiento. Me enamoré de ella y se lo dije a mi amigo Eduardo.

–Me gusta mucho Sole, le voy a dar mi número de teléfono…

–Ten cuidado con esa chica porque está completamente loca—trató de disuadirme mi amigo.

Yo ya no escuchaba enamorado como me encontraba. Escribí en un papel mi número de teléfono, mi dirección y mi correo electrónico. Mi amigo Eduardo me hacía gestos de que no le diera ese papel a la chica pero ya era demasiado tarde.

En cuanto se dio cuenta de que me tenía en su poder dejó de ser amable conmigo, dijo que había echado una pastilla de éxtasis en mi vaso y consiguió asustarme. Luego me dijo que parecía mucho más mayor que la edad que tenía y terminó diciendo que yo era gey y que tenía que asimilar que lo era. Yo no me podía creer semejante cambio de actitud en aquella chica, me encontraba totalmente asustado.

A todo esto seguíamos bebiendo y ya eran las seis de la mañana, así que decidimos irnos a dormir a una tienda de campaña. Pero Sole no quería dormir en una tienda de campaña, así que convenció a Pedro para que nos llevara de vuelta a la ciudad. Mi amigo Eduardo me decía que no subiera al coche con ellos que tendría problemas, pero yo no hice caso. En cada bar de carretera se paraban a beber, los insultos hacia mi persona seguían arreciando. Yo no podía entender semejante cambio de actitud. Ella me decía que reconociese que era gay. Fue como una pesadilla. Insistía en que le dijera a todo el mundo que yo era maricón. No dejaba de humillarme. Al final trataba de convencer a Pedro de que no me llevaran a la ciudad, de que me dejaran tirado en medio de la carretera. Aquella chica era pura maldad, estaba en contacto con toda la maldad del mundo…Ella me seguía gustando que era lo peor.

–Mariconazo, mariconazo, admite que eres un mariconazo.

La mujer no dejaba de torturarme, yo estaba a cincuenta kilómetros de mi ciudad disfrazado de cura, con una mujer disfrazada de princesa y un hombre disfrazado de monje. Todo era una puta locura. Pedro y Sole se habían parado en algunos bares de carretera a consumir cocaína y alcohol y estaban que se subían por las nubes.

–¿No te pensaras que ahora te vamos a llevar a tu casa, te vamos a poner el pijama y te vamos a dar el besito de buenas noches, verdad?

Yo estaba aterrorizado, pero prefería quedarme tirado a marcharme con aquella gente que acababa de conocer.

–Deja a este pringado en la cuneta, si lo haces me voy contigo al campo y echamos un polvo.

La sugerencia de Sole a Pedro me helo la sangre, yo no dejaba de suplicar.

–¡Pero Sole por qué me haces esto! ¡Yo sólo quería ser tu amigo y mira en qué situación me encuentro!

–Tú lo que eres es un listo que no quiere admitir que es un mariconazo, puto maricón. No me gusta la gente reprimida como tú, anda y que te den por culo desgraciado.

Y luego le cambiaba la cara y añadía:

–¿No quieres darme un beso? Venga, dame un beso. Te dejo que le des un beso a Pedro también.

Llame a mi amigo Eduardo para que pusiera orden pero me aconsejó que saliera de allí lo más rápidamente posible y cogiera un autobús, pues Sole podía acabar agrediéndome. Al parecer ya había tenido problemas con más personas a las que había agredido.

–No te muevas de allí, voy a buscarte. Dime en qué bar estás.

Por fin mi amigo había comprendido que tenía que venir a buscarme. Eran las diez de la mañana y estábamos disfrazados como fantoches en un bar de carretera. Yo no dejaba de mirar el mapa del mundo que había en la pared pensando en la de miles de sitio que existen y en los que me hubiera gustado estar lejos de allí.

Entonces Sole me dijo en cuanto me vio marchar:

–¿A dónde crees que vas, maricón?

Y agarrándome del cuello me dio el mejor beso en los labios que me han dado en toda la vida. Era un beso lleno de amor y de pasión, profundamente erótico. Era un beso de esos de uno entre un millón que revolvió todos mis sentidos. Aquella chica podía ser maravillosa.

–Y ahora vete si quieres—me dijo.

Una parte de mí quería irse, otra quería quedarse. Entonces escuché una bocina en la puerta del bar. Era mi amigo Eduardo que venía a buscarme.

Me alejé de ella sin resentimiento y ella me envolvió con una mirada llena de un profundo amor. Maldije la locura y la droga que destrozan cuerpos y almas. Esa chica era un ser de luz que había equivocado su camino pero yo no podía salvarlo.

Hice todo el camino de regreso a casa sin hablar con mi amigo y presa de una profunda tristeza. Cuando subí las escaleras de mi casa todavía llevaba puesto el disfraz de cura y no había dormido en toda la noche.

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29 Septiembre 2008

VIDA SEPULTADA

VIDA SEPULTADA
 

Vida sepultada

que hundes tu raíz en el descalabro del mundo,

añora las heridas de la gracia pasada,

marchamo del dolor,

ironía pintada,

plataforma macabra.

 

Vida sepultada

muerde con los dientes del odio

la fruta del futuro que nunca ha de llegar

y rebaja tus formas licuosas,

el lino infinito de tus días,

la mugre sempiterna de tu razón.

 

Vida sepultada

arde en la savia de tu extrañeza

con tu llave callosa abremundos.

 

Vida sepultada

congrégame en la rabia

en el ojo del siglo-niño

para siempre jamás.

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19 Septiembre 2008

UN MOMENTO PARA ESTAR MUERTO

Kujuyi existe. En un momento fue una palabra inventada y en otro momento fue una palabra real. Le pedía al Dios del Cosmos la presencia en mi vida de veinteañeras pechugonas que me subieran la energía. Era muy importante para mí que algo me subiera la energía. Entonces salí a la calle y miré a una veinteañera pechugona que llevaba un suéter verde muy ceñido. Sus pechos se bamboleaban dentro del suéter, era un bello espectáculo para un viejo verde como yo. A pesar de tener noventa años conservo una energía sexual muy elevada que me gustaría que siguiera elevándose hasta el infinito. NO TENGO PELO Y CAMINO ENCORVADO puse en un anuncio añadiendo que seguía siendo muy viril. Mi estado mental no me preocupaba, me preocupaba no encontrar pareja dado lo avanzado de mi edad. Caminaba por la calle sin ninguna dirección observando a las jovencitas vestidas como putas, era una lluvia salvífica para mi alma. Me encantaban los juegos de manos de los prestidigitadores de las calles sin coches, Europa estaba en ferias después de la primera guerra mundial y yo era un hombre afortunado que había encontrado un empleo y al que había abandonado la mujer. Por eso podía salir a la calle a mirar a las jovencitas y a entretenerme con ellas. Encontré a una joven que me dijo llamarse Claudia, la seguí todo el paseo. Llevaba una falda muy corta. Cogí un palo y sin que se diera cuenta la fui levantando las falditas, así puede ver sus braguitas blancas ribeteadas, que gran placer. Mi martillo pilón quería vomitar ahí mismo pero no le dejé. Con un poco más de apaño tiré de la goma de sus braguitas con el palo pero la señorita se dio cuenta y se vino hacia mí con intención de cruzarme la cara. Yo le puse una mirada de lobo espectral que la heló la sangre y entonces ella se dio cuenta de que estaba tratando con un auténtico chalado de pelo en pecho. Entonces sonrió, me cogió de la mano y se puso a contarme que su padre le pegaba, que su madre le pegaba y que sus hermanos también le pegaban. Luego me dijo que ella quería que yo la pegase con el palo en las nalgas. La muy ladina me llevó a un parque donde no había nadie, se bajó las bragas y agarrándose las nalgas con las manos me suplicó que le diera una buena tunda: –¡Pero mi niña!—supliqué–¡No le pidas esto a este pobre viejo que ha visto con sus ojos al Kaiser Guillermo! Entonces ella se quedó un poco mohína y tras llamarme maricón me propuso hacerme una paja, cosa que acepté encantado. La señorita tenía unas manitas suaves y calientes, daba gusto verla subir y bajar el aparato. Cuando me corrí lancé un grito tal que casi se me sale la dentadura a pesar de que no es postiza y que he conservado mis piezas toda la vida, pero sucedió así tal era la impresión. Nos lavamos un poco en una fuente cercana y salimos del brazo de paseo. ¡QUÉ ESPECTÁCULO DIMOS! ¡El viejo y la niña! Menuda poca vergüenza que tenía a mis años. Claudia iba a ser la luz de mis ojos, mi montoncito de amor, mi flor de pitiminí. Por desgracia me empujó hacia un antro a altas horas de la noche. –Ahí vas a ver a un montón de guarras—me dijo. Claudia no se equivocó, un sinfín de golfas veinteañeras se contoneaban ligeras de ropa bajo los focos de luces indirectas. Era demasiado para mi pobre corazón, tomé mis pastillas con un trago de agua del servicio y me repuse un poco. Pero mi martillo pilón quería carne fresca de nuevo así que me metí en la pista de baile y comencé a rozar con mi cosa los culitos de aquellas jovencitas, ellas se reían y decían “Mira el viejo que marcha tiene” y yo me reía muy bajito hacia dentro como un ministro de derechas: ji, ji, ji. Estaba más salido que el pico de una plancha, me acerqué a una de esas jóvenes y la abracé con mis brazos. Ella se dejaba hacer, quizás le daba pena o sería que el Dios del Cosmos había escuchado mis oraciones. Empecé a tocarle las tetas, ella estaba algo sudada que todo hay que decirlo. Pero la mozita era muy caliente y afectiva, rocé con mi pulgar sus pezones y se pusieron como zanahorias. Me llevó al servicio de chicas, esperamos a que saliera una pareja y entramos nosotros. Ella se puso sobre el bidé sentada pero luego cambió de idea y se levantó. Se quitó la falda y las bragas y separó las piernas pero como el espacio era muy estrecho no podía metérsela y al final tuve que sodomizarla despacito como el que no quiere la cosa.¡QUÉ ALEGRÍA PARA ESTE POBRE VIEJO QUE HA VISTO AL KAISER GUILLERMO!

Para mi desgracia cuando acabó todo seguí echando mucho de menos a mi mujer, a quién realmente había amado. Las jovencitas no llenaban el dolor de semejante pérdida. ¿Pero acaso no podía disfrutar de la vida?

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16 Septiembre 2008

DISFRUTAR SIN AGOBIOS

Cuanto más interés ponemos en una cosa peor sale, cuando ponemos los cinco sentidos en la consecución de nuestros objetivos lo que esperamos conseguir no llega. El cinturón que llevamos y nos está cómodo hace que no nos preocupemos de si llevamos cinturón, cuando los zapatos no nos aprietan no parece que tengamos que preocuparnos por los zapatos. Cuando nos esforzamos en disfrutar de la vida con toda su intensidad nos estresamos y no podemos disfrutar de ella. Sin embargo cuando dejamos que todo fluya normalmente, sin esfuerzo, las cosas salen bien. Aprendamos a disfrutar de la vida sin agobios, no la programemos. No digamos hoy como es viernes por la tarde escucharé musica romantica de siete a ocho. Cuando planeamos las cosas las cosas no salen bien. Dejemos que se ilumine en nuestro cerebro un punto de luz, escuchemos ese maravilloso clic que llega en el momento apropiado porque permite que fluya en nuestra mente el maestro interior. Se como las olas que suben y bajan, suben y bajan y déjate llevar por esas olas, aprovecha los subidotes y aprovecha los bajones. Actúa en las subidas y medita en las bajadas pero no quieras cambiar el biorritmo de este reloj biológico, permítete sentirte como te tengas que sentir. Y cuando te apetezca escuchar a un cantante romantico como Juan Losada hazlo sin prisas y sin agobios, estate el tiempo que te tengas que estar, pero no programes nada, no vale la pena. Fluye con tu biorritmo, escucha al maestro interior. No digas voy a darme un premio, no hay premios ni castigos. Sólo existe lo que la fuerza de la naturaleza llama Tao, la esencia vital que lo recorre todo, tú eres la hoja: deja que el viento te lleve. Sé como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie. Que te apetece escuchar musica romantica , hazlo. Que te apetece irte de fiesta y es martes y no hay nadie por la calle, hazlo, sé tú tu fiesta. Que son ferias y no te apetece salir, no salgas. Que es carnaval y no quieres disfrazarte, sé tú mismo. Que el cuerpo te pide salir a la calle vestido de dulzainero Ángel Velasco, adelante. Participa del movimiento maravilloso de la vida, pero no fuerces nada. Fluye.

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15 Septiembre 2008

LA MUJER ENEMIGA

LA MUJER ENEMIGA 

 

Su voz sonaba dulcísima, debería tener unos veinte años. Era de mediana estatura, de pelo castaño y ojos azules. Llevaba el pelo recogido en una coleta. Yo tenía que ir a un instituto a preguntar por ella porque estaba estudiando pero tenía que guardarme de ella ya que me perseguía y pretendía hacerme daño. Ignoro por qué quería hacerme daño esa chica, quizás luego se arrepintió de perseguirme. Mi amigo Ignacio también era amigo de ella, ella le conocía a él y por un mal entendido con Ignacio ella me buscaba para hacerme daño a mí. Pero cuando la vi me enamoré inmediatamente de ella. Yo no tenía dinero, había vuelto a vivir con mis padres. Mi hermano pequeño quería cuidar de mí y por eso se fue a ver si podía hablar con esa chica, pero antes de que él la encontrara a ella la encontré yo. La llevaba en brazos por la calle, estaba enamorado. Me miraba en sus ojos azules, escuchaba su dulcísima voz. Luego ella me quitaba los vaqueros desabrochándome el cinturón, me sentía muy excitado. Pero seguía sintiendo que ella era mi enemiga, que podía jugármela en cualquier momento. Pero me había enamorado de ella. Estaba perdido. Estaba feliz de haberme enamorado de ella. 

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13 Septiembre 2008

COMENZAR

COMENZAR
Pasa la vida por la historia, nos suceden cosas y seguimos siendo los mismos pero algo en nosotros cambia. Es impermanente el cambio porque siempre estamos sujetos al mismo. Y lo que deseamos que suceda a veces llega tarde y a veces no llega nunca. No nos bañamos dos veces en el mismo río como dice Heráclito. Todo fluye y nada permanece…¿Qué rescatarías de tu casa si tuvieras que hacer una mudanza para nunca más volver? Sin duda tus discos de música romántica, éstos te acompañaran siempre. Porque ya a los dieciséis años te gustaba la musica romantica , y a los veinte y a los treinta. Dicen que los veinte años son para disfrutar de la vida, los treinta años para aprender lecciones y los cuarenta años para tener lo que se merece. Y tú disfrutaste mucho de la vida a los veinte años escuchando a algún que otro cantante romantico que te encendió el corazón, aprendiste lo que era el amor a los treinta y a los cuarenta aprenderás que lo que tienes es lo que te ha acompañado siempre: un modo romántico de entender la existencia, werteriano, inmaculado. Así que cuando hagas marcha atrás y decidas rescatar de tu vida sólo lo mejor, llévate en la maleta la música de Juan Losada. Ella te acompañara siempre y te dará valor. Quizás sea un nuevo comienzo más deteriorado porque tú ya no tienes las mismas fuerzas pero si conectas el corazón a lo positivo y pones tu mente en paz seguro que podrás alcanzar el nivel energético necesario para enfrentarte a todos los problemas. Fuerza y valor. ¡Arriba los corazones!

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